MIEL (un poco de BDSM)
Como exordio me senté en el borde de la cama con Álvaro de pie y al frente. Jugamos a que no me dejaba atraparlo. Me daba vergazos suaves sobre las comisuras y no me dejaba mover mucho la cabeza, porque él limitaba mis movimientos sosteniéndome del pelo. La regla era que yo no usara las manos ni él empujara hacia adelante. Cuando pude atraparlo y llenarme la boca, sentí la ciruela tirante y calurosa que babeaba impaciente. No mamé, solo succioné la punta jugando a sacar y a meter el glande con los labios, imitando el movimiento que se hace al comer sin usar las muelas, pero sin morder. Cuando se me estaba por escapar volvía a aspirar con fuerza para que, con ayuda de la saliva, resbalara hasta tenerlo adentro otra vez en el estrecho espacio que ocupan mi paladar y la lengua. Chupadas cortas y rápidas. Sorbía y empujaba al mejor estilo Santana XXL, haciendo que entrara y saliera poquito y ligero, junto con los chasquidos de preseminal y mi baba.
Lamer
no es chupar, como chupar no es mamar, porque en la segunda acción se succiona
alguna parte del pene y en la tercera se
lo introduce hasta la garganta y yo solo chupé. Chupé la cabeza molestando su
frenillo en el ir y venir hasta que no aguantó más y me rebalsó los costados con
leche blanca y espesa.
Al
rato nos atrapamos como animales en celo. Lamidas de caras, de hombros, de
cuellos. Pezones parado, sensibles y alertas. Un bulto húmedo y más
labios. El empuje irrefrenable de Álvaro al ritmo de los aplausos de mis nalgas
contra el frente de su cadera. Luego el cansancio, el sudor y el sueño.
Álvaro
se levantó en el silencio de la noche luego de que lo abrazara y me durmiera convencida de que al despertar él me
correspondería con lamidas dulces, porque yo no había alcanzado un orgasmo.
Estaba segura que al amanecer las cosas continuarían tan calientes y directas
como después de que atravesamos la puerta de mi departamento, pero me equivoqué.
Estiré la mano cuando el sol entraba por un costado de la cortina mal cerrada, sentí las sábanas arrugadas y el lugar vacío. Me despabilé lento mirando el techo, prestando atención a los ruidos de la casa suponiendo, tal vez, que él había ido al baño o a preparar el desayuno. Los bocinazos lejanos de la calle, el piar de los pájaros, pero nada de Álvaro. Ninguna taza de café tintinando en la cocina, ni el botón del depósito del baño presionado, tampoco el agua de la ducha cayendo. Cuando tuve la certeza de que efectivamente se había ido, caí en la cuenta de que era la tercera vez que él se retiraba de la misma forma dejándome con la calentura estancada en los ovarios. Una furia descomunal me ascendió desde el pecho hasta ponerme la cara colorada e instalarse en la frente frunciéndome el entrecejo. Pensativa y molesta me dije <<Yo no aprendo más. Me pasa por andar con pendejos>> y me prometí, otra vez, no volver a darle cabida.
Descalza,
con una remera larga, pero sin ropa interior me dirigí hacia la cocina para
preparar café. Sentada junto a la mesa, entre sorbo y sorbo y mirando a un
punto fijo del paisaje que me revelaba la antigua ventana del tercer piso, pensaba en lo que era conveniente hacer: si llamar para insultarlo, si bloquearlo definitivamente
del teléfono o simplemente esperar. Luego de meditar por el tiempo que me llevó terminar la
taza, entendí que ese mismo error ya lo había cometido antes, y que la dulce
energía, la fibra y el calor que tenían los hombres jóvenes en la entrepierna, era
inversamente proporcional a las consecuentes decepciones que me sucedían luego
de frecuentarlos, porque no había ni uno de su estilo que me dejara completamente
satisfecha.
Las
mejores embestidas las daba Álvaro, se movía mejor que cualquier otro hombre de
otra edad, pero carecía del tacto que yo
necesitaba para que me deleitara. Necesitaba
más que agitadas penetraciones, tal vez, un momento de suavidad para recibir
caricias de dedos o de una lengua lenta que me hiciera retorcer. Él era ideal para el desenfreno, en cambio
para el resto dejaba mucho que desear. Entendí, entonces, que el pendejo sólo se había aprovechado de la
situación, porque yo era débil a su
piel, así que resolví no llamarlo y me propuse ignorar sus mensajes en los días sucesivos. De todas formas, y a lo largo de la semana siguiente, casi como un hábito
revisaba el Whatsapp esperando alguna palabra, pero nada, y lo
veía en línea, aunque no para hablar conmigo. Con impotencia soporté no poder
llamarlo, porque sabía que tenía novia y no me interesaba romper ese código, pero ¿Era necesario tanto vacío? Un emoji de
su parte, una frase mal escrita con olor a mentira, tal vez. Nada. Álvaro no me mandó nada así que desistí de su
atención; porque el desgaste mental de recordar su verga gorda latiendo sobre
mi lengua era agotador y no podía
concentrarme en otros asuntos más importantes.
Al
mes de haberse escapado de mi cama como rata de alcantarilla, contesté con
un sobrio “Hola”, a su inexpresivo “Hola”, y sin ganas de reclamarle nada seguí
respondiéndole con mensajes acotados:
-
¿Cómo andas Judit?
-
(Manito de OK)
-
¿Podemos hablar?
- (Manito de OK)
- ¿Me vas a seguir contestando con puros “Okey”? ¿Estás enojada?
- ¡Naahh! Tranqui. Ya no. Me da igual.
-
¿Te doy igual? ¿Cómo que “Ya no”? ¿Estuviste
enojada?
-
¿Qué mierda querés Álvaro? Te vas en la noche
sin saludarme, sin hacerme acabar, no sé nada de vos en un mes y ahora me pedís
explicaciones de cómo te contesto. Por qué no te vas un poquito a la mierda ¿Querés?
-
Lo siento.
-
Ok. Todo bien, que andes bien Álvaro. Bye.
Incansable, me mandó cientos de mensajes con disculpas mal formuladas y supe que lo único
que a él le interesaba era no perder una vagina segura donde meterla. Así que
harta de leer sus justificaciones absurdas
y porque el melodrama me aburría, le contesté con la intención de cobrarle todas y
cada una de las veces que me había dejado con las ganas.
-
¿Sabés qué? – respondí luego de clavarle el
visto por días
-
¿Qué? - contestó
-
Sos un pendejo que tiene que ser reeducado y
esto que hacés, que hiciste antes y que yo permití que hicieras, no lo vas a
volver a repetir.
-
Lo sé, soy el más pendejo de todos.
-
No solo pendejo, también sos desconsiderado.
-
Lo sé...
-
Idiota.
-
¿Qué más? Larga todo Judit si eso sirve para
no perderte...
-
Interesado, soberbio… te crees astuto.
-
Sí, Judit lo soy ¿Qué más?
-
Me subestimas, me crees tonta porque a pesar
de estar enojada te sigo hablando.
-
Jamás te subestimé Judit.
-
Sí lo haces. ¿Y sabes qué? no me importa porque lo único que quiero ahora
es castigarte y no se me ocurre cómo.
-
Castigame Judit ¡Por favor! Castigame como creas
conveniente y juro que no me moveré de tu cama por las noches.
-
Ya no me interesa que te quedes en mi cama,
es lo último que deseo en estos días, pero sí quiero que pagues y vas a pagar Álvaro ¡Vas a pagar!
-
Sí mi ama – contestó él tratando de iniciar
un juego de sumisión.
-
¡Dios mio! No me digas “ama” ¿Qué juego de
mierda es ese? Ni yo soy dominante ni vos sos sumiso. Sólo me vas a dar lo que me
debés Álvaro. Nada más.
Apenas
abrí la puerta, le di la espalda sin saludarlo y me dirigí a la mesa para
seguir con la cena. Él entró y se arrimó despacio observándome comer y pasar la
pantalla del teléfono con el dedo. Cuando posó una mano en el respaldo de la silla para
apartarla y sentase, le chisté altanera diciéndole que no podía hacerlo, en
cambio si arrodillarse al otro lado de
la mesa en silencio hasta que yo terminara mi comida.
Álvaro
curioso y sonriendo se agachó y obedeció mi orden. Comenzó a hablarme divertido
sin comprender del todo el juego que le proponía, pero le aconsejé que cerrara el puto hocico, porque no tenía ganas
de escucharlo, además de que él no estaba en posición de ser impaciente.
-
Ya no contás con esa facultad estando
conmigo, me debes demasiado Álvaro, demasiado…
Mientras
él me observaba masticar, corrió la vista hacia abajo de la mesa y notó que no
llevaba ropa interior y tenía la vulva a la intemperie repleta de pelitos. Yo sabía
perfectamente que odiaba los pelos y siempre me había tocado y penetrado pelada. Creo que verme
así hizo que su verga reaccionara al instante empujándole la bragueta del jean,
entonces metió la mano para acomodarse la pija hacia arriba.
-
No te toques -le sugerí autoritaria
-
Se me está parando para abajo y me duele.
-
Entonces bajá el cierre y sacala, pero no
desnudes nada más y nada de manos ¿Está claro?
Cuando
terminé de cenar lo miré con ojos serios y llenos de rencor. Luego me paré para
hacerme un té y volví a la mesa con la taza caliente y una botella mediana de
miel líquida. Él supuso que podía
pararse pero volví a retarlo:
-
¿A
dónde vas? No, no, no. Vos te quedás ahí hasta que yo diga basta.
-
¿Esta es tu tortura Judit? – retrucó cansado del castigo - ¿Mantenerme
arrodillado mientras me ignoras?
-
Bueno. Ahí tenés la puerta entonces.
Pero
se quedó donde estaba sin agregar una palabra más.
Eché
miel en la infusión y revolví tranquila sin sacar la vista del celular. Para
ese entonces la verga de Álvaro se había achicharrado ya que el encuentro no
estaba siendo como él había imaginado: reclamos, gritos, caras de disgusto,
reconciliación con besos desencajados y
finalmente la cama o el sillón; pero no, nada de eso pasó.
Después
de vaciar la taza lo miré otra vez y le ordené que gateara lento hasta meterse
debajo de la mesa y poner la cara en mi entrepierna, pero sin tocarme. Mientras
él se acercaba adelanté la cadera al borde de la silla, abrí bien las piernas y
volqué la miel bañándome los labios y los pelitos.
Álvaro
veía como el líquido espeso se me escurría por la rajita, me untaba el clítoris, el culo, mojaba la silla y caía en
una sola gota uniforme y constante sobre el suelo. Su erección volvió a ser
tirante y dolorosa de tan dura. Le pedí entonces que me limpiara con la boca todo y cuanto me había
volcado entre las piernas y mientras lamía satisfecho sintiendo la melaza
sedosa sobre la lengua, continué bañándome las piernas hasta tener los pies
cubiertos.
Existe
un mito y es creer que las sustancias que resbalan o son grasosas aumentan las
cosquillas, cuando lo único que provocan
es insensibilidad, porque el frote de la lengua con esos ungüentos eleva la
temperatura de la piel adormeciéndola, logrando, con suerte, un orgasmo
distante y forzado. Nada caliente, ni frío debe ser posado
en la entrepierna si lo que se desea es estimular la zona. Pero la miel, así
como las mermeladas frescas, hacen el efecto contrario gracias a los chasquidos
del pegote que efectúa la lengua contra la puntita y los labios.
Mientras
él limpiaba yo me retorcía e intercalaba mis temblores de cadera con tirones de
pelo y orejas por sostenerlo de la cabeza para apartarlo y acercarlo a mi
gusto. Cuando acabé le pegué en la frente para que saliera y viera
de cerca cómo yo transitaba el goce sin dejar que me tocara más de lo que le había permitido; entonces Álvaro se paró para meterme la verga en la boca y
cuando tuve su prepucio en la mejilla le dije señalando una de mis piernas de arriba a abajo:
-
¡Ch, ch, ch! no tan rápido. Todavía te falta lamer todo esto...
Debajo de la silla los hilos de miel y
saliva empapaban el piso y cuando acercó
la cara a uno de mis pies le pedí que se sentara en el suelo un poco más
alejado que antes, para poder meterle los dedos en la boca. Me sostuvo de la
pantorrilla con ambas manos y chupó paciente falange por falange mirándome a la
cara mientras yo a la distancia abría y cerraba la boca imitando sus
movimientos de lengua con suspiros que acompañé con mi mejor cara de puta. El cuerpo me hervía. Todas las lamidas
adeudadas en una sola noche, en un solo acto, de los pies a la cadera, haciendo
que me limpiara la piel pegajosa. Se lo merecía por pendejo desconsiderado, se lo merecía.
-
No muerdas – lo corregí en un momento.
-
Perdón, se me escapó - contestó obediente.
-
Bueno que no se te escape más. Ahora seguí
con la otra pierna, pero mientras frotate el frenillo con un solo dedo mojado y ojito con tocarte toda la verga. No. Con toda la mano no. Te doy permiso de usar un dedo en vos y la lengua en mí. Ahora seguí que todavía tenés mucho por limpiar.
A
medida que él pasaba la boca por el empeine y se dirigía hacia la rodilla, de la punta de su pene no paraban de salir
gotas espesas de preseminal que caían contribuyendo al charco de miel y baba
que nos rodeaba.
No
conforme con que me acicalara las piernas y los genitales, me saqué la remera,
tomé la botella una vez más y me bañé las tetas. Cuando Álvaro vio como dos gotas
largas y amarillas pendían de mis pezones,
la leche lo desbordó y eyaculó intensamente casi sin tocarse. El espectáculo de verme bañada por el líquido
dorado y brillante le había hecho una paja mental que no le dejó contener el semen
resultante; sin embargo, el hecho de acabar sin penetrarme le provocó que siguiera erecto como al inicio y me rogó ¡Por favor! que lo dejara entrar por alguno de mis orificios sin importar
cuál fuera.
-
¡¡¡No!!!
- contesté – Te falta chupar esto Álvaro – dije sujetándome las enormes
tetas con ambas manos y desparramándome más miel por la barriga.
Cuando
él se acercó a succionar un pezón sonó el timbre, me paré desnuda y caminé hasta la entrada. Oculté el cuerpo detrás de la puerta y asomé la cara para atender. Luego cerré y revoleé el sobre que
me había dado el encargado del edificio sobre el sillón y volví tranquila desandando las pisadas de
miel hasta donde me esperaba Álvaro. Lo tomé de la barba, le di un beso dulce y, junto a la boca, le murmuré que debía irse.
Desde
la bañera escuché la silla rodar por el comedor, un vaso estrellarse en la pileta y el portazo
feroz que dio mientras salía; luego el tono del celular indicándome que un
mensaje había llegado.
-
Eres mala Judit...
- Sí Álvaro ¡La peor de todas!
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Un relato suculento y una venganza digna de las noches sin terminar, bravo de nuevo Judit por tan candente relato.
ResponderBorrarGracias Patricius siempre tal lindo vos. Besitos
Borrarpufff muy dulce, castigame igual reina
ResponderBorrar❤️🔥
BorrarY pensar que leería mi nombre en uno de tus relatos, cada vez mejor y calentandome como siempre... me encanto
ResponderBorrar💋💋💋
BorrarHermoso relato! Pero entre el revoleo de zapato en Furia y la venganza en.Miel hay que tomar los debidos recaudos. Muchachos...ojo con la escritora que es brava cuando quiere!
ResponderBorrarjijijiji 💋💋💋
BorrarJaja tienes toda la razón...
BorrarMe calento tanto leerte, es mi primer relato tuyo y ya quiero leer otro
ResponderBorrarFelicidades, gran relato ya estoy ansioso por leer otro 😙😙😙👏👏👏
ResponderBorrarGracias, en breve. 💋
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