EL MEJOR DESAYUNO ©
Parado junto a la puerta, con el mate en la mano, masticando algo y mirándome con ojos sospechosos dijo en un tono de mierda:
-¿Vas a querer mate? Ya hice unas tostadas
-¿Por qué no me llamaste apenas despertaste? - le pregunté.
-Estabas durmiendo - respondió indiferente.
-Y sí, pero te pedí que me despertaras. ¡Sos malo eh! No querés darme “tú” desayuno - agregué enojada.
-No soy malo. Solo que no me gustó lo que hiciste - dijo frunciendo el entrecejo.
-Está bien. Tranqui no lo voy a hacer más, pero es que cuando amaneces estas tan…tan...
-Si lo sé. Pero no me gusta
- Ok. Perdona… necesito saber por qué.
-Porque quiero saber siempre qué haces.
-Pero supiste ¿o no?
-Pero quiero saberlo antes, todo y siempre ¿Estamos? – y se retiró a la cocina.
Era evidente que no soportaba no tener el control.
La madrugada anterior me había levantado para hacer pipí y cuando volví del baño noté el bulto que hacía debajo de la sábana, así que me escurrí por la cama para mirarla más de cerca. No sé que me causaba que durmiera mientras erectaba. Me divertía lascivamente saber que su cuerpo descansando se dividía en dos tareas simultaneas e independientes: de la cintura para abajo, todo dureza y calor; para arriba, puro ronquido. Bajé un poco hasta quedar a la altura de su cadera y esperé a ver si con ese movimiento lo había despertado. Pasa muchas veces que uno está profundamente dormido pero si algo fuera de lo común sucede a nuestro alrededor abrimos los ojos al instante, porque la mente siempre está alerta, al menos la de él,
Apoyé el codo sobre el colchón para retozar la cabeza sobre la mano y con la otra levanté apenas el elástico de su bóxer para verla entera. ¿Cómo haría para bajárselo con el culo aprisionando la cama? No quería que él se despertara. Pensé unos instantes sobre eso con el elástico entre los dedos, pero sin querer se me zafó y dio contra en la mitad del tronco dejando parte de la verga afuera. Muda, quieta, esperé y seguí mirando. ¡Dios mío! ¡Qué rica se veía! Me hipnotizaba con el único ojo de la cabeza coronada por el cuero rosado que bajé apenas para apoyar mi índice sobre el frenillo. Lo acaricié suave, entonces la cabeza se estiró un poco más hasta quedar totalmente liberada. Saqué el dedo y esperé otra vez. Era como una disociación física, porque él no dejó de roncar a pesar del golpe del elástico, pero su pija estaba completamente despabilada.
Volví a apoyar el dedo y por el ojito de la uretra se asomó una gota gorda, transparente y pegajosa que aplasté suave con la yema para luego desparramarla por toda la cabeza haciendo círculos lentos. Silencio en el cuarto <<<Ptm. Dejó de roncar>>> aparté el índice apenas y me quedé dura, de incógnito como bandida en la noche. Tenía tiempo, eran las 4:15 y él no se levantaría hasta las 9 así que aparté el brazo rápido casi sin mover la sabana. De la cabeza a mi dedo se había formado un hilito de baba que decayó lentamente hasta cortarse. Parecía huevo crudo.
Tengo algo que me delata y que pocos saben. Si alguien o una situación me genera hambre o deseo los labios de la cara se hinchan, se afiebran y laten tanto que suelo meterlos hacia adentro como diciendo la letra “m” y los muerdo apenas para que no se noten. Me ha pasado más de una vez que una sutil caricia me deja como resultado una soberana boca de pato; como cuando La Quinichi, una compañera de oficina, me pasó su mano por la espalda a la altura de la cintura para correrme suavecito diciendo <<Permiso linda>> Nadie en la oficina se percató de su gesto, pero la mínima cosquilla de ese sencillo roce peregrinó hasta la nuca para depositarse luego en la boca, de pato, de pez, de sopapa... ¿Qué conexión había entre mi dorso y los labios? ¿Cómo era posible que una simple gota de preseminal pendiendo de la pija que miraba hacia el dedo me otrorgara fuego al hocico? Creo que eso despierta una necesidad oral relegada que necesito saciar de inmediato. Cuando la Quinichi, o Paula, para los que la conocíamos, se abrió paso corriéndome de esa forma tuve que ir a la cocina porque necesité comer algo.
Sobre la rejilla pelada de la heladera chiquita, que no contaba más que con un queso crema y un tarro de leche condensada para cortar el café de mi jefe, había una naranja medio vieja y fría, esperándome. Corté una delgada tapita y chupe con gula su jugo. Cerré los ojos aprovechando que no me acompañaba nadie en ese ambiente y la apreté hasta dejar el hollejo cristalizado. Con la boca de la fruta en mi boca estiré apenas la lengua para escarbarla un poco, pero abandoné esa tarea de inmediato porque necesitaba sosegarme, no estimularme más de lo que ya estaba. Sin comer el resto la tiré, lavé mis labios con agua fría, pero se veían peor que antes así que volví a mi escritorio mordiéndolos en “m”, apretándolos fuerte, hasta que se deshincharan y despejara la mente con otras tareas. Hubiese sido ideal pasarme un cubito de hielo, pero no fue posible entonces.
Volvió a roncar. Acerqué el dedo húmedo y me pinté los labios. Su preseminal era dulce y viscoso. Cuando estuve segura de que se escurría otra vez en los brazos de Morfeo, arrimé la cara y lamí el agujerito con la punta de la lengua. Salía más, cada vez más néctar cristalino; más moquito, como me gusta decirle.
De a poco fui apoyando los labios abriéndolos como un pez, como si repitiera el gesto de decir las letras “ o, u, o, u…” cubriendo la cabeza, pero sosteniendo la sed de tragarla toda. Escuché un suspiro desvelado, una mano por sobre la sábana que se apoyó en mi nuca y empujó pidiendo que comiera más que eso.
-¿Qué estás haciendo? – dijo con la voz pastosa sin poder despegar los ojos.
No contesté porque a esa altura mi boca estaba ocupada por completo. Tampoco usé las manos por largo rato, solo comí como si fuese la última oportunidad de mi vida que tenía de chuparla, sin saber, claro, que efectivamente no me dejaría hacerlo nunca más. Seguí desaforada hasta que cinco chorros pegaron contra mi garganta con la misma celeridad que las aguas saltan bailando el bolero de Ravel en la fuente de los dos congresos. La última fue con menos intensidad y tragué. Tragué todo sin dejar rastro alguno. Después subí y le di un beso en la comisura de la boca sin darme cuenta de su cara de asombro. Giré, le di la espalda, apoyé la cabeza sobre la almohada con una semisonrisa dibujada, me abrazó por detrás y me preguntó si estaba loca, que como iba a hacer eso y le dije:
-Nada, es que quería mi desayuno.- luego me dormí.

Rico
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BorrarQue rica historia, debo admitir que me calenté bastante.
ResponderBorrarun buen desayuno
BorrarJjjj muy sensacional, muy sensual, y gustoso desayuno....que dichoso
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Borrarque hermoso relato, que rico el desayuno que tuviste.. que bien relatado.. me encantanria que me desayunaras mi amor
ResponderBorrarLo q más quisiera yo es que me pidieran ese desayuno como te lo serviste tu mami
ResponderBorrar👅💋👅💋
BorrarMmmm me encanta imaginar esa boca tan hambrienta ;)
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BorrarUff, que buen relató, así si quiero también darte desayunos
ResponderBorrarRico 👅👅👅
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