¡SHHH...!
-¡Shhh… shhh… cortito y despacito Tebi, cortito y despacito. ¡Shhh… Shhh… ¡ – repetía ella como un mantra porque sabía que la repetición de las palabras en diminutivo a él le inflaba, le hervía ambas cabezas y le hacía saltar la leche demasiado rápido – ¡Shhh… Shhh… no gimas tan caliente amor, así tampoco gimo yo, porque me contagias y no quiero que tu mujer nos escuche. ¡Shhh… shhh… cortito y despacito ¡Shhh… shhh…! - Siguió ella hasta que él le tapó la boca con la mano, porque cualquier cosa que dijera Mecha siempre le gustaba mucho y no deseaba descargarse tan rápido dentro de la mucama. -¡Shhh… shhh… – repetía ella -¡Shhh… shhh! – respondía él En el pasillo donde daban las puertas de los cuartos y los baños, y a escasos veinte centímetros de la entrada de la habitación matrimonial donde dormía plácidamente la esposa de Tebi, quien ignoraba por completo los encuentros nocturnos entre su esposo y la mucama recomendada por su suegra, fornicaban en la oscurida...