LADY DICK - Capítulo I (Segunda parte) "SUCIO" (🌈 y BDSM)
LADY DICK
CAPÍTULO I - Segunda parte.
SUCIO
Imanol
lamió lento observando desde abajo como su profesora se retorcía y la
parsimonia también empezó a hacer efecto entre sus piernas, al punto de sentir,
una vez más la verga dolorosa y tirante por haberla guardado mal luego de la
paja que se había hecho en el fondo del aula. Para estar más cómodo y sin
apartar la boca de los labios peluditos de Judit, se bajó el pantalón y el bóxer
hasta los muslos quedando con los genitales y el culo al aire.
Como ese chupar mínimo le hacía borbotear la sangre se propuso no abandonar el juego del castigo que había iniciado su profesora mientras comenzaba a hacerse una nueva paja sutil, pero antes se mojó el índice con el semen que le había quedado pegado en el glande y reemplazó la lengua por el dedo que enterró entre los labio de ella repitiendo el mismo gesto que se hace al señalar algo, prescindiendo del resto de la mano o al decir "No, no, no" . Solo un dedo untado de leche sacudiendo el clítoris y girando, de a ratos, y sin entrar del todo, por el contorno de la vagina.
Judit
largaba gemidos que hacían eco en el aula vacía y cuando clavó las uñas en el
antebrazo de su alumno, se escucharon las bisagras de la puerta, porque el rector entró con la vista clavada en unos papeles
que traía entre manos dirigiéndose directamente hacia donde la profesora y su alumno se conferían lamidas y pellizcos varios debajo de la tabla de cedro lustroso. Ella, a
pesar del ofuscamiento que transitaba, en cuanto lo vio ingresar, y sin sacar su medio
cuerpo escondido, levantó la cabeza que tenía recostada sobre el respaldo de la silla, estiró los brazos con exageración y con ligereza, simuló un bostezó amplio y falso que le ayudó a camuflar cualquier grito o gemido que el rector hubiese escuchado antes de entrar al salón de clase. Por suerte éste estaba más atento a terminar sus tareas que en lo que ella hacía, y le habló con tono hastiado por tener que pasar a verla, como si abandonar su oficina le produjese algún
tipo de fastidio.
-
Escuchame una cosa Judit – dijo tirando las
planillas en el escritorio – Vos no firmaste el registro de planta ¿Te acordás
que tenías tiempo hasta hoy a las doce treinta para hacerlo? ¿Sabés qué? – agregó sarcástico – ¡Jelooouu! – gritó hacia techo – Ya son las doce y treinta y dos
“querida” Hace una semana que te lo vengo pidiendo ¿Y si cae una inspección y tengo la planilla incompleta? ¿Qué pensás que va a pasar? ¿A quién van a retar? ¿Eh?
-
¡Uy! Lo olvidé. Dame ¿Dónde firmo? –
respondió ella tomando la lapicera con torpeza.
-
¿Te sentís bien? - preguntó el rector pero casi sin importarle demasiado
-
¿Por qué? ¿Qué tengo?
-
Estas colorada
- No. Nada. Un poco de sueño nada más. ¿Dónde era que
tenía que firmar? – Agregó cambiándole el tema
-
Acá, acá y acá – contestó él señalando
los cuadritos del Excel – y luego agregó – Hay una mochila tirada en el piso
¿Es tuya?
-
Sí, sí es mía.
-
Okeiiii…– dijo no conforme de verla en el suelo
y no colgada en el perchero destinado a los objetos personales.
-
Es que la puse en esa silla y se
resbaló…olvidé levantarla.
Acto seguido el rector, con cara de desprecio, la tomó con dos dedos de una de las tiras, como si sostuviese a un trapo inmundo y la puso sobre la silla, pero enseguida retiró su atención de la mochila para volver a los asuntos administrativos que la profesora no había ejecutado durante la semana.
Mientra, Apolinar Osorio escuchaba el diálogo completo desde abajo del enorme escritorio que lo ocultaba, agradeció la rápida mentira que Judit improvisó al decirle que la mochila le pertenecía a ella para que no terminara en la preceptoría dentro del mueblecito de objetos perdidos.
A medida que se extendía la charla entre ellos, su excitación aumentaba por estar de polizón entre las piernas de su profesora, así que para hacerla temblar, y porque le daba curiosidad ver cómo ella disimulaba las cosquillas de clítoris frente al rector, sacó el dedo, le abrió los labio un poco más y volvió a posar la boca de lleno para lamerla con la lengua en punta y furiosa. Chupó desesperado, pero controlando los chasquidos que hacían la saliva y el flujo tibio que salían a borbotones a causa de sus besos libertinos. Vio de cerca que Judit contraía el bajo vientre y la piel de las piernas se le había erizado, así que por las dudas, y para que no intentara apartarse, la sostuvo de los muslos con firmeza. Ella sin dejar de hablar bajó una manó con disimulo y le tiró de los rulos para sacárselo de encima, porque tremenda chupada la desconcentraba y no podía prestar atención ni contestar lo que su superior le decía. Cuando su retorcerse era alevoso, se tapó los ojos y apoyó la nuca una vez más sobre el respaldo.
-
¿Qué te pasa? ¿Estás bien? - volvió a preguntar el rector.
-
Si. Si. Tranquilo solo es un calambre sobre
el muslo, es que volví a salir a correr y… - exhaló – ya sabes cómo es eso
que…- gemido corto - ¡Ay! Ya pasa, ya pasa…
-
Cuídate
y si necesitas un miorelajante pasa por la enfermería – dijo el regente sin ganas de saber más, ni de complicarse con problemas ajenos y se retiró con sus
planillas sin importarle demasiado lo que a ella le pasaba. Bastante tenía con sus asuntos.
Cuando volvieron a estar solos otra vez, Judit apartó la silla y miro sorprendida a Imanol que seguía como un cerdo hambriento babeándole toda la entrepierna, inclusive los
aductores.
-
¿Qué haces Ima? Tuviste que haber parado,
casi me descubre…nos descubre y ahí los dos de patitas a la calle…
Los
ojos de Apolinar Osorio brillaban por la emoción del momento como los de un niño pícaro que comía victorioso, sentado en el cenit de la gloria, el alfajor que acababa de robar con éxito. Lo había excitado el vértigo de ponerla en
jaque, teniendo que camuflar las cosquillas de dientes, de lengua, de labios, de dedos. Más rudo y goloso que al
principio, la hizo acabar a gritos
mientras ella, en una confusión de "salí y quedate", "frená pero no pares" lo sujetaba fuerte con
ambas manos de las orejas dirigiéndole la cabeza a su antojo.
-
Ahora métemela - le dijo jadeando, mientras se abría los labios
y le mostraba como su vagina se derretía sobre el cuero de la silla.
- ¡No! – respondió él tajante mientras se paraba
para subirse la ropa.
-
No podés negarte Ima. Estás castigado ¿Te
acordás?
-
Lo sé. No lo olvido – contestó mientras se
arrimaba para despedirse con un beso en la cara – Tengo que irme y esto de que nos descubran, me pone un poco
nervioso – le dijo mintiendo y contento de haber dado vuelta la situación.
<<¿Y profe? ¿Quién castiga a quién
ahora?>> pensó mientras se colgaba la mochila y la
oía insistir que deseaba verlo sacar leche sobre su cara.
Imanol
llegó a su casa, desesperado revolvió los papeles de su mochila buscando el que
su compañera le había escrito y enseguida agendó el número en su celular bajo
el nombre de Vanesa, porque no sabía cómo se llamaba. Eligió ese nombre, porque
fenotípicamente le recordaba a la protagonista de una película que había visto
años atrás y por la que se había hecho innumerables pajas. Vanesa Love: cabellera
negra, larga, brillante, lacia, con la piel blanca y los labios extremadamente rojos.
-Hola
-Hola
-Soy Imanol
-¿Quién? - respondió ella
-Esta mañana en la clase me diste tu número.
-¡Ah! Okey - resondió Vanesa seca.
-Me preguntaba si querés que nos veamos hoy.
-Donde vos digas.
-Ahora estoy en mi casa...
-¿Y dónde queda tu casa?
Imanol le
dio la dirección y acordaron encontrarse más tarde, porque él necesitaba bañarse,
comer algo y descansar; además su cara olía a los genitales de su profesora y su
entrepierna a leche seca y vieja.
Mientras
paseaba desnudo por la casa, preparando la ropa que se iba a poner luego de
salir de la bañera y ordenaba algunas cosas, escuchó el timbre. Corrió a ponerse
una remera y un short que lo cubrieran eventualmente para atender a la visita inoportuna.
Apoyó el ojo en la mirilla y vio a Vanesa del otro lado de la puerta. Movió los ojos impaciente tratando de resolver rápido qué hacer <<Pero si habíamos
quedado para más tarde ¿Qué hace acá?>> Nervioso por su llegada inesperada, aunque
emocionante, abrió sin poder dejar de sonreír como estúpido, contento
de tenerla cerca una vez más; en cambio, la expresión de ella era ilegible, muy
seria y no se podía interpretar si estaba alegre o disgustada. Se
saludaron solo con palabras y él la invitó
a pasar.
Vanesa
entró, recorrió la sala caminando despacio y mirando en detalle la disposición
de las cosas. Imanol se quedó semi
parado con la cola apoyada en el respaldo del sillón mientras la observada escrutar
todo el ambiente sin decir una sola
palabra. Cuando hubo terminado la pesquisa ella se sentó en medio del sofá con los
brazos extendidos y él le dijo:
-
Justo estaba por bañarme.
-
¿Me voy entonces? - respondió ella.
-
No. No. Quédate. Solo que… como habíamos
quedado para más tarde…
-
Lo sé. Pero me gusta sorprender a la gente.
¿Te sorprendí?
-
Si. Mucho - agregó él
-
¿Para bien o para mal?
- Para bien, claro – dijo Apolinar Osorio
riendo nervioso.
-
¿Por qué sonreís tanto? – le preguntó ella
con cinismo – pareces nervioso
- Es que lo estoy - le confesó Imanol
- Y ¿Por qué? ¿Se puede saber?
- No lo sé… o sí… ¡Qué se yo! Muchas cosas pasaron hoy, esta mañana. Lo de la clase tocándonos. Luego descubrir que vos sos… - y frenó la frase para no decir lo que realmente pensaba.
-
¿Que yo soy qué? - lo interpeló ella
-
Que vos sos tan linda – dijo en vez de
expresarle el asombro de descubrir que era una mujer trans. Luego se paró incómodo
y agregó -¿Almorzaste? ¿Querés que pidamos algo? ¿Una cerveza?
-
Sí.
-
¿Si a qué?
-
A la cerveza, el resto después lo vemos
-
¿Después? ¿Después de qué? - dijo finalmente Imanol
Vanesa sonrió sin contestar y agregó: :
- Rubia por favor y bien fría.
Cuando
él se arrimó a la heladera y abrió la puerta sintió que Vanesa se arrimaba por detrás y lo tomaba de la cintura
apoyándole su delantera contra el culo. Era evidente que estaba decidida a
continuar lo que habían comenzado clandestinamente en la mañana y que
poco le importaban las formas de cortesía que Imanol desplegaba ofreciéndole algo de comer o tomar como si se
tratase de una visita cualquiera.
Quieto,
atento y sin darse vuelta, cerró la puerta de la nevera sin sacar nada y
dejó que ella avanzara. Sintió también como empezaba a darle golpecitos de verga
sobre una de sus nalgas cubierta por la
fina tela del short. Cuando la erección de Vanesa era de piedra, y no porque Imanol la hubiera
visto sino, porque fue palpando cómo avanzaba su rigidez con cada uno de los golpes que le
propinaba contra el culo, ella lo empujó de la nuca hacia adelantes con
determinación, hasta hacerlo apoyar la
frente contra el borde de la mesada de la cocina.
Vanesa le bajó el short desvistiéndole por completo la parte baja y comenzó a pasarle el glande
pulposo y rosado entre los cachetes del culo. Él
se excitó al instante y de su verga sedosa y desobediente empezó a salir preseminal con gotas densas y constantes. Estaba
sucio; sucio de haberse pajeado a las nueve de la mañana en la clase, sucio, con la cara sucia de chupar a su profesora y de volver a calentarse por haberlo hecho; y ahora se ensuciaba más todavía por sentir como Vanesa le masajeaba la puerta del orto con el pene.
Cuando
ella dejó de apoyarlo, se agachó, metió la nariz entre las nalgas de Osorio,
olió, pero no lo chupó, en cambio le separó los pies y le observó desde abajo los huevos y parte de su erección, entonces estiró
la mano por entre las piernas y le atrapó el pene para llevarlo hacia atrás con
fuerza, como si de algún modo intentara que él se autopenetrara. Apolinar Osorio no tenía
la verga chica, tampoco enorme, aunque
no lo suficientemente larga como para lograr
lo que Vanesa pretendía. Cuando ella vio que no llegaba a meterle el glande en su propio ano, lo soltó y le dijo enojada:
-
Tu verga es tan chica que no sirve ni para
que te rompas el culo solo
Imanol,
lejos de ofenderse, largó un gemido extasiado de escuchar tal humillación y
Vanesa supo al instante que la denigración de sus genitales era el detonante
para hacerlo delirar de deseo. De ahí en más no paro de decirle que su verga
era la cosa más espantosa y diminuta que había visto en toda su vida y acompañó
las palabras tironeándole agresivamente el pene hacia atrás, como si procurara
arrancárselo.
-
De tan chica que la tenés no quiero ni mirarla
de frente, porque me daría lástima, así que te vas a quedar ahí reclinado hasta
que yo me saque las ganas de hacerte lo que se me cante la regalada gana ¿Entendiste
Pijicorto?
-
Entendí perfectamente y hacé lo que se te
cante conmigo preciosa. No sé tu nombre
-
No tenés por qué saberlo. Para vos soy, emm... Lady
Dick
-
Ok, Lady Dick. Estoy a tus ordenes
-
Bien – asentó ella dominante – así me gusta -
y le indicó que se quedara quieto como estaba, mientras ella tomaba la espumadera que él usaba para dar vuelta los huevos revueltos en las mañanas y que colgaba debajo
de la alacena.
Imanol
expectante y emocionado por lo que se venía, porque lo estimulaba demasiado
saber que sería finalmente castigado como deseaba y no con la tibieza que lo
había sancionado su profesora, se quedó
estático, reclinado sobre la mesada parando el culo, sin dejar de sacudir el pene
terriblemente erecto cuando ella se lo soltaba, que no dejaba de escupir moquito caliente sobre la
cerámica de la cocina.
Cuando Lady Dick volvió a sujetarlo por entre las piernas y a estirárselo con más violencia que una máquina de tambo estira las ubres de una vaca lechera, con la parte plana de la espátula metálica empezó a darle fuertes nalgadas hasta dejarle la piel al rojo vivo. Cada vez que lo golpeaba, el largaba un alarido placentero y la punta de su pija se ponía más húmeda y pegajosa.
Cuando Lady Dick dejó caer la espátula al piso, le metió dos dedos secos por
el ano y escarbo hasta el fondo para masajearle la glándula con fuerza. Intentó
meter la mano completa, pero no pudo, porque luego de cuatro dedos sintió que las paredes del ano se tensaron generando
un espasmo que le estranguló las falanges. Cuando finalmente Imanol eyaculó largando
hasta la última gota de calentura contenida, a causa de la presión que ella había ejercido desde adentro, Lady Dick le sacó los dedos del culo
y se los arrimó a la cara para que los chupara, entonces Apolinar Osorio,
cerrando los ojos, los lamió desesperado y con esmero como si se tratase de un delicioso chupetín de
culo.
Ahora
estaba mucho más sucio que antes, no solo por las repetidas babeadas de pene
que tuvo a lo largo de la mañana, sino porque su boca olía a la vagina de su
profesora y a su recto y eso le hizo perder la cabeza al punto tal que, a pesar
de haber eyaculado demencialmente por segunda vez en el día, su erección seguía más tensa y latente que al
principio.
Lady
Dick lo soltó y se apartó de él. Tranquila abrió la heladera para sacar una cerveza y volvió a sentarse con confianza en
el sillón. Imanol, algo destartalado, con calma, se dio se vuelta y pisó el
short empapado de semen de entre los tobillos. Cuando la vio sentada tan sexy, tan bella con el pene enorme y alerta asomando por debajo de la falda, se
puse en cuatro patas y caminó como un perrito obediente hasta quedar con la
cara frente a los huevos de Lady Dick. Esa
mañana había sido el más obediente con todas las hembras que se le habían cruzado
en el camino, solo que ahora lamía las bolas firmes y rosadas de su compañera. Ella complacida y cómoda mientras tomaba la
cerveza y recibía sus caricias, lo observaba lengüetear hambriento y
obsecuente sabiendo que él no iba a parar de comer, tragar y escupir a su antojo.
Después
de un rato Lady Dick se paró y le pidió que se subiera al sofá, pero no en la forma
convencional de sentarse, sino, que apoyara la espalda en la
sentadera, subieras las piernas por el respaldo y colgara la cabeza por fuera
del sillón, es decir, que se pusiera patas para arriba. Cuando él terminó de
acomodarse, Lady Dick se agachó un poco y le penetró
la boca con desesperación formando un 69 extraño, cuasi vertical, haciendo que Imanol se pusiera rojo del ahogo y diera
arcadas continuas por no resistir la fuerza con que ella le perforara la
garganta. Le estaba cogiendo la cara de
la misma forma que un faquir se introduce una lanza por la tráquea. Imanol no tenía salida, todo el peso de Lady Dick
entrando en su boca mientras ésta lo sujetaba de los tobillos con ambas manos
para que no se zafara.
Cuando
ella lo rebalsó de leche y salió de encima de él, Imanol giró apresurado
tratando de recuperar el aire tosiendo y goteando semen por la nariz. Sentía que se le
iban a descolgar los ojos por la asfixia de sentir empastado todo su espacio torácico y pulmonar; sin embargo le había fascinado la rudeza con que Lady
Dick lo había tratado. En cuatro patas
otra vez, siguió escupiendo leche sobre la alfombra y con debilidad miró como ella se acomodaba
la ropa, terminaba su cerveza y le acercaba un pie hacia la cara para que le
besara la punta del borceguí negro:
-
Besame ahí. Saludame, que me tengo que ir.
Y él
beso el cuero con los labios empapados.
Luego
de que Lady cerrara la puerta él se tiró boca arriba en el piso y miró el techo,
conforme, feliz de haber encontrado
finalmente a un ser que superaba enormemente sus preferencias a la hora de
copular. Y se durmió, con cada uno de sus orificios rotos, llenos y sucios, muy
sucios.
By Judit Páprika
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS POR EL AUTOR
Enorabuena Judit. Gracias por compartir esta novela reina. No veo la hora de ver como sigue y Puff ya te digo que me enciende leerte.
ResponderBorrarBesito lindo, me alegro te guste. En unos días más publico el segundo capítulo.
BorrarHabía perdido un poco la pista sin embargo me encanta aún cómo escribes, me fascina y esta obra no ah sido la escepcion
ResponderBorrarMe alegro te guste 😘😘😘
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