FURIA © (🌈y BDSM)
Cruzó la cama corriendo y llegó hasta
donde yo la esperaba altanera, dispuesta a revolearle un cachetazo si era
necesario. Me tomó del cuello y apretó tanto que apenas pude lanzarle una
escupida débil. Me empujó contra la pared y me preguntó junto a la boca si me
había vuelto loca:
Cuando vio que yo cambiaba la mirada camorrera por otra libidinosa, y que gemía
con dificultad por la falta de aire, aflojó la manó y le atrapé el labio
inferior con los dientes hasta sacarle
un poquito de sangre que sorbí junto con su saliva mientras la sostenía con la
boca.
Su castigo me aflojaba las piernas y
los gritos me salían involuntarios. Sujeté su antebrazo con mis dos manos para
que no dejara de pajearme. Necesitaba
descargar la tensión. Necesitaba que me exorcizara con un orgasmo dolido, de esos
que te escaldan los labios y te provocan ardor al hacer pis. Cada vez que yo
atinaba a aflojarme flexionado las rodillas, volvía a meter los dedos en la
vagina y me levantaba con fuerza.
Segundos antes del primer estallido, solté la mordida, pero pasé a sostenerme de su melena con la mano, porque el temblor me hacía perder la estabilidad. Ella no me dejaba caer. Apretó los dientes para soportar el tirón, pero dejó que me sujetara de esa forma, porque en los ojos se le notaba que al igual que a mí, el dolor no le afectaba el cuerpo mientras me veía acabar a gritos, rabiosa, demente y animal. Cuando el calambre dulce que me había recorrido la pelvis, las piernas, el vientre bajo y la espalda empezaba a irse comenzamos una tregua tácita de abrazos y besos blandos, con lamidas que trataban de reparar lo que le había causado en su labio inferior un minuto antes del remanso.
Existe un momento exacto del mes, que no puedo precisar con los números del calendario, pero sí identificar como los días previos a tener el período. En ese lapso de tiempo el cuerpo me pide bondange, lucha sobre la cama, sobre el pasto, en la cocina, sexo seco, todo lo más sádico que exista y que no me apetece el resto de los días. Con el devenir de la vida comprendí que en ese intervalo premenstrual no debo tomar ninguna decisión y advierto a los que están cerca de mí que si de la nada empiezo a discutir o les contesto para el culo, antes de enojarse por mi actitud, entiendan que toda esa mierda es producto de las hormonas avisándome lo que se aproxima. En cuanto al sexo es igual, mis gustos cambian rotundamente eligiendo lo que comúnmente no suelo elegir. Necesito algún tipo de laceración para que la rabia pase.
Es un estado vaginal de cólera, de
provocación. Nunca muestro tanto el escote como en esos días. Necesito una verga
dura y dolorosa, lenguas aceleradas, mordidas, cachetadas, mi piel palpita y hace que no me duelan las torturas. Miro a los y las
que me gustan como una bestia hambrienta. Se me
hincha la boca. La humedad de mi vagina huele a sexo, porque la calentura sublima y opaca cualquier
otro síntoma físico. Nada supera a esa fiebre. Furia sexual que me empuja al
ataque y lo único que me calma es discutir para cerrar la velada con sexo duro.
Después, el resto del mes, soy un Bambi dopado y vulnerable.
En cuanto a mi pareja sexual del momento, necesito que lo haga con la misma rudeza que yo despliego hasta dejarme agotada. La energía es mucha, el calor también, y no existe otro aliciente para calmar mi compulsión que molestar a todos los que me rodean en busca de una buena verga para metérmela en la boca o en la vagina, o para recibir una desquiciada paja como la que Leticia me dio luego de que le revoleara el sueco de por la cabeza. No me satisface una velada romántica de “hacer el amor” como sí la necesito el resto del tiempo. La cura debe ser una verdadera lucha en el lodo con un final feliz y sucio. Cómo si en la entrepierna tuviera el disyuntor de la ira, con la diferencia de que a mi tecla hay que friccionarla fuerte y sin delicadeza.
Solo en esos días busco que me correspondan con violencia y para lograrlo contesto para la mierda, o revoleo algo enojándome por estupideces. Más de una vez me di cuenta de lo que estaba transitando luego de ver estallar en mil pedazos alguna taza o vaso que tiré como respuesta. Creo que lo único que equipara a una paja rabiosa es jugar al tenis. Lanzar un revés ofensivo al cuerpo de mi contrincante, disfrutando cuando éste se queda perplejo de notar que propongo una competencia descarnada. Las devoluciones con gritos aireados y coléricos como gemidos. Un drive directo al pecho. El mango de grafito dentro de la mano cerrada como una mandioca erecta y dura sobre la que tengo absoluto control. Nada puede bajarme de esa demencia genital más que el sexo o el deporte.
Un rato antes, recuerdo haberle contestado a Leticia algo como "Dale, sí. Esperá que anoto tu opinión con en mi agenda invisible donde pongo las cosas que me importan un choto." O levantar la mano abierta frente a su cara, para decirle, “Háblale a mi mano porque no soporto escucharte"
Leticia me conocía e identificaba lo que me estaba pasando, no se enojaba con mi insolencia y eso me hacía hervir la sangre más todavía. Se reía sabiendo que estaba en un estado de demencia fugaz y que era inútil discutir conmigo. Sabiamente entendía que mi cuerpo estaba siendo analfabeto porque no encontraba las palabras ni la forma de comunicar lo que realmente necesitaba y buscaba sexo por medio de las peleas y las provocaciones.
Como ella no respondía a mi hostilidad de domingo más que con alguna que otra carcajada socarrona, fui hasta la
puerta del balcón y tomé un sueco que estaba en el piso para luego girar y
lanzarlo directo hacia su frente. No tenía una raqueta a mano para tirarle una
bola al cuerpo, pero sí una puntería
inigualable, haciendo que éste dejara una rajadura en la puerta placa del
ropero luego de que, gracias a sus
buenos reflejos, corriera la cabeza para esquivarlo.
Luego de los besos amorosos que nos dimos terminada mi cura la sujeté de los codos y la hice caminar hacia atrás hasta que cayera en nuestra cama. Saqué sin paciencia su pijama y el calzón y apoyé la nariz sobre la vulva. No se había higienizado todavía, porque estaba a punto de ir a bañarse cuando interrumpí su ritual matutino con mi enojo. Sin embargo la sublimación de las feromonas hizo que su aroma personal me estimulara más que el del jabón adherido a la piel rosada. Abrí la boca y estiré la lengua pronunciando una larga vocal gemida mientras la penetraba con la mandíbula tensa. Nada era delicadeza, nada era suavidad. De a ratos volvía a sujetarla con un tarascón en los aductores, o en los labios, pero sin sacarle sangre como lo había hecho al inicio de nuestra lucha. Una mordida firme e indolora como la que arremeten los felinos al ajustar los colmillos en el cuello de sus hembras para que no se escapen durante la cópula. Después mis mechones en sus manos, después los gruñidos, después calma, caricias y espuma abrazadas en la bañera.
A veces olvido contar los días del
mes y la ira inexplicable asciende. Los motivos para que empiece a pelear no
existen, yo los busco, escarbo neurótica sin entender realmente lo que quiero.
El cuerpo me hierve, todo me ofende, miro a los ojos, lloro, puteo y si por algún casual mi cerebro
se solidariza conmigo y me tira una alentadora pista, puedo entender que es
pasajero, que estoy así por la fiebre que me hace latir la carne y que con los años
aprendí que puedo aplacar con sexo
fuerte. Si estoy sola me siento en el bidet y me sacudo con furia hasta sentir que
el corazón se me sale por la boca, aunque no me alcanza. Luego salgo más calmada,
más consciente de la existencia de mi bipolaridad endocrina, con la que le compliqué la existencia a más de
una pareja que no supo entenderme.
Hoy es nueve de junio del veinte veintiuno. Escupo compulsiva este relato consciente de que estoy a cinco días de que me venga y vaya uno a saber por qué necesito guerrear con alguien que me rompa la remera y me chupe las tetas con rudeza mientras yo le araño la espalda sin piedad. Una vez un antiguo novio me dijo <<Si me seguís peleando te voy a curar de un vergazo>> y yo lejos de ofenderme le contesté sacando pecho <<Dale. Vení. Acá te espero pendejo>>
Y vos que estás leyendo esto ¿Qué mierda querés conmigo? Acaso te pareció corto este relato ¿Sabes qué? Me vale verga lo que pienses, porque si te tuviera enfrente te revolearía el otro sueco contra la cara para que vengas a luchar, porque necesito que me calmes.
By Judit Páprika
Todos los derechos reservados por el autor ©

Hermoso relato Judit! Felicitaciones! Y gracias por comunicar tu "fecha" así calculamos y en los días previos andamos todos con casco, por las dudas....
ResponderBorrarJajajaja Ok, ok. Besos, gracias.
BorrarMe exitas al maximo. golpeames donde quieras mi amor
ResponderBorrar💋💋💋
BorrarMuy buen relato Judit, creo que tendremos todos que comprar un casco y chaleco antibalas por si en esos días "nos atacas", aunque será un ataque maravilloso.
ResponderBorrarGran relato amiga, muchas felicidades.
jajaja Gracias Juan, 💋💋💋
Borrarsabes eres la punta de un puto iceberg a cada que busco más encuentro y mas delicioso niña, que me tienes la polla dura desde hace rato
ResponderBorrar