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LETICIA ¿ME DAS EL TERCERO? © 🌈

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Cuando acabo sola lo hago de la siguiente manera: el primero me lo causo moviendo suave la yema del   dedo sobre el clítoris. Si está seco debo humedecerlo. Sería imposible lograr un orgasmo con dolor. Mayormente uso el índice, lo bajo hasta la puerta de la vagina, lo hundo, lo saco empapado   y vuelvo a subirlo para   masajear apenas más arriba.   Cuando estoy por venirme se me agranda el clítoris o se abulta de alguna manera, parece más suave que al inicio.   No tengo que apretar mucho, es como un movimiento acelerado pero superficial, acaricio ligero la piel que cubre el meato sin presionar demasiado. Al acabar un calambre dulce que nace desde el cenit mismo de la entrepierna invade como un tsunami de cosquillas la pelvis, las piernas, el resto del cuerpo.   Arranca de forma ascendente hasta que estalla, pero apenas inicia debo retirar el dedo y dejar que funcione solo. Si lo dejo de más puedo llegar a cortarlo y no alcanzaría al clímax, o sea, el mome...

MANDIOCA DURA ©

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  Viajaba en tren por el interior del país en una parte donde los trenes son diferentes a los de capital. Compartimentos con puerta, adentro dos asientos junto a la ventana enfrentados para cuatro personas, más arriba esos estantes metálicos   para las maletas de mano, un espacio o hall para las valijas grandes entre la puerta y las butacas. Ocupaba yo entonces un habitáculo sola mirando el paisaje que pasaba rápido ante mis ojos. En la base del vidrio un dintel que me permitía apoyar el codo. Crucé media ciudad   con la mano bajo la mandíbula, pensando en esas cosas que se piensan cuando se viaja << ¿Quién podría vivir en un lugar tan alejado?, ¿Cómo es que puede haber una casa en medio de la nada?, ¿Aguantaría yo viviendo en un lugar así? ¡Nah! Creo que no; o sí, quién sabe.  Subí cuando   todavía entraba el sol,   pero no me daba a mí sino que refractaba en la cabecera   del asiento de enfrente. Cuando empezó a oscurecer, hice un bollo con mi ...

COLITA PERSA ©

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Siempre que volvía de viaje dejaba las valijas junto a la puerta, se sacaba los zapatos, enfilaba a nuestro cuarto para darse una ducha y luego tirarse en la cama a esperar la bienvenida. Al llegar las vi sobre la alfombra de entrada y comprendí que no estaba sola, así que caminé por el pasillo con una lentitud contenida, porque mi cuerpo deseaba correr a su encuentro, sin embargo disfruté el letargo de reprimir el deseo.   No quemar todas las cerillas juntas, había escrito   Esquivel, porque de hacerlo podría incendiarme.    Me até el pelo antes de entrar, una colita bien alta y tirante que los agrupara en un solo mechón indoloro, como la cincha que se usa para controlar a una yegua desbocada. Lo vi tirado en la cama con la sabana sobre su pelvis y sin saludarlo, simulando indiferencia, mal actuada indiferencia, comencé a sacarme la ropa mientras lo miraba a los ojos.   Algún estímulo le causó mi entrada porque para cuando quedé en sostén y calzón, metió la man...

SERVIDA POR JOHANN ©

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  Cuando vivía en el campo en una oportunidad tuve que llevar a servir a Mariposa,  una yegua que me habían regalado para mi cumpleaños 25. No tenía idea de que se trataba “servir una yegua” solo sé que el dueño del padrillo nos había cobrado muchos dólares, por eso quedé estupefacta cuando me comunicaron el precio por teléfono. Pensé << ¿Tanta plata? Espero que la cría salga hermosa. >> Sentía algo de remordimiento la embarazaran así, “servirla” ¿qué implicaba eso? hubiese preferido que ella eligiese con quien hacerlo, pero ante la insistencia de mi esposo, ahora ex esposo, gracias a dios,  no puse resistencia.  Caminé el kilómetro y medio hacia Die Fholen la estancia del alemán devenido en estanciero argentino dueño del semental en cuestión, que según mi marido aseguraba era exclusivo por su especie. Apenas llegué me recibió Jhoann que en un castellano torcidísimo me hizo entender que la llevara adentro del palenque; ¡Uff! otros trescientos metro...