¡EY CHE! A VOS TE ESTOY HABLANDO. ©
Sí, sí a vos.
A vos que en aquel blog o en el otro chat te tiré suave del mentón y te acaricié la barba para susurrarte al oído “Dicen que a los que leen mis relatos les salta la lechita”, atrayéndote de la misma manera que las sirenas le cantaban a los soldados de la tripulación de Ulises melodías dulces con sus voces frescas y las tetas al aire para luego comérselos. A vos que viniste en busca de mi consuelo a pesar de la distancia y del anonimato. A vos el que me pediste el skype, el whatsapp, la dirección de mi casa, la de mi abuelita, que me preguntaste una y otra vez a cuantas cuadras vivía de la estación de Quilmes para arreglar un encuentro.
A vos te hablo, si, si a vos que estás leyendo esto. El que quiere que se la chupe, se la muerda, la trague, le tome la leche hasta dar arcadas; el que desea que le lama la cabeza haciendo círculos con el preseminal y lengua. A vos, el que desea ser parte de mi “Isla de hombres” para abrirme el culito con el dedo de fuck you. A vos el que me querés follar, tirar, cachar pisar y coger y que me pedís fotos de mi chocho, panocha, cuca sin saber que me cuesta entender que te estás refiriendo a mi concha.
A vos que no sabés que te leo y respondo caliente apoyando la entrepierna fuerte contra el almohadón azul y que a veces la friego moviéndome apenas cuando lo que me mostrás o decís me hace latir los ovarios y el culo. A vos que tampoco sabés que mantenerme célibe hace que tenga orgasmos espontáneos mientras duermo. A vos, que hasta ahora, no sabías, que al tocarme no aguanto ni un minuto porque la abstinencia del aislamiento me aceleró el cuerpo y aumentó mis ganas y que con solo apoyar el índice sobre la piel que cubre el clítoris acabo antes de terminar de decir “Pablito clavó un clavito ¿Qué clavito me clavó Pablito?” .
A vos que luego te acaricié el hombro, te tomé de la mano y te conduje flotando hasta acá para corromperte con mis groserías y hacer que te pajearas frente a la pantalla. A vos que estás en soledad pero conmigo, porque sabés que acá estoy yo, la más puta de las putas recibiéndote gustosa, la que lleva con orgullo una enorme letra A escarlata en la frente, la que ahora conoces, en parte, porque no soy yo en carne, ni en piel, ni en besos sino en palabras. A vos que te enojas porque no te respondo un mail, ni hago relatos con tu nombre, pero que te conformas con un breve audio que grabé ardiendo de ganas.
A vos que te tengo en el Skype o en hangouts y casi ni te hablo y que me mandas fotos y videos escupiendo leche sobre la cerámica de tu baño de tanto sacudirte repitiendo mi nombre. A vos que mientras te veo me pienso de rodillas frente a tu verga rogando me des “mi leche, porque tengo sed” ; la reclamo porque yo te la paré y por eso me pertenece.
A vos que sabes que no me queda otra cosa que jugar con las palabras como lo haría con vos en la cama metiéndote, metiéndome, metiéndonos por atrás, por adelante, en mi cara, entre mis tetas, porque deseo morderte, atraparte con las piernas, agarrarte del culo y empujarte para que no salgas de adentro mío.
A vos que no sabés que me sonrojo como una estúpida cuando me felicitas porque te gusta como escribo sin que sepas, que hasta hace poco días yo pensaba que no podía escribir más de dos palabras coherentes y que ahora las ideas fluyen culpa de la calentura; salen como una catarata de ganas eyaculando oraciones sucias, puercas muy sucias.
A vos que me hace agachar la mirada cuando me mandás cosas como:
"Nada más interesante que leer a una mujer
Nada más placentero que vivir sus deseos.
Nada más sexy que una mujer que deja que su imaginación guíe sus letras y que el pudor quede en segundo plano."
A vos que no sabés que la historia dice que Judit fue la mujer que liberó al pueblo judío de las garras de Herodes sentándose sobre la verga del general Holofernes, a quien cabalgó frenética moviendo las caderas con furia hasta embriagarle la razón para luego cortarle la cabeza y salir tranquila de la habitación, llevándose la sesera peluda entre sus dedos como trofeo.
A vos, el que me siguió como un perrito en celo porque te diste cuenta que yo tu perrita en celo también te tengo ganas y que como terapia escribo estos cochinos relatos para canalizar la calentura, porque nada me conforma más, a esta altura del aislamiento, que saberte caliente de leerme.
A vos te cuento que hace tres días, sentada en el bidet, dejando que el chorrito de agua tibia golpeara entre mis labios, mientras me movía en círculos para que también impactara contra el inicio de la vagina y la vulva, te imaginé entrar por la puerta del patio hacia mi cocina, pararte detrás mío viéndome amasar un bollo de pizza, teniendo el culo al aire custodiado a los lados por los bordes del delantal que no llegaban a cubrirlo del todo. Que en el ir y venir de estirar la masa para adelante mis cachetes se abrían apenas atrapando sin querer la tira más larga del moño que me coronaba el traste y que mirabas atento, mirabas mientras te apretabas la pija por sobre el pantalón.
Que luego tomabas el aceite más barato, el más rasca, no el oliva virgen que es para otros menesteres menos vulgares que nuestros deseos, sino el Marolio de trigo decantado con toda la borrasca y las sobras de otros aceites que ni crudos son tolerables y te tirabas un chorro embadurnándote la palma y los dedos, y que luego, con la mano limpia bajabas apenas la bragueta para sacar tu verga ganchuda, gruesa, fina, enorme, chiquita. Todas las vergas en tu verga.
Corrías la tira del delantal del centro de mi culo, luego sumergías la mano empapada entre los cachetes y con el dedo mayor comenzabas a masajearme la puerta del ano en círculos para aflojarme el cuerito tenso, mientras con la otra me empujabas suave y lento de la nuca hacia adelante, hasta recostarme sobre la mesada, haciéndome aplastar la masa con las tetas. Arrimabas el glande, lo empujabas sin piedad y cuando me oías rugir de dolor, estirabas la mano para alcanzarme la esponja mojada de lavar los platos para que mordiera y así amortiguara el desgarro con los dientes.
La cabeza fue lo que más costó, por eso esperaste unos segundo a que se diluyera el dolor como se espera pase el fastidio de golpearse el dedo chiquito contra la puerta, con los puños y los ojos estrujados, solo que esta vez sin maldecir a ninguna hermana, ni madre, ni a ninguna concha de ninguna lora; pero la paciencia no era tu fuerte y tampoco esperaste tanto, así que resbalaste el resto del tronco hasta el fondo, hasta que tus huevos hicieron tope y no te dejaron entrar más. Luego quietud y paraíso.
Ibas por mi tracto fregándome desde adentro con tu mástil seguro y firme provocando que reemplazara la esponja por tu mano aceitada que chupaba deseosa, mientras te acelerabas colérico y bestial. Y decías las palabras más puercas, las más sucias, las mas berretas, tan baratas como el aceite que usaste para untarte el choto y atornillarte rabioso a mí culo. Luego salías salpicando leche, dejando en el suelo, entre mis pies, un charco de aceite y semen. De mi culo brotaba un licor blanquecino que me mojaba los labios, los pelitos y se escurría por las piernas.
Tomabas el repasador de la cocina para limpiarte, te reclinabas para besarme una nalga y antes de retirarte me observabas como seguía recostada abrazando la masa. Mientras salías, me enderezaba con el culo roto, que por primera vez había probado varón y seguía cocinando como si nada hubiese pasado, porque para nosotros asaltarnos de improviso era parte de lo cotidiano.
Por eso te digo a vos, si, si a vos, el que se enoja porque no subo fotos “calientes” o no te contesto cuando se te antoja ¡¡¡Te calmás!!!, porque al menos en mis pensamientos me diste lo que ningún otro pudo, ser el primero en darme por atrás y que si te tuviera enfrente te calmaría a cachetadas y besos, pero bueno… no puedo.
By Judit Páprika
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Es increíble lo que generas solamente con palabras. Encantado de leerte y de pajearme leyendote. Un saludo!
ResponderBorrarMis energías fueron robadas, estoy feliz y ahora deseo soñar con tu figura todas mis noches
ResponderBorrar💋💋💋💋💋💋
BorrarSiempre espero paciente tu respuesta, gracias por tanto eres lo máximo
ResponderBorrarLindo 😘😘😘
BorrarAmo tu blog, bella, eres perfecta en esto del relato
ResponderBorrarGracias lindo 😘
BorrarMe encanto gracias por hacerme acabar tanto que me tembló el cuerpo
ResponderBorrar💋
BorrarExcelente, una maravilla Judith!! La facilidad que tenes para poner las palabras justas y provocarle una erección a uno.... Gracias por tus relatos tan calientes 🔥🔥🔥😉
ResponderBorrarIncreíble Judit. Tus escritos me provocan una erección tras otra, una calentura tras otra, una paja (cada vez con más vicio, más cerda...) tras otra...
ResponderBorrarOhh cómo me gustaría presenciar eso 💋💋💋💋
ResponderBorrarAcá la continuación que hizo un fiel seguidor que me vuelve loca y que releo cuando tengo ganitas de...:
ResponderBorrarY fue así que acepté tu generosa invitación a compartir tus pizzas, que nos hiciste a cinco de tus más fervientes seguidores. Yo mismo tenía ciertos reparos porque en realidad ninguno de nosotros nos conocíamos entre sí. Éramos apenas nombres ficticios… Por eso tomé mis recaudos y me fui a la zona mucho más temprano de la hora convenida para echarle una mirada al barrio y a tu casa. Así fue que llegué a la dirección que nos diste. Vi una casa algo antigua con un zaguán, extrañamente la puerta estaba abierta. Me llamó la atención pero la curiosidad pudo más y me aventuré hacia adentro… La puerta cancel estaba cerrada pero sin llave. La abrí con no mucho sigilo y entré… Escuché algunos ruidos adentro y así fue como encontré la cocina… Y ahí estabas vos… Sí; sabía que eras vos y no era ni tu mucama ni tu cocinera, no podía ser otra… Te vi… Estabas vestida con tu primoroso delantal de cocina, era tu única prenda. Era de colores vivos y el moño que lo ceñía caía desprejuiciadamente entre tus nalgas, hermosas, broceadas y redondas.
(2)
ResponderBorrarEstabas abocada a amasar el bollo que más tarde se convertiría en las prometidas pizzas. La zamarreabas, la golpeabas contra la mesada, la estirabas con los puños y la volvías a unir en un bollo redondo y maleable. Tu cuerpo acompañaba el movimiento de tus brazos y el impúdico moño del delantal te acariciaba las nalguitas… Sabías bien que yo estaba allí… No podías haber ignorado mi presencia, oíste mis discretos ruidos al entrar de la calle. Sabías que te estaba contemplando. Que veía tu cuerpo sensual, tu culo perfecto, tus brazos esforzados en el trabajo de la masa. No te diste vuelta. Vos también querías ignorar quién era el que te observaba, quién era el que se calentaba con tu desnudez. Entonces me bajé el cierre del pantalón y mi verga erecta asomó rápidamente. Me acerqué lentamente y te abracé. Primero suave para hacerte sentir la caricia de mis manos en tus brazos y luego más fuerte apretando mi verga contra tu culo, la que quedo retenida entre tus nalgas…Sentí tu cuerpo tibio y algo sudado por el esfuerzo físico del amasado..
(3)
ResponderBorrarSentí tu respiración rápida y algún leve jadeo salió de tu garganta. No te diste vuelta. No querías verme. Te quedaste con la imagen interior de tus sueños. Preferiste imaginar y sentir, en lugar de ver, imaginarme como un representante de todos tus seguidores… Y te abracé con fuerza, mordí tu cuello y tus orejas, sumergí mi nariz en tu pelo para sentir tu aroma, te pasé la lengua y note entonces el cosquilleo molesto del moño de tu delantal interpuesto entre mi verga y tu culito. Pequé un tirón a una de sus puntas y el moño desapareció de inmediato. Retiré por arriba de tu cabeza el delantal que quedó tirado por el suelo.
(4)
ResponderBorrarEntonces tú decidiste dar por terminado amasado… Tomaste un repasador y tapaste el redondo bollo para que por su cuenta siga el proceso de levado. Ya la masa por un rato podía seguir sola, sin tu presencia... Entonces con mis manos apreté tus senos duros y firmes; como dos palomas vivas los tuve en mis manos y sentí tus pezones erguidos y puntudos en mis palmas. Ahora tu voz ya era un leve y perceptible jadeo. Tu respiración era más rápida y sentí la presión que ejercías sobre mi verga… Y mis manos recorrieron tu cuerpo y llegaron a tu vulva húmeda y caliente… Toqué con mis dedos tu vagina y era como una crema… La acaricié largamente y ya estabas gimiendo, mirando a un punto en el imaginario horizonte de tu cocina… Tu clítoris estaba duro y mojado. Lo acaricié con mis dedos haciendo circulitos, te retorciste de placer… Metí mis dedos en tu cuevita mojada y sudorosa y seguías temblando y gritando de gozo…
(5)
ResponderBorrarEntonces te corrí a lo largo de la mesada hasta que quedaste frente a la pileta de lavar los platos. Te separé algo más hacia atrás y abrí tus piernas… Me arrodillé detrás de ti, y con mis manos abrí tus nalgas y contemplé tu agujerito pequeño. Estaba en espera de un placer que no habías tenido… dispuesto a disfrutarlo con alguien que no sabías quién era, que había venido de la calle, de improviso, de quien sabe dónde…
Y lo contemple cerrado, me acerqué y sentí tu aroma de mujer caliente, excitada, vibrante y transpirada. Acerqué mi cara y pasé la lengua y sentí su sabor ligeramente salado. Lo acaricié con la lengua y lo mojé de mi saliva mientras escuchaba tus jadeos. Pasaba la lengua en círculos y hacía presión como queriéndola introducir. Al mismo tiempo con mis dedos tocaba tu clítoris enormemente agrandado y baboso… Ah, sentía que los dos estábamos montándonos en un inmenso placer.
(6)
ResponderBorrarTu culito repleto de saliva estaba listo… Ahora introduje un dedo y gritaste levemente… Sentí liberarse la presión de tu esfínter cuando mi dedo estaba adentro. Lo hice girar en círculos para prepararte y distenderte… “Sí, ya estás preparada, mi hermosa… Ahora me vas a sentir…” dije para mis adentros, pero no pronuncié palabra. Desdeñé el uso de los aceites de cocina. Ni oliva ni Marolio. Lo dejaremos para las pizzas. Saqué de mi bolsillo un lubricante eficiente y perfumado… puse una buena cantidad en tu culito y ahí te hice agachar más, la cara bien cerca de la mesada, las manos aferradas al borde de la pileta de lavar, la cola bien levantada, y mi verga ahora presionando tu abertura suave pero con firmeza… Diste un pequeño pero expresivo grito y la cabeza ya estaba adentro… Ahora de a poquito iría entrando hasta el fondo… Te tomé de la cintura e hice llegar mi verga al final del recorrido… volviste a gritar pero al moverme en ti, en tu cuevita apretada y tibia comenzaste a jadear más fuerte y a disfrutar del roce constante de mi pene en tu interior… Mi cabeza detrás de la tuya. Nuevamente te mordí el cuello y las orejas, ahora escucho tu placer manifestado en tu voz y en el acompañamiento a mis movimientos, hasta que una corriente eléctrica me recorre y se posesiona de mí… Es mi turno de gozo intenso… Me derramo en ti…
(7)
ResponderBorrarTodo mi semen ahora está volcado en tu cuerpo… como un chorro caliente y espeso que sientes y te invade… Ah, ya está… ahora me relajo, me aflojo todo y por un buen rato me quedo abrazado a tu cuerpo agitado y sudoroso…
Me despego de ti y me arreglo la ropa…Tu sigues dada vuelta sin mirarme, perdida en tu propio éxtasis y algunas gotitas de semen asoman de tu culito y ahora corren lentas por tus piernas. Me doy vuelta para emprender mi retirada, ya en la puerta de la cocina me vuelvo hacia ti y todavía estás agarrada de la pileta con la mirada perdida. Me fui. Salí abriendo por la puerta cancel que dejé cerrada. Es muy temprano todavía para la hora de la cita. Me voy a meter en un bar hasta la hora en que vuelva. Ninguno de los dos nos vimos las caras ni nos dijimos palabras…
(8)
ResponderBorrarEpílogo:
Y a la hora convenida estábamos los cinco invitados en la vereda, frente al zaguán. Y saliste tú, hermosa y sensual, sonriente y convenientemente vestida… Reconocí enseguida tus labios carnosos y provocativos de tu imagen en la página… Pero ahora estabas sonriente y formal. Nos hiciste pasar. Dos de los invitados eran tipos de entre 30 y 40 años. Uno casado y el otro separado. Había un viejito que estaba por encima de los 60 largos y un adolescente de secundario que podría haber sido un alumno tuyo de Literatura. Tal vez efectivamente lo era por el gesto de sorpresa que mostró cuando apareciste en el zaguán. Tu lo miraste dedicándole una sonrisa personal… quíen sabe…
La cena con tus riquísimas y variadas pizzas transcurrió en un lindo ambiente de camaradería, casi familiar. Te hicimos muchas preguntas sobre tus relatos y sobre qué partes fueron reales sucesos de tu vida y cuáles, fruto de tu creatividad literaria. La cena estuvo harto regada por las botellas de vino tinto y latas de cerveza que los convidados aportamos. Luego el postre consistió en las riquísimas masas con crema que aportó el viejito que resultó ser el dueño de una importante pastelería de Buenos Aires.
Y lo más remarcable fue el postre después del postre, ofrecido por la anfitriona, pero por haber sido yo un participante más, sin rol protagónico no seré yo quien lo describa... Lo único que diría es que en muchos momentos de esa etapa, por similitud o por oposición, vinieron repetidamente a mi mente escenas de La Isla de los Hombres.
(9) Gracias Jorge es hermosa la perspectiva que le diste al relato 💋💋💋
ResponderBorrarGracias a vos por publicarlo!!
BorrarEl unknown soy yo, Jorge... no se por qué sala mal...
BorrarComo me encantaría llenarte de leche y esa leche aceitosa que dice tu audio hiciera que te la comiera y chuparias la leche que tiene mi verga
ResponderBorrarComo me gustaría atragantarte con mi Verga llena de leche ver tu cara y ver como gozas que te deje sin respiración
ResponderBorrar😘😘😘
ResponderBorrarh
ResponderBorrarLo voy leyendo una infinidad de veces la puta madre que rico
ResponderBorrarNo sabes como me haces salir la babita de la verga mi amor