RICA Y MUY RUSA. ©
Revisando fotos encontré una en la que estábamos Karina, Nicolay y yo. Él hijo del ruso Morozov (En realidad no se llamaba ni Nicolay ni se apellidaba Morozov, solo los cambio para preservar su identidad, y la mía, claro) Los tres parados junto a la cancha de tenis, él apenas diecisiete añitos, mi amiga y yo con veintitantos. No recordaba que era tan alto, ni tan blanquito, ni tan hermoso. Mi oreja llegaba apena a su hombro y juro que no soy petisa. Ese verano ninguno había viajado a la costa como hace la mayoría de los porteños, así que para matar el aburrimiento nos fuimos a tomar sol. El club estaba totalmente despejado porque arreglaban no sé qué cosa del agua e iba a permanecer cerrado por días, pero pudimos entrar porque mi papá era el presidente, así que aprovechamos la comodidad de no tener que esquivar la multitud de gente que se agolpaba como hormigas en sus instalaciones, los días que estaba abierto.
- Sacate el short, si no nos ve nadie – dijo Karina
- Me da cosa ¿Y si me ve el casero? – contesté ignorando a Nicolay
- Está re lejos – dijo mi amiga sacudiendo un brazo.
Escaneé el horizonte, pero efectivamente no había nadie. ¿A quién se le ocurría ir a tomar sol a las dos de la tarde, en verano, en Buenos Aires y sobre el cemento de la cancha? ¡Una locura! Efectivamente me lo saqué y debajo tenía una malla blanca enteriza muy cavada que se me encajaba bastante entre los labios y dejaba las nalgas totalmente al descubierto. Desistimos del cemento y optamos por el pasto. Nos tiramos boca abajo cada uno sobre su manta. Nico, silencioso como siempre, imitó nuestras posiciones pero se colocó frente a nosotras, o sea nuestras cabezas daban a un mismo centro, pero los cuerpos no: Karina y yo casi paralelas y Nico en sentido opuesto. Como si entre los tres formásemos una “Y” vista desde el cielo.
- Che Nico ¿Nos pasas protector por la espalda? – dijo pícara Karina.
Él tenía la frente apoyada sobre sus brazos para no dar la nariz contra el pasto y al escucharla levantó la cara con gesto de espanto y los ojos bien abierto. No entendí que le pasaba así que largue un vago <<Dejá, dejá, no te preocupes, así estoy bien, pasale a ella>>, pero Karina insistió. Con dificultad, escondiendo la entrepierna con la remera se arrodilló junto a mí, tomó la crema y con las manos temblorosas me puso crema en los hombros. El tacto de alguien incomodo es alcahuete, algo así como te toco pero se me ponen los dedos tensos, porque no quiero tocarte. Así que amablemente le dije que dejara que yo lo seguía haciendo.
Me levanté para sentarme y al hacerlo el no cambió de posición, se quedó junto a mí en zeisa, como un japonés cuando medita, porque esta pose le permitía ocultar lo que sobresalía bajo el short de baño. Estaba durísimo. La erección de un hombre se hace más evidente cuando se empeña en ocultarla. Si no se hubiese estirado la remera tantas veces y direccionado la mirada hacia abajo para comprobar que no se le notaba, no me hubiese dado cuenta de su excitación. El rictus de su cuerpo, los ojos muy abiertos despertó mi curiosidad. No lo voy a negar, siento una especie de poder cuando esto pasa, cuando provoco reacciones en la gente, porque me deja decidir. En ese entonces yo podía elegir, el no. Bueno, si, podía elegir irse, pero no lo hizo y se encontraba a mi merced. Quería quedarse y ver con discimulo, tal vez luego se masturbaría recordando esa tarde o me dedicaría alguna paja.
Seguí pasándome crema por las partes descubiertas mientras pensaba qué hacer con él. << ¿Me acuesto otra vez para que el también lo haga y pueda tapar su erección contra el pasto o le pido que siga poniéndome cremas?>> Eran preguntas estúpidas, porque yo ya sabía la respuesta y era hermoso tenerlo en jake.
- No llego atrás de la piernas ¿Me pasas? – le dije ofreciéndole el pomo con una mano.
Contestó con un si exhalado, como si el aire que largaba fuera de alivio o de tortura, algo como <<<¡¡Seee!!>>> Arrancó por los tobillos y fue subiendo. Abrí apenas las piernas para que pasara la mano por los costados y ya que estaba, viera mi sapito apretado con la malla encajada, tal vez con suerte la tela se había corrido un poco y lograba mostrarle algo de mis labios. Para cuando pasó a la parte trasera de las rodillas sus dedos eran más confianzudos. Al llegar a las nalgas pensé que dejaría de hacerlo, pero me equivoqué. Hasta creo que me estrujó muy suave los cachetes poniendo los dedos como garritas. Ella hablaba de cualquier pavada para demostrarle que lo seguíamos ignorando. Ambas casi pegadas, de panza al suelo y el culo al sol, usamos los brazos cruzados para apoyar las frentes y por debajo de su axila me dijo bajito.
-Es virgen boluda y está completamente enamorado de vos.
-¡Nah! ¿En serio? – murmuré.
- ¡¡¡Siii!!! Me rompió las bolas toda la semana para pasarte a buscar con cualquier excusa.
-¡Ahhh! Ahora entiendo todo. Mi viejo no entendió nada cuando abrió la puerta de casa y los vio a los dos en chancletas con cara de nada, la crema en una mano y la toalla en la otra – nos reímos fuerte
- ¿De qué se ríen? – dijo Nico queriendo sumarse
- No de naa, de naaa – respondió Karina
Nos seguimos riendo hacia el pasto. Cuando terminó con mi espalda se acostó otra vez y en la misma dirección que antes, pero más cerca de nosotras. Yo no podía levantar la cara, me había agarrado una vergüenza no sé de qué. Me hice la dormida para ocultarme. Como el sol me daba en la nuca, tomé el short y me cubrí la cabeza por completo. Ellos hablaban y Karina de un momento a otro inventó una excusa para irse.
- Pero boluda quedate – le dije – me trajiste hasta acá y ahora te vas.
- Me acordé que tengo que buscar a Kiti - (Su sobrino) – para hacer una cosa.
- ¿Qué cosa? ¿Qué vaya tu hermana? – y diluí la insistencia porque entendí que de irse me quedaría a solas con Nico. – Bueno, después pasá por casa que tengo que decirte “algo”
- Dale – respondí y la vi salir atravesando el portón de chapa
Seguí en la mia, mirando el pasto con los brazos cruzados bajo la frente. Ambos completamente en silencio. Qué le podía decir después de saber que le gustaba, además me tentaba saber que todavía era virgen. Era más fácil cuando no lo sabía. En un momento sentí que me caían pequeñas cositas sobre la espalda. Al levantar la vista, el también acostado, arrancaba pasto y me lo arrojaba sobre la cabeza. Me causó gracia así que arranqué pasto y se lo tiré en la cara. Luego volví a mi pose inicial para seguir “descansando”. Al ratito dos dedos me tiraron de una oreja.
- ¡Basta! – le respondí entre risas y me imitó al decirlo. – No te hagas el vivo porque vas a cobrar ¡eh!
- A ¿sí? ¿Qué me vas a hacer? A ver…
- Boludo
- Pero qué lástima che. Tan linda y tan agresiva. – dijo con sorna.
Apoyé los codos para mirarlo de frente dejando que viera como también apoyaba mi enorme delantera sobre el suelo. Lejos de temblar como al principio agarró otro manojo de pasto y lo revoleó hacia las tetas llenándome de hojas y tierra. Completamente seria, bajé la vista, las miré y volví a mirarlo.
- ¿Y yo soy la agresiva? Mirá lo que hiciste – lo reté y comenzó a reírse como un estúpido - ¿Sabés qué? - agregué.
- ¿Qué? – contestó desafiándome
- Vas a tener que limpiarme – dije aminorando el tono
- Y ¿Cómo hago para limpiarte la tierrita Jud? - me contestó.
- No sé vos. Yo me voy a las duchas.
- Pero el casero no nos va a dejar pasar, además no hay agua ¿No te acordas?
Creo que en ese instante me enojé en serio. ¿Cómo mierda iba limpiarme el pasto y la tierra adheridos a la piel por la crema que me había puesto antes? ¡Qué asco! En ese club me había criado, lo conocía en detalle y recordé que detrás de los plátanos había una canilla que usaban los que ocupaban las parrillas. El agua venía de pozo y nada tenía que ver con el resto de la instalación que estaban arreglando así, que si tenía suerte, tal vez lograría obtener un poco para lavarme.
- Atrás de ese árbol alto hay una canilla.
- ¿Dónde? ¿Ese? – señaló un pino
- No. Allá junto a las parrillas.
- Pero esos no es un árbol - dijo - son yuyos altos.
Si hay algo que caracteriza a los plátanos es de ser plantas tupidas que permiten esconderse detrás. No cubren del todo una figura pero al menos no permiten ver con claridad los movimientos de quien se oculta.
Ignoré con cara de culo su corrección. Levantamos las toallas, el short y el pomo. Nos pusimos las ojotas y hacia la canillita fuimos. Serio de haberse dado cuenta de mi malestar, apresuró el paso, abrió el grifo, juntó agua con ambas mano y comenzó a tirarla con prudente altura para que me cayera en el pecho. Creo que intentaba hacer una ducha humana. Me reí porque vi que su método era poco efectivo. En el tramo de la canilla a mis tetas perdía casi todo el contenido.
Al verme relajar la cara se rió mostrando los dientes,así que esta vez apoyó dos dedos en pinza sobre mi pecho, cerca del cuello y concentrado, frunciendo el entrecejo sacaba pastito por pastito. Simulaba ser el más pulcro de todos.
- Ya está Nico, no importa. – dije poco convencida de alejarlo.
- Pará, pará que acá hay otro – decía y se arrimaba a sacar los que quedaban mirando detenidamente el cuello, la clavícula, la entreteta.
Corría la delantera de la malla cada vez más hacia el pezón pero no llegaba a tocarlo, así que esperando se abalanzara desaté la tira de atrás de la nuca y la dejé caer. Mudo, mirándome fijo y no a mis ojos justamente. Pensé me besaría, pero giró, abrió la canilla una vez más y juntó agua con más esmero. Cuando se aproximó tome sus antebrazos suavemente y lo guié a que me las amasara con ambas manos entonces de su entrepierna volvió a asomar un enorme bulto que ni se mosqueó en ocultar. Nos acomodamos un poco más atrás de las hojas tupidas y nos besamos. Respiraba tan fuerte que creí que tendría un arrebato de ira o se desmayaría, pero se controló.
Metí la mano dentro del short y el desató el cordón para que lo hiciera con comodidad. La tenía gruesa y con mucha piel sobrante, tanto que a pesar de estar parada la cabeza seguía tapada. Me provocó descubrirla del todo y lo hice con suavidad, supuse tal vez que le dolería. Fregué despacio el cuero fijándome como cambiaba los gestos de la cara. Subió las cejas, cerró los ojos y abrió la boca relajando la mandíbula. Cuando la cabeza asomó por completo como un hongo pulposo pasando por entre dos ramas que le entorpecían el paso, suspiró fuerte, le temblaron las piernas y me bañó la mano de leche caliente mientras jadeaba tosiendo. Fue hermoso verlo acabar. Finalmente se recostó sobre mi hombro abrazándome y dijo agitado:
- No me mires, parezco un boludo
- Estas lindo. Me gustas así – le respondí
Creo que no llegué a pajearlo más que en cinco movimientos hasta que le salió semen espeso. Me arrepentí de no haberle bajado el short para ver cuántas veces escupía, aunque debieron ser muchas porque tenía los dedos bañados. Me precipité a besarlo y a decirle que me la metiera, porque seguía con la verga durísima y con mucha timidez me respondió que teníamos que esperar un rato, porque después de acabar la cabeza se le ponía muy sensible y le causaba cosquillas fastidiosas. Con las tetas al aire, fui hasta la canillita, me lavé las manos y subí la delantera de mi malla. Me besó el cuello, la boca, las manos.
- ¿Qué querés hacer mientras Jud?
- No sé. – dije algo desalentada.
- Tranquila, lo vamos a hacer, si? - dijo dulce tomándome del mentón.
- ¿Y dónde?
- Acá – señaló el suelo para luego acomodar la manta una vez más sobre el pasto – vení acostate – y estiró la mano para que lo acompañará.
De costadito y enfrentados nos besamos mucho, lento, húmedo y mordiéndonos sin dolor. Hacía algo raro con mi lengua, la succionaba sin que me doliera y cuando la tenía dentro de su boca movía la suya como si estuviese sacudiendo un clítoris: rápido, rápido, para arriba, para abajo, haciendo circulitos y cuanto más lo hacía yo más me agitaba. Hasta creo que largué un pequeño gemido. Ahora él me tenía en jake.
Bajó la mano, empujó mi cadera para que me girara y me pusiera boca arriba, tomó mi maya a la altura de la ingle, la acurrucó metiéndola entre mis labios y después tironeó de la tela. Tironeaba y aflojaba haciendo que el cúmulo de trapo me masajeara el clítoris. De a ratos paraba y me acariciaba la vulva con toda la mano, tratando de sentir como mi concha se partía en dos. Cuando estuvo listo, se subió, corrió mis piernas con sus rodillas, sacó la tela de entre mis labios, los abrió, miró, miró, miró, se mordió la boca, se escupió la mano, sacó su pija gorda, rosada, pálida “muy, muy rusa”, mojó su honguito y me penetró lento y profundo. Me arqueé al sentirlo porque su temperatura era distinta, era mucha temperatura. Empujó pocas veces. Cortó la respiración y volvió a sacarla mojando la toalla, pero sin mostrarme la cara una vez más. Para entonces yo estaba que hervía. ¿Qué le pasaba que acaba tan pronto? Era una sensación dual, porque por un lado me excitaba mucho se viniera así de rápido, sentía que yo lo calentaba mucho y eso me excitaba, pero por otro lado yo quería más.
- Perdoname, es que me gustas mucho. – susurró junto a mi oreja –
Lo abracé fuerte. Temblaba. Le quité la cara de mi cuello y lo besé. Traté que los besos fuesen como antes, pero bajaba la mirada.
- Tranqui Nico. Esperamos un rato más y probamos ¿Sí?
- Bueno, dale - aceptó avergonzado.
-
Se acostó a mi lado y me siguió besando. Bajó su mano una vez más y le indiqué cómo humedecer el dedo con la puerta de mi vagina para que me pajeara sin lastimarme. Obedeció y arrancó con movimientos suave aunque de a ratos se aceleraba y le volvía a pedir que bajara la intensidad. No podía contenerse. Apenas agarramos el ritmo, me pareció ver una silueta correrse por detrás de los plátanos. Así que le saqué la mano y le dije que alguien nos había estado espiando.
- No hay nadie Jud. – dijo moviendo la cabeza para ver si veía algo.
No quiese seguir, así que juntamos las cosas y nos fuimos. Llegamos al edifico y cuando abrí la puerta del ascensor en el cuarto piso lo saludé como si nada hubiese pasado entre los dos. Él siguió hasta el séptimo.
By Jud Páprika
Qué rico amor. Me encantó.
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ResponderBorrarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
BorrarMe encanto❤
ResponderBorrarMuac
ResponderBorrarRecuerdos de verano. Y este imborrable supongo.
ResponderBorrarSimplemente hermoso!
♡
BorrarQue rica historia, me gustó mucho.
ResponderBorrar♡
BorrarUfff me encantó
ResponderBorrar💋
BorrarMmmm qué excitante escena imaginarte boca abajo con toda la cola a la vista. Me calientas tanto tanto ;)
ResponderBorrarIntenso, morboso y muy caliente, quién sería el que miraba? se pajearía? seguramente que si, disfrutando de tu cuerpo caliente a la sombra. Todo es perfecto, todo es ardiente y vivido, todo es muy muy caliente, felicidades.
ResponderBorrarHermoso vos 😘
BorrarHermoso relato..me identifico con el prepucio
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