TARRITO DE MIEL I ©
Cuando sus ganas aumentaban lo expresaba con la velocidad de su cadera empujándose frenético contra Mabel, la mujer inerte y muda, que se le resbalaba de las manos, porque ella no contaba con la capacidad de frenarlo o pegarse a él, como si podía hacerlo Lucio contra su espalda. Para que no se alejara tanto, la sostuvo de los codos con los dedos pegajosos por la miel, haciendo que el plástico de los brazos se hundiera y trasladara el aire atrapado en esa zona hacia otra parte del interior de su amada. El mismo chirrido que hacen los inflables calientes en verano, cuando se los olvida adentro de la piscina y se los sostiene con los dedos en garra para sacarlos del agua. El crujido sintético que emitía el cuello de ella cuando él la sostenía de la nuca con los dientes apretados, pero con la astucia suficiente de no perforarla con los colmillos para que no se le desinflara y terminara tirada con las facciones deformes, y la fisonomía ach...