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TARRITO DE MIEL I ©

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      Cuando sus ganas aumentaban lo expresaba con la velocidad de su cadera empujándose frenético contra Mabel, la mujer inerte y muda, que se le resbalaba de las manos, porque ella no contaba con la capacidad de frenarlo o pegarse a él, como si podía hacerlo Lucio contra su espalda. Para que no se alejara tanto, la sostuvo de los codos con los dedos pegajosos por la miel, haciendo que  el plástico de los brazos se hundiera y trasladara el aire atrapado en esa zona hacia otra parte del interior de su amada.  El mismo chirrido que hacen los inflables calientes en verano, cuando se los olvida adentro de la piscina y se los sostiene con los dedos en garra para sacarlos del agua.  El  crujido sintético que emitía el cuello de ella cuando él la sostenía de la nuca con los dientes  apretados, pero con la astucia suficiente de no perforarla con los colmillos para que no se le desinflara y terminara tirada con las facciones deformes, y la fisonomía ach...

¡SHHH...!

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  -¡Shhh… shhh… cortito y despacito Tebi, cortito y despacito. ¡Shhh… Shhh… ¡ – repetía ella como un mantra porque sabía que la repetición de las palabras en diminutivo a él le inflaba, le hervía   ambas cabezas y le hacía saltar la leche demasiado rápido – ¡Shhh… Shhh… no gimas tan caliente amor, así tampoco   gimo yo, porque me contagias y no quiero que tu mujer nos escuche. ¡Shhh… shhh… cortito y despacito ¡Shhh… shhh…! - Siguió ella hasta que él le tapó la boca con la mano, porque cualquier cosa que dijera Mecha siempre le gustaba mucho y no deseaba descargarse tan rápido dentro de la mucama. -¡Shhh… shhh… – repetía ella -¡Shhh… shhh! – respondía él En el pasillo donde daban las puertas de los cuartos y los baños, y a escasos veinte centímetros de la entrada de la habitación matrimonial donde dormía plácidamente la esposa de Tebi, quien ignoraba por completo los encuentros nocturnos entre su esposo y la mucama recomendada por su suegra, fornicaban en la oscurida...

MANTEQUITA © (BDSM)

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    Apiló dos almohadas en el centro de la cama como simulando un cuerpo más que nos acompañaba y me ordenó que   me acostara boca abajo sobre los cojines mullidos. El apoyar las tetas me alivió inmediatamente el dolor de espalda   con el que convivo desde los trece años por la fuerza que ejercen los 1200 milímetros   de delantera y que me encorvan la pose hacia adelante cuando no presto atención a cómo coloco los hombros.    Se arrimó por detrás y lejos de montarme como pensé que lo haría, dada mi pose de perrito esponjoso, se recostó   sobre   mi espalda con cariño y me dijo al oído cosas dulces que decidí creer de momento, al menos por ese rato en el que jugábamos a que éramos   una   de esas parejas que se juran amor eterno, algo momentáneo y parecido a las comuniones raras que pactan las personas monógamas que confían ciegamente el uno en el otro.   Olvidamos por una hora   a su esposa y el   inminente amorío que...

MANTEQUITA

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  En breve nuevo relato, escuchá un poquito...    ESCUCHÁ EL FRAGMENTO ↓ Historia de BDSM. Con la mantequita empezamos, seguimos con el látigo y.. .

ISLA DE HOMBRES - Mi segunda AUDIONOVELA

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ADQUIRÍ MI SEGUNDA AUDIONOVELA ERÓTICA "ISLA DE HOMBRES" contactándome:       @JuditPaprika43   (TELEGRAM) relatospicantes_judit     (INSTAGRAM)  spictales@gmail.com       (MAIL) @PicantesRelatos    (Twitter)  UNA MUJER Y 50 HOMBRES SOLOS EN UNA ISLA .... de eso se trata mi fantasía y mi segunda novela.

Entrevista del 22/2 que me hizo FM TARADELL de España

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Si la entrevista no funciona, salir de la publicación y volver a entrar.  

LIMPIEZA GENERAL II ©

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Esa mañana, a diferencia de otras mañanas, en el momento que Esteban y su mucama compartían solos algunas horas en la casa, en el que  él acostumbraba a cambiar su rol de patrón a  sirviente de su empleada, compadeciendo ambos en que él haría el trabajo de ella a cambio de atenciones íntimas, Mercedes no lo esperó en la cama de los padres como de costumbre, desnuda con el pelo suelto y los brazos extendidos sobre los cojines, sino que muda, le dejó la taza de café negro sobre la mesa y volvió a la mesada para servirse uno ella también y luego sentarse a su lado, con la particularidad de que,  para revolver el azúcar, tomó una cuchara sopera que apenas cabía en la boca del posillo y que tenía un mango enorme de plástico blanco y redondeado, casi más ancho que el dedo pulgar de Esteban. Cuando ella sacó la cuchara del café chupó la parte metálica para que las gotas sobrantes no mancharan el mantel blanco  y mientras sorbía su desayuno, no soltaba el mango, sino que l...