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EL VIEJO MARIO ©

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Al iniciar la adolescencia Judit había descubierto que el viejo  de enfrente de su casa, el que estaba loco de remate afectado por la Segunda Guerra Mundial y que había emigrado a la Argentina en busca de una vida más tranquila de la que le había deparado su pasado en Italia, cada inicio de la tarde salía a la vereda, se paraba junto al arbolito de la  entrada, bajaba la vista hacia su entrepierna, sacaba por la bragueta la verga flácida  y la estrangulaba de una forma extraña y poco cariñosa, seguro de que los habitantes de la cuadra no lo verían porque  pernoctaban la siesta de un espeso verano que no les dejaba hacer mucho, sino hasta después de que el sol bajase un poco.       Cuando Mario sentía que la tenía bien parada al punto tal que la cabeza le asomaba por completo dejando atrás el cuero que revestía el tronco, empezaba a sacudirse cortito y frenético mientras levantaba la vista al cielo balbuceando palabras inteligibles, tal vez hablando con...

SACAPELUSAS ©

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  Luego de que pulsara el botón de on azul claro y de que él escuchara a lo lejos el chirrido mecánico del sacapelusas que  sonaba muy parecido al vibrador que alguna vez habíamos compartido en la intimidad, como buen chusma, caminó ligero hasta la pieza para averiguar qué era lo que yo estaba haciendo. Más que por el deseo, su curiosidad era alimentada por una necesidad voraz de control y de saberlo todo, porque en su cabeza hosca y primitiva,  no concebía que yo pudiera darme placer sin su presencia.  El sexo para él era con pene sí o sí o no era sexo   <<No entiendo cómo las minas pueden quedar satisfechas sin una pija ¿No les falta un buen “zodape”?>>  o <<Porque no probaron “ésta”, sabés cómo se les quita lo de tortitas a esas>>   Eran algunas de las frases que me había dicho en la última salida a la birrería que tuvimos, mientras yo lo miraba horrorizada de descubrir ese otro costado nuevo y  desagradable de su pe...

NARANJA ©

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  Subía su puntita húmeda por el lado izquierdo y luego por el derecho intercalando las caricias a un ritmo mesurado, aprovechando, en cada cambio de lateral, a pasar la nariz bien cerca de mis pliegues; tan cerca la pasaba que hasta podía sentir cómo la rosaba sin querer, pero tal vez queriendo, por mi  centro apartándome los labios internos hacia los costados. Entendí que en ese trayecto, también aprovechaba para expectorarse aspirando fuerte todo el vapor que yo largaba   La puntita seguía por un lado y por el otro con paciencia y dedicación haciendo, con esa parsimonia, que el interruptor de mis gemidos se pusiera particularmente alerta, mucho más que al principio de las lamidas. El centro de mi parte baja deseaba,    como el resto de mis otras partes del cuerpo, recibir las mismas caricias que la lengua le propinaba a los labios.  <<Un beso lleno, bien abierto ¡Por favor!>>  pero nada. Todo lo hacía por la tangente y cuanto más me enfo...

TARRITO DE MIEL I ©

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      Cuando sus ganas aumentaban lo expresaba con la velocidad de su cadera empujándose frenético contra Mabel, la mujer inerte y muda, que se le resbalaba de las manos, porque ella no contaba con la capacidad de frenarlo o pegarse a él, como si podía hacerlo Lucio contra su espalda. Para que no se alejara tanto, la sostuvo de los codos con los dedos pegajosos por la miel, haciendo que  el plástico de los brazos se hundiera y trasladara el aire atrapado en esa zona hacia otra parte del interior de su amada.  El mismo chirrido que hacen los inflables calientes en verano, cuando se los olvida adentro de la piscina y se los sostiene con los dedos en garra para sacarlos del agua.  El  crujido sintético que emitía el cuello de ella cuando él la sostenía de la nuca con los dientes  apretados, pero con la astucia suficiente de no perforarla con los colmillos para que no se le desinflara y terminara tirada con las facciones deformes, y la fisonomía ach...

¡SHHH...!

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  -¡Shhh… shhh… cortito y despacito Tebi, cortito y despacito. ¡Shhh… Shhh… ¡ – repetía ella como un mantra porque sabía que la repetición de las palabras en diminutivo a él le inflaba, le hervía   ambas cabezas y le hacía saltar la leche demasiado rápido – ¡Shhh… Shhh… no gimas tan caliente amor, así tampoco   gimo yo, porque me contagias y no quiero que tu mujer nos escuche. ¡Shhh… shhh… cortito y despacito ¡Shhh… shhh…! - Siguió ella hasta que él le tapó la boca con la mano, porque cualquier cosa que dijera Mecha siempre le gustaba mucho y no deseaba descargarse tan rápido dentro de la mucama. -¡Shhh… shhh… – repetía ella -¡Shhh… shhh! – respondía él En el pasillo donde daban las puertas de los cuartos y los baños, y a escasos veinte centímetros de la entrada de la habitación matrimonial donde dormía plácidamente la esposa de Tebi, quien ignoraba por completo los encuentros nocturnos entre su esposo y la mucama recomendada por su suegra, fornicaban en la oscurida...

MANTEQUITA © (BDSM)

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    Apiló dos almohadas en el centro de la cama como simulando un cuerpo más que nos acompañaba y me ordenó que   me acostara boca abajo sobre los cojines mullidos. El apoyar las tetas me alivió inmediatamente el dolor de espalda   con el que convivo desde los trece años por la fuerza que ejercen los 1200 milímetros   de delantera y que me encorvan la pose hacia adelante cuando no presto atención a cómo coloco los hombros.    Se arrimó por detrás y lejos de montarme como pensé que lo haría, dada mi pose de perrito esponjoso, se recostó   sobre   mi espalda con cariño y me dijo al oído cosas dulces que decidí creer de momento, al menos por ese rato en el que jugábamos a que éramos   una   de esas parejas que se juran amor eterno, algo momentáneo y parecido a las comuniones raras que pactan las personas monógamas que confían ciegamente el uno en el otro.   Olvidamos por una hora   a su esposa y el   inminente amorío que...