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LETICIA ¿ME DAS EL TERCERO? © 🌈



Cuando acabo sola lo hago de la siguiente manera: el primero me lo causo moviendo suave la yema del  dedo sobre el clítoris. Si está seco debo humedecerlo. Sería imposible lograr un orgasmo con dolor. Mayormente uso el índice, lo bajo hasta la puerta de la vagina, lo hundo, lo saco empapado  y vuelvo a subirlo para  masajear apenas más arriba.

 Cuando estoy por venirme se me agranda el clítoris o se abulta de alguna manera, parece más suave que al inicio.  No tengo que apretar mucho, es como un movimiento acelerado pero superficial, acaricio ligero la piel que cubre el meato sin presionar demasiado. Al acabar un calambre dulce que nace desde el cenit mismo de la entrepierna invade como un tsunami de cosquillas la pelvis, las piernas, el resto del cuerpo.  Arranca de forma ascendente hasta que estalla, pero apenas inicia debo retirar el dedo y dejar que funcione solo. Si lo dejo de más puedo llegar a cortarlo y no alcanzaría al clímax, o sea, el momento de mayor placer que es cuando esta cosquilla detona entre mis labios y siento que el corazón se me va a detener.

Me arqueo, tiemblo, pongo los ojos en blanco, muerdo la almohada, no sé si grito, dicen que sí.  Después descanso, no por mucho, un minuto, minuto y medio aproximadamente. Luego de ese tiempo rasco los labios suavemente, juego con los pelitos hasta que el cuerpo me avisa que es momento de seguir y tengo dos opciones: puedo apretar los labios desde los costados cerrándolos con los dedos,  como cuando se presionan los panes de una hamburguesa antes de llevarla a la boca y así sacudirlos bien fuerte o apoyo la palma completa sobre la vulva formando con toda la mano una especie de conchero cóncavo que sacudo hasta lograr el segundo orgasmo. No lo toco más con los dedos, pero si hago que los labios internos lo froten dentro del  delicioso “sanguchito de concha”   Es como si el primero fuese la entrada y el segundo el plato principal. Si tengo mucha suerte, descanso y logro el tercero con el mismo método del segundo, pero pocas veces puedo. Sin embargo, una vez Leticia usó sus dedos de una forma novedosa que yo no conocía y me dio el postre en segundos.

Mi hermana cumplía años y había organizado un fiestón donde iba a asistir toda la fauna de San Telmo. Su casa era como muchas de las casas de ese barrio, muy antigua, con puertas que dan a un patio común, mal distribuida. Esta era de tres pisos y no había recoveco sin gente, excepto en su habitación, claro. El resto plagado de amigos tomando algo y bailando. Una de sus amigas, la que conocí esa noche, comenzó a seguirme cada vez que daba una putivuelta, ya saben esas que se dan en la disco para mezclarse con la manada y tal vez encontrar con quien bailar o darse unos besos.  Yo subía, ella subía. Yo bajaba, ella bajaba. En una oportunidad tuve que ir a hacer pipí y se metió al baño conmigo, de todas formas me dispuse a hacer lo mío: bajé el calzón y me senté en el inodoro. No paraba de hablar. Cuando descubrí la rareza de la escena le dije:

-          Che mirá que yo no tengo merca ¡eh! Creo que Caio trajo.

-          No, no. Si yo no tomo - respondió

-          ¡Ah! Te decía nomás, como viniste conmigo hasta el baño, tal vez pensaste que iba a peinar algo, qué se yo..

-          ¡Ja! No es por eso que te sigo - dijo

-          Todo bien, sólo te decía – agregué riendo mientras largaba el chorrito de pis.

-          Primero. No conozco a nadie en esta fiesta – me aclaró.

-          ¡Oh! Pensé conocías a todos – dije mientras me secaba con el papel higiénico. 

-          No, para nada. Tu hermana me invitó porque trabajamos juntas hace dos años y a veces nos encontramos en el mercadito. Es que vivo acá dos cuadras, viste.

-          ¿Y segundo? - le pregunté

-          ¿Segundo qué? – repreguntó sorprendida

-          Dijiste: primero, entonces ¿segundo?

-          ¡Ah sí! Segundo, me agrada estar con vos

-          ¡Oookei! - dije no muy convencida – vos también me caes bien, aunque no pares de hablar. Con la música te entendí la mitad de lo que me dijiste 

-           - ¡Ay! Me haces reír amiga – dijo

-          -¿Me dejarías? – hice un gesto señalando la canilla.

-           Si, si, si. Perdón – y se corrió del lavatorio para que yo pudiera lavarme manos

Salimos del baño y seguimos recorriendo la casa, bailamos un rato,  pero me dolían mucho los pies. Ya eran las 4 am. Para colmo yo había comenzado antes que los invitados con el trajín, por ayudar con los preparativos y estaba fulminada.  Quería sentarme y no había lugar disponible más que las escaleras, que tampoco serian muy cómodas, porque tendría que pararme a cada rato para dejar pasar a los que subían y bajaban de la terraza. Recordé entonces que había otro ambiente cerrado además de la pieza. Ahí se guardaban las cosas de valor y papeles importantes de la familia. Fui hasta la habitación principal, busqué en la mesita de luz y saqué la llave.

-          Vení Lety – le dije a mi nueva “amiga”.

Caminamos por el pasillo del segundo piso hasta una puerta alejada, antigua de madera pesada. Metí la llave y Voilá el silencio. Cerré desde adentro una vez que Leticia había pasado.  Feliz me recosté en la silla subiendo los pies al escritorio mientras ella miraba todo, pasaba los  dedos por los libro y tocaba algunos adornos.

-          ¿Qué esto? - preguntó.

-          Un estudio – dije

-          Si, si. Ya me di cuenta que es un estudio, quién lo usa y para qué.

-          Imagino que mi hermana para trabajar ¿no? – respondí pensando en que hubiese estado bueno haber agarrado lago de tomar, pero no deseaba atravesar otra vez la jungla de gente.

-          Bueno podría usarse para otras cosas también – aclaró mientras se tiraba en el sofá

-          ¿Otras cosas? Yo ahora solo quiero sacarme estas putas sandalias… y quién  carajo me manda a ponerme estos tacos tan alto, me estrujan los dedos…

-          Vení – dijo palmeando la sentadera

-          Estoy bárbara acá, no me jodas.

-          No, no vení. Mirá, apoyás la cabeza allá – dijo señalando la otra punta del sofá - y me das los pies que yo me encargo

-          ¡¡¡Shiii!!! – dije divertida.

Salí disparada del escritorio y me entregué a sus masajes que disfruté agradecida. Debo reconocer que lo hacía excelente.

 Con los ojos cerrados, mientras ella parloteaba no sé qué cosa,  recordé que en la película “Esposas y concubinas” a las concubinas del emperador las preparaban dándole golpecitos en las plantas de los pies porque ahí está lleno de terminaciones nerviosas para que los  resultados a la hora del sexo fuesen sorprendentes. Lejos de asustarme en notar que sus manos empezaron a recorrer mis piernas por completo, subí mi pollera dejando a la vista la delantera de mi calzón, puse una mano bajo la  nuca y observé como seguía frotándome con los dedos tibios.  No nos hablamos, fue un acuerdo tácito y silencio. Al subir por el muslo sin querer su meñique pegó contra uno de mis labios. Cada vez que subía volvía a hacerlo y para cuando la miré con los parpados libidinosos  y la boca semi abierta, los golpecitos “accidentales”  eran más frecuentes. Pasaron a ser caricias  sobre el calzón. Subía, me tocaba un poco y seguía con la pierna como si nada pasara. Subía otra vez, pellizcaba un labio y bajaba para seguir frotando  los muslos, las pantorrilla, los dedos de los pies. No quise demostrar que estaba desesperada porque volviera a chocar su mano contra mi vulva gordita, así que la dejé hacerlo todo el tiempo que quiso.

 Cuando la humedad de  entre mis labio se hizo evidente y traspasó el calzón formando una pequeña aureola,  tiré la cabeza para atrás del sillón cerré los ojos y esperé paciente. Subió varia veces más la mano,  solo rozaba pincelándome con los dedos flojos, a veces pellizcaba, pero no me descubría los labios  y deseaba que chocara sus dedos más adentro, franqueara ese límite con la punta del índice. Cada vez que la sentía subir los cuádriceps se me tensaban solos. 

Todavía acostada, con mis pies sobre su falda, levanté la cabeza para mirarla, entonces se paró dejando mis piernas sobre el sofá.  Se ató el pelo con parsimonia,   se arrodilló  sobre la alfombra, tomó uno de mis pies para apoyarlo contra el suelo haciendo que mi entrepierna quedara  abierta.  Se reclinó despacio, corrió el calzón y sumergió entre mis labios cerrados su lengua bien en punta y la movió muy lento en subida y  bajada. No usó las manos. Simplemente escarbaba con la boca. No era nada brusca sino deliciosa. Sabía perfectamente cuánto presionas, dónde presionar, con qué frecuencia y en menos de dos minutos tuve el primer tsunami dulce.   ¿Cómo era que sabía cuando retirarse para que el clítoris no se me pusiera fastidioso?  Ella supo salir a tiempo y me confundió mucho lo hiciera ¿Acaso era adivina? Caminó de rodillas más cerca de mi cara y me besó en la boca, luego dijo:

-          La tenés deliciosa.

-          Jamás sentí nada igual - contesté - sos la primera mujer que me lame. No sé que tengo que hacer ahora ¿Te la beso yo a vos? –  susurré.

-          No tenés que hacer nada - respondió -  Solo esperemos un ratito más porque que todavía te falta.

De rodillas peregrinó a mi entrepierna y apoyó la mano entera sobre mis labios para fregarlos epilépticamente como un DJ  a su disco. El segundo, el plato fuerte llegó veloz. Clavé las uñas en el sillón y me arqueé como poseída. Después de eso metió dos de sus dedos en la vagina y me fregó por dentro, haciendo que mi cuerpo temblara. Escupí un líquido que no supe si era pis o qué cosa, pero logré el postre y mojé la alfombra.  

Tirada sobre el sillón, con la falda subida hasta el pecho y las piernas abiertas sin calzón. Se apartó rápido, sacó su celular y me tomó una foto. Levanté la cabeza cuando escuché el “clic” de la cámara.

-          - ¿Qué haces? - le dije.

-          - Para recordarte 

-          - Pero no se la muestres a nadie, por favor.

-       - No se te ve la cara. Fijate – se sentó a mi lado y vi que al tirar la cabeza para atrás no se me identificaba, aunque mostraba mi sexo goteando completamente abierto.

-         - ¿Por eso me seguías? – le pregunté

-          -Apenas llegué a la fiesta dije: esa chica es mía. Tiene cara de tristona, tengo que darle alegría. Y así fue ¿Verdad? - me declaró.

Reímos mientras mirábamos mi despojo con las piernas abiertas, toda desparramada.

    Pasaron semanas hasta volver a verla y a medida que repetíamos el rito de los tres orgasmos el tercero comenzó a ser más difícil de conseguir. Un día probamos con una pija de látex, pero tampoco dio resultado y cada vez que lo intentábamos sin éxito, se distanciaba por más tiempo.  

-          Una verga te falta – me dijo directa

-          ¿Será?

-          No tengo dudas- agregó muy seria

-          Pero me metiste una y no resultó - respondí

-          No es lo mismo, necesitas una verga pegada a un hombre. Con calor y leche.

Luego de esta charla puso excusas para no verme.  Tenía razón, necesitaba ser penetrada por una pija verdadera, con sangre en las venas  que acelerara los latidos del tronco, un culo para arañar y una pelvis para empujar hacia  mi cuerpo, tal vez también un hombro para morder, en definitiva necesitaba un macho muy caliente que me diera el tercero.

-          Vos no sos lesbiana Jud. Te gustan mis cosquillas, pero hay algo que siempre me pedís  – dijo la ultima charla que tuvimos por teléfono.

La madurez y la serenidad con que se tomó el tema era admirable. Temí decepcionarla, porque supuse tal vez que estaba enamorada, pero no fue así. Creo que yo sufrí más con el distanciamientos. 

Al siguiente verano ya sabía que necesitaba para lograr el tercero y no era Leticia, ni un "macho" como dijo ella, sino mis dedos o cualquiera que me rozara por dentro; entonces salí con un hombre que la tenía muy hacia arriba, tal vez, apenas arqueada hacia su ombligo que al meterla me hacía efecto gancho, claro, fregaba mi almendra desde adentro. Le expliqué como hacerme acabar y  logró perfectamente  los dos primeros.  Desesperado él, de verme retorcer de placer,  la metía muy fuerte provocándome el postre  apena atravesaba los labios abriéndose paso con la cabeza. Era fabuloso cuando lo hacíamos. Así comprendí que puedo conseguirlo metiendo dos dedos, pero es mejor si alguien más me lo provoca, una verga torcida entrando fuerte o alguna Leticia rascando suave y contantes que   sacuda, sacuda, sacuda...



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Comentarios

  1. Me encanto! Me encanta la introducción detallada de como te masturbas y lo bien que conoces tu cuerpo y lo que buscas. Una delicia realmente, se puede visualizar y dan ganas de llevar se ese dulce hormigueante a la boca.

    Me encanta el ritmo del relato...haces que uno se meta en el momento y pueda sumergirse en tu sensaciones de aquel momento, y (por lo menos a mi) hacer que uno se moje mientras lee. Me encanta las sensaciones de hormigueo dulce y en tu relato se sienten vividas.

    Esta parte me encanta:
    ¿Qué haces?

    - Para recordarte – dijo

    - Pero no se la muestres a nadie.

    - No se te ve la cara. Fijate – se sentó a mi lado y vi que al tirar la cabeza para atrás no se me identificaba, aunque mostraba mi sexo goteando completamente abierto

    Excita pensarte en esa imagen de tu cuerpo después de acabar tan rico y delicioso. Hay mucho dulce en esta imagen tuya.

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    1. ohh que hermosa devolución. Muchas gracias. Es importante para mi. Me legra mucho te haya gustado.

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  2. Perdón pero me toqué desde el primer parrafo. Te sigo bb, quiero mas

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  3. Muy pero que muy bonito relato son extremadamente excitante, te atrapan una vez comenzado jjjj

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  4. Dios que delicias describes con tan éxactos detalles q involucran al lector en eso orgasmos de placer

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  5. Relato detallado y delicioso. Dan ganas de saborearos a las dos. He leído 2 relatos seguidos, y voy a por un tercero. Aunque mi pija esté dejando mi boxer completamente manchado.

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  6. Cada relato que leo es igual o mejor al anterior, nunca inferior, eres ardiente, meticulosa, inteligente, ordenada en tu prosa, la verdad, es un placer leerte, y luego está el otro tema... de principio a fin la tensión está ahí presente.... no te digo mas.

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    1. Amor lo acabo de subir leído a Telegram, búscalo @RELATOSPICANTES. 💋💋💋

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