COPITOS DE COCO ©
En medio de la tarde, en plena siesta, cuando el sol rajaba la tierra pero debajo de las ramas donde se podía estar a gusto, puso la silla de madera y se sentó con dificultar con nada más puesto que un short y unas chancletas de goma viejas que había comprado en el ochenta y dos. Después de exhalar con dificultad por el esfuerzo que le causó bajar el culo a la sentadera y con un codo apoyado en la mesita, Don Juan se palmeó los cuádriceps para invitar a la jovencita recién llegada a que se sentara en su falda y para que juntos formaran una especie de hashtag de piernas cruzadas. Ella de costado rodeándole el cuello con un brazo, apoyándole su frente contra una de las mejillas; él, abrazándole la espalda a ella para que no se fuera para atrás y estuviese cómoda mientras con la otra mano le rozaba los piquitos puntudos de unas tetas pequeñas que parecían haber detenido su crecimiento en la pubertad de lo chiquitas que eran. Algo como dos copitos de coco...