LIMPIEZA GENERAL I ©
Después del almuerzo le pidió a Esteban que le sostuviera la escalera desde abajo para que pudiera subirse a limpiar los libros que nunca eran escogidos, pero que igual juntaban polvo. La escalerita era vieja, tambaleaba un poco y le daba vértigo treparla. Meses antes le había reclamado a su patrona que la cambiara porque no quería sufrir un accidente, pero doña Clelia ignoró su reclamo, en cambio mandó a su hijo a que la ayudara cada vez que ella tuviera que hacer esa tarea. En un principio, el joven refunfuñaba por esto, pero a medida que fue creciendo y ya terminada la adolescencia, consideraba que sostenerle la escalerita a Mecha era un ritual que no cancelaría por nada del mundo.
Esteban, Tebi para la familia, se había parado debajo de los escalones, justo donde no se debe pasar si se quieren evitar siete años de mala suerte. El primer tiempo él afirmaba las manos en las maderas de los costados, pero luego de unos días ella le indicó que era mejor si la sostenía de las piernas.
Ese sábado, como tantos otros esperaba mirando al suelo, porque de levantar la vista se toparía de frente con la concha de Mecha comprimida por la calza, la diferencia fue que esta vez la oyó pedirle que las subiera un poco más porque le apretaba con fuerza el anverso de las rodillas y eso le hacía perder estabilidad, entonces tímido posó los dedos flacos bajo la comisura hundida que hay en el inicio de las nalgas apenas terminado el muslo. Cuando Mecha sintió los índices de Tebi rozando los cachetes lanzó con voz cavernosa:
-Más arriba Tebi, más arriba.
Sabiendo que no había un “más arriba” de las piernas, porque ya comenzaba el culo.
Él se percató de esto y sin chistar obedeció agarrándola de las caderas. La sostenía mientras ella se zarandeaba exagerando los movimientos que le generaban acomodar los libros. Retiraba cada uno, les pasaba una franelita y volvía a ponerlos en su lugar. Así habían hecho cada siesta de cada sábado de los últimos dos años, corriendo la grada hacia un costado hasta recorrer los diez metros de biblioteca sacando todo el polvo.
Tebi no tenía la obligación de ayudarla, sin embargo amaba esas tardes, porque podía acariciarle los costados creyendo que ella se lo pedía inocentemente cuando en realidad Mecha no sufría de vértigo, sino que consideraba a su compañía por demás estimulante. <<¿Cuándo será el día que se anime a algo más?>> se había preguntado en muchas ocasiones, pues la presencia de Tebi le hacía relegar el fastidio que le causaba tener que ir a limpiar la casona apolillada de Avellaneda.
Las primeras veces Esteban apoyaba la frente contra un escalón para concentrarse en reprimir la erección que le causaba ver la calza marcando los labios separados. Inclusive y con mucho disimulos, más de una vez, cuando el delantal de la sirvienta flameaba tapando la visión entre ambos, él aprovechaba para arrimar la nariz despacio y aspirar con disimulo la fragancia de su entrepierna. El sudor de su frente no se debía a la fuerza que hacía de sostenerla para que no temblara, sino por aguantar la excitación de tener tan cerca de su boca una vulva carnosa y pronunciada.
La tela cubre lo que está al alcance como rémora de un puritanismo incapaz que llevó al cuello los escotes y las creencias, como una túnica nupcial ortodoxa de agujero bordado en el centro de la sábana, prohibiendo inútilmente lo que late debajo, calentando aun más la libido, porque no hay mejor ingrediente para el deseo que no saber, que prohibir, que no ver o ver poco. No es lo mismo la carne desnuda que cubierta, porque sujetada asomando apenas por encima de un escote o apretada pronunciando las curvas suculentas invitan, sugieren, dan un plus sin importar de qué tela se trate.
Ya lo contaba Zhou Wei Hui cuando su personaje llegaba al clímax al oír la seda rasgarse mientras dos manos masculinas la desvestían de forma bestial. La seda para Tebi en este caso era esa calza gris que sostenía un papo gordo frente a sus ojos, fruncida y encajada entre los labios donde un día, finalmente, temblando de deseo, se atrevió a posar la lengua plana, quieta, tensa y la sostuvo sintiendo la rugosidad del algodón sobre las papilas gustativas: calor áspero, pero no menos gustoso. Cuanto él más se quedaba haciendo esto, ella más se empujaba contra él y se dejaba acariciar comenzando un vaivén cortito de pelvis. Ambos en silencio. Los dedos de Tebi ya en garra, ya enterrados ya en los cachetes, llevándola hacia su cara.
La escena no podía envidiarle nada al erotismo pompeyano, sólo que en este caso todo era menos sepia: él debajo de la escalera, sosteniéndola del culo, con la boca muy abierta, la mandíbula acalambrada de estirar tanto la lengua y el rostro frenado por los escalones; ella subida unos pocos peldaños, empujando la pelvis hacia adelante, mordiendo la franelita con los ojos cerrados hasta sentir que finalmente la calza quedaba completamente babeada, aureola que luego sería escondida por el delantal del uniforme que le habían suministrado sus patrones.
La limpieza general se repetía cada sábado cuando los padres estaban en la casa. A la mamá de Esteban le era indiferente que él ayudara a la empleada, es más hasta lo creía conveniente así no se accidentaba y evitaba pagar por los gastos médicos custodiándola, o eso era lo que le decía a su hijo, aunque lo que realmente quería evitar, era que su esposo la volviera a ayudar como aquella única vez que lo hizo, cuando lo encontró parado como Tebi, bajo la escalera con un bulto tenso empujándole el pantalón.
Además de los sábados, Mecha iba de lunes a viernes por la mañana. Llegaba a las seis, hacía el desayuno para los patrones y estos se despedían luego a sus trabajos dejándole la casa casi libre para que la acicalara a sus anchas. Tebi salía más tarde, pero no a trabajar sino que había comenzado a hacer el CBC y entraba a las ocho, es decir, por unos minutos Mecha y él quedaban solos, espacio de tiempo que dejó de ser obsoleto para ambos después del último sábado de limpieza general. Entonces ese tiempo cobró otro sentido y ya no era un momento rutinario de prepararse para salir, sino una oportunidad, tal vez de estar juntos.
La oyó desde la cama pasar la aspiradora y no se levantó hasta asegurarse que el auto de su madre pegara la curva en la esquina. Luego dio un salto apurado dejando caer las sábanas en la alfombra, no porque le preocupaba llegar tarde a estudiar, sino porque quería aprovechar cada momento para estar cerca de Mecha. Bajó las escaleras haciendo pasos lentos y ruidosos sobre la madera recurriendo a la pereza para parecer indiferente. Cuando se sentó en la mesa de la cocina ella ya había apagado el aparato y puso una taza de café cargado sobre el mantel. Él le devolvió un "Gracia" carrasposo. Deglutió una tostada sin mirarla y cuando lo hizo de refilón, aplacando la desesperación que tenía por tocarla vio que Mecha se agachaba en cuatro patas parando el culo en su dirección mientras pasaba el trapo rejilla por el sócalo de cerámica que enmarcaba la parte baja de la cocina. Tebi no masticó más y toda la pereza fingida se transformó en ojos saltones que poco podían creer la maravilla de aquel espectáculo que había ignorado tantos años. Era como redescubrirla, como si Mecha no fuera Mecha, sino una nueva versión de Mecha. <<¿Cómo fue que nunca había prestado atención a sus movimientos, a sus caderas, a su calor?>> El culo sujetado por otra calza blanca que transparentaba un minúsculo calzón oscuro y dejaba ver en detalle el elástico jaspeado con voladitos. <<El primer caramelo te lo regalo, el segundo te lo vendo>> pensó ella, rememorando una vieja canción y el caramelo fue una mirada espesa que le lanzó girando la cabeza por sobre su hombro y que él devolvió estupefacto sin poder tragar la tostada que le había pinchado las mejillas por dentro.
Tebi, todavía con el short de dormir, se paró y se arrimó lento para colocarse detrás suyo, mientras ella seguía en cuatro patas limpiando el sócalo con dificultad. Aunque él no tenía tela que le aislara las rodillas de la cerámica fría, se agachó igual para tomarla de las caderas y pegar su delantera sobre el culo de Mecha que fregó sin apartar nada de la ropa que los distanciaba. Consideró por unos segundos acuclillarse también para posarle la nariz como hacen los perritos al inspeccionarse antes de tener sexo, pero descartó la idea de su cabeza, porque le pareció demasiado animal. Cuando metió la mano en el elástico para bajarle la calza, ella giró rápido sentándose en el piso y le dijo que no podrían coger porque tenía que limpiar y que no se olvidara, que si se quedaba más tiempo, llegaría tarde a estudiar.
-No te preocupes Mechi, limpio yo. Pero dejame porfa, dejame que te…
-¿Todo, todo? - lo interrumpió ella.
-Sí. Todo lo que me pidas con tal de que me dejes hacértelo.
-OK – dijo tras volver a ponerse en cuatro patas.
Cuando Tebi tuvo el culo otra vez sobre su bulto, bajó la licra y apartó el calzón dejando apenas el espacio suficiente para que su verga pasara seca, sin escupirla ni humectarla con ningún néctar de ningún sabor. Entró profundo, rasposo, largando un alarido sádico que se entrecruzó con el de ella y ambos pudieron ser escuchados desde la vereda. Luego el sonido a sopapa de la carne chocando que les invadió los oídos haciéndolos gemir, demencialmente. Él no aguantó más que diez empujones profundos hasta atajar la leche con la mano y tirarse al suelo balbuceando "Mi Mechi, Mi Mechi,…" Cuando abrió los ojos ella ya estaba parada ofreciéndole los guantes de goma. Esteban largó una carcajada, porque había olvidado la promesa de unos segundos antes y los tomó sin chistar, pero divertido porque entendió que la negociación había comenzado. Entonces recordó las palabras de su amigos Jorge "Win win relationship Una estrategia de negocios estimado Esteban, donde ambas partes salen ganando"
-Che Mecha ¿Pero si limpio a la tarde? Porque ahora tengo que irme.
-Lo hubieses pensado antes Tebi. A la tarde vuelve tu madre y si encuentra la casa hecha un desastre, porque vos no lograste hacerlo ¿A quién crees que despedirán? ¿A vos?
-Tenés razón. ¿Y el resto de los días?
-¿Qué días? - preguntó ella.
-Los otros días. Vos venís siempre. ¿No nos podemos encontrar en otro lugar, en otra hora…?
-No. Sólo contamos con estos minutos entre que tus padres salen y vos te preparas para salir también, pero si querés más tiempo… ya sabés. Limpias vos. Pensalo.
-Es que no tengo nada que pensar Mechi – dijo arrimándose a su cara – No hay nada que desee más que cogerte.
-Bien. Entonces nos entendemos perfectamente. Arrancá por la cocina y toda la planta baja, yo me voy a la cama y no podés subir hasta que termines. Si no es así, si no está todo impecable, ni sueñes en despertarme. ¿OK?
-Ok.
Habían cogido en la cocina a las 7:20 y para las 8:00 tenía la planta baja lista, no tan pulcra como la hubiese dejado ella. Que Mecha acicalara su casa cada mañana corrió a su favor, porque notó que en muchos rincones había limpiado sobre lo limpio. En el momento en que escurrió el trapo y terminó de lavar el piso, supuso que su profesor estaba pasando lista, supuso también que si descargaba rápido las ganas contenidas dentro de Mecha, podría llegar a tiempo para su clase, pero supuso mal. Largó el balde y corrió por las escaleras para despertarla y descubrió que lo que ella menos hacía era dormir.
Sentada en la cama de sus patrones en ropa interior, con las piernas flexionadas y abiertas, el pelo suelto y los brazos posados y extendidos sobre dos almohadones blancos lo observó acercarse aminorando la respiración.
-No. No. ¿Dónde vas? – lo frenó poniéndole un pie en el pecho. – Te falta pasar la aspiradora a los cuartos. Y chupá bien el polvo si querés chupar algo de esto – dijo mientras se apartaba el calzón y golpeteaba despacio sus labios.
Esteban corrió una vez más a la planta baja para buscar la aspiradora que subió dando golpes por la escalera y comenzó a aspirar erecto mientras la observaba de lejos rascarse con parsimoniosa la ingle. los pelitos, la rajita, invitándolo con ojos libidinosos.
…
La primera vez que lo vi llegar tarde entró a la clase desencajado, le dijo algo en voz baja al profesor que no alcancé a oír y se sentó en una silla cercana y disponible. La situación no me pareció extraña, porque a todos nos puede pasar que razones ajenas a la voluntad entorpezcan nuestro camino, pero la escena se repitió casi todo un mes lo que me dio demasiada curiosidad, porque además su semblante iba cambiando conforme pasaban los días. Agotado, más flaco, hasta se dormía en clase.
En un almuerzo me animé a preguntarle por qué llegaba tarde:
-Me la paso cogiendo con la mucama – me dijo directo.
-Pero, vas a quedar libre. ¿No pueden coger en otro horario?
-No. Ella no quiere.
-Ah pero te está haciendo mierda – dije riendo
-No. Es que…, es complicado Judit. No entenderías.
-Explicame Tebi, no soy boluda – dije algo afectada
Luego contó su relación win win y mi admiración por Mercedes fue infinita. Sin embargo el lujo de detalles que desplegaba en los almuerzo describiendo lo que hacía cada mañana, despertó en mi un deseo incontenible por ocupar su lugar. Quería ser ella. Como resultado, le propuse hacer lo mismo a cambio de realizarle los trabajos prácticos, propuesta que él rechazó entre carcajadas, claro. En fin, no resultó con Esteban, en cambio con Clara…pero eso lo dejo para otro relato.
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mmmfff este relato me dio ganas de lamer coño
ResponderBorrarme excito leer esos relatos
Borrar💜💜💜
BorrarMe encanta tu voz..
BorrarMuy sexy...
Calienta mucho escucharte
Hola Walter, gracias y que bueno que te haya gustado , te invito a mi canal de Telegram entonces, ahí estoy subiendo de a poco mis relatos leídos. Besitos y espero andes bien.
BorrarHacía falta leer estos relatos deliciosos, gran trabajo de la escritoria dando buena forma a la historia junto a lo sexual que nos tiene babeando a muchos
ResponderBorrar💋💋💋💋 lindo gracias
Borrarcada vez mas mejorando mas y mas la verdad no entiendo como lo haces tan bien, siempre me haces desvelar sobre todo esta semana que ya van 4 dias seguidos leyendo tu blog y cada vez mas me emociona ese erotismo que reflejas en ese relato.
ResponderBorrargracias que lindo te desveles por mí
Borrargracias a ti por escribir de forma tan explicita y buena
BorrarHermoso y altamente excitante! Bravo!
ResponderBorrarQ buen relato lpm❤❤
ResponderBorrargracias por esta historia se ve muy picante. ya tengo que leer por este mes
ResponderBorrarsaludos de un peruano en california abrazo
Jerry gracias. Vi tu blog también, bastante material interesante. Te mando un abrazo.
BorrarYa extrañaba tus escritos, solo ah pasado poco mas de una semana y creo que me volvi adicto a tu voz y tus relatos, son muy sensuales y sexis y la verdad y me encanta tocarme leerlos mientras me toco me meto demasiado en la historia.
ResponderBorrar💛💛💛 gracias lindo, te invito a telegram, en breve subo todos los relatos en audio, te.me/RelatosPicantesByJudP
Borrarque ganas de comerme un buen i babaso coño 👅👅👅👅👅👅👅
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