LADY DICK - Capítulo I (Primera parte) "LA BARRICADA DE IMANOL APOLINAR OSORIO" 🌈
(Capítulo pedido por un lector con sus fantasías como ingredientes)
LADY DICK
CAPÍTULO 1 - Primera parte
Imanol entró decidido a cumplir su fantasía sin que
lo descubrieran. Ya había notado antes que su profesora lo observaba con
detenimiento y cuando él la correspondía con sus enormes ojos negros, ella
apartaba la mirada tratando de disimularlo, enfocando la vista hacia el
celular o contestando alguna duda de otro alumno. Solo una vez ella lo miró
firme durante una clase del inicio del ciclo lectivo cuando él se había quedado
hipnotizado con el botón de la delantera de la camisa de su profesora que se
esforzaba por mantenerse prendido del ojal dejando asomar apenas,
el borde de un sostén de encaje blanco que lo hacía abstraerse de
todo y cuanto pasaba a su alrededor. Cuando ella se dio cuenta de esto,
no le apartó la mirada como en otras oportunidades, sino que la sostuvo
iniciando una lucha astigmática, hasta asegurarse de que él bajara la suya
hacia los apuntes.
Esta vez Imanol quería descargar las ganas con
disimulo, al menos fregándose por sobre la ropa y bajo la mesa. No
deseaba irse como otras veces con una erección tremenda, con dolor de
huevos, el tronco acalambrado y caminando despacio hasta el baño más cercano
para deslecharse a solas rodeado por el frío de los azulejos blancos y el
vaho lejano a peróxido concentrado, que tienen todos los baños públicos y
pulcros.
Entró sin saludar cuando las explicaciones del día
ya habían comenzado y se dirigió a los asientos del fondo. Sacó su libreta, a
pesar de saber que no iba a anotar nada, se sentó y colocó su mochila sobre las
piernas para taparse la bragueta. Cuando Judit comenzó a hablar sobre cosas que
él captada en pequeñas porciones de sonido, gracias al abombe de cabeza que le
provocaba la excitación, con disimulo se bajó el cierre y sacó la verga
en toda su plenitud dejando los huevos escondidos dentro del pantalón.
No entendía por qué al escuchar a su profesora
podía prestar atención al sonido de su voz, pero no del todo al contenido de
las palabras y la imaginó arrodillada entre sus piernas lamiéndole el contorno
del glande con la punta de la lengua, intercalando los besos y chupadas con
palabras dulces y concupiscentes, así que con el dedo trató de recrear como
podría sentirse eso. Fregó el frenillo y los costados pulposos de la cabeza,
pero la yema de su índice estaba seca y se le presentó el dilema de cómo haría
para humedecerlo sin que el resto de sus compañeros lo vieran chupándoselo.
Para colmo por el agujerito de la uretra todavía no asomaba ni una sola gota de
preseminal que pudiera usar de lubricante y que lo ayudara a no tener que
recurrir a la saliva.
Cuando ella se dispuso a escribir en el pizarrón
dando la espalda al resto de la clase, mostrando como los rulos de su pelo
largo llegaban casi a la cola, el no pudo contener la ganas de humectarse el
tronco, así que subió su mano y se chupó rápido dos dedos para volver a
frotarse con más suavidad. Apena terminó de hacer ese movimiento veloz, una
compañera, que estaba en la otra punta del aula, también en el fondo, lo
vio justo cuando sacaba de su boca las falanges goteando baba. Intrigada y
atraída por lo que Imanol hacía, tomó su cuaderno anillado y lo bajó para
apoyarlo también sobre sus muslos imitando la barricada que él había hecho con
la mochila para ocultar la erección, con la diferencia que ella no se tocaba ni
asomaba nada, todavía. Aparentemente la humedad no había sido
suficiente para Imanol, así que con cautela, se inclinó un poco hacia
adelante y escupió una gota certera sobre la punta del pene.
Por un momento el deseo se había vuelto
triangular: la compañera lo deseaba a él y observaba atenta los movimientos qué
éste hacía para consolarse con disimulo deseando a su profesora, mientras
se frotaba con la yema la cabeza morada y tirante. Él no había
prestado mayor atención a la chica, porque se encontraba en un sopor dulce de
calentura y lo único que le preocupaba era que su profesora no lo
descubriera haciéndose una paja cuasi pública y silenciosa.
La chica entonces levantó la delantera de su falda,
metió la mano para apartarse la ropa interior y sacó por un costado del
elástico jaspeado un enorme pene rosado con dos huevos hinchados y afiebrados
por el efecto de contener la leche por varios días. Sin importar que
Imanol la descubriera comenzó a frotarse detrás del cuaderno haciendo subir y
bajar la piel del tronco con ligereza. No destapaba la cabeza del todo, pero se
notaba a través del cuerito que su glande era enorme y carnoso como una ciruela
madura en plena temporada de cosecha lista para ser mordida.
Después de un rato y cuando la uretra le
proporcionaba algo más de lubricante natural, de refilón Imanol se
percató lo que su compañera hacía imitando una barricada similar a la de
él para tocarse en la clandestinidad del aula, y esa comunión
oculta del deseo le infló el pensamiento, no solo por descubrir que ella era
una chica con sorpresas, sino también, porque se excitó demasiado al ver
que de la puna de la verga le brotaban incesantes gotas de un preseminal
viscoso y perfumado. Cuando ella, intencionalmente, le empezó a mostrar cómo se
destapaba la ciruela completa, él dejó de mirar a su profesora y de
masturbase con un solo dedo para tomarse la verga con toda la mano y
sacudirla cortito y rápido hasta sacar más leche de la que solía
largar en las pajas matutinas bajo las sábanas o dentro de las medias.
Sin querer se empapó el costado del pantalón,
porque la mano no le alcanzó para contener todo el semen que se le escurría por
entre los dedos, inclusive algunas gotas fueron a parar al suelo bajo su silla
y las escupidas también le ensuciaron la mochila. Su compañera, al ver su
exabrupto, tampoco pudo contener la leche por más tiempo, sin embargo, a
diferencias de Imanol se guardó la verga un segundo antes de eyacular y
dejó que su pene largara todo dentro del calzón.
Cuando la clase estaba por finalizar y la profesora
daba las últimas recomendaciones y saludos, la compañera de Imanol se paró con
una lapicera en la mano, se acercó a él y sin mediar palabra le anotó su
número de celular en una de las hojas que él tenía sobre la mesa con el
siguiente mensaje:
“Quiero mamarte esa delicia y que vos hagas lo
mismo conmigo. Mi leche es toda tuya”
Luego salió por la puerta dándole la espalda
y zarandeando la falda corta y tableada.
Mientras todos se retiraban e Imanol guardaba
sus cosas con una parsimonia intencional para salir último y que nadie
viera las gotas de semen sobre la botamanga y la erección que persistía, a
pesar de haber eyaculado minutos antes, Judit aprovechó la soledad de
ambos dentro del aula y le dijo lo siguiente:
-Osorio, no se retire. Quédese por favor que
necesito decirle algo.
Su profesora le indicó entonces que se sentase en
la silla que estaba al otro lado del escritorio.
-Apolinar Osorio ¿Sabe qué?
-¿Qué profesora? – contestó él.
-Lo vi
-¿Me vio?
-Si Osorio lo vi y no puedo permitir que usted haga
esas cosas en mi clase, no sin mi consentimiento.
A pesar de la llamada de atención, notó algo
particular en la forma en que ella largaba las palabras. <<¿Sin
mi consentimiento dijo?>> No era el tono de alguien enojado sino
todo lo contrario, hasta se percató de un minúsculo movimiento de lengua que
hizo al humectarse el labio inferior, señal necesaria para darse cuenta que su
profesora lo que menos estaba era enfadada, más bien curiosa y
deseosa se saber qué era lo que él le había ocultado, en complicidad de
su otra alumna, sentados en el fondo del aula.
-¿Y
qué vio profesora? – preguntó más calmado
-Lo vi tocándose
Osorio.
-Pero si me tapaba con
mi mochila ¿Cómo pudo verme hacer eso?
-¡Ah! ¿Entonces
sí lo hacía? No soy tonta Osorio, lo que no comprendo es por qué nunca
dijo que yo le gustaba y esperó a estar tan desesperado como para masturbarse
en mi clase corriendo el riesgo de ser descubierto por todos ¿Se imagina qué
hubiese pasado? ¿O acaso eso le excita?
-Sabe que pasa
Judit, usted a mí me vuelve loco. De cada una de sus clases salí erecto y traté
de ocultar mi bulto con la mochila. No pude ni puedo evitarlo profesora. Espero
me entienda.
-Trato de
entenderlo Osorio, pero necesito escuchar de su boca qué le causa mi
clase, qué es lo que le pasa cuando me ve. ¿Acaso yo le insinué algo alguna
vez?
-No. No confunda
Judit, no es su culpa. Usted no hace nada incorrecto. Es solo que…
-¿Qué? Dígalo.
Me... preocupa.
-Su voz
profesora. Cuando usted habla no puedo parar de imaginar que me habla a mí, tan
pero tan dulce, mientras arrodillada entre mis piernas, me la mama desesperada.
Imagino después cómo sonarán sus gemidos y automáticamente la verga se me tensa
de una manera... que me hace doler los huevos de lo parada que se me
pone.
Mientras Imanol se abría ante su profesora y
ella lo miraba seria, porque no había imaginado recibir una respuesta tan
gráfica de su parte, esta se recostó lentamente sobre el respaldo de la silla
para procesar tal declaración, pero no para tomar distancia de él, sino para
parecer relajada. Lo estaba disfrutando. Tal vez luego simulara sorpresa para
que su alumno no se diera cuenta de que lo que a él le pasaba era exactamente
lo mismo que a ella le pasaba hacía tiempo y que muchas noches se había
masturbado pensando en que lo sometía lento y firme bajo las
sábanas. Judit entendía perfectamente lo que a Imanol le acontecía,
porque el deseo era mutuo, sin embargo, lo dejó hablar y lo escuchaba sin
interrupciones y sin emitir mensajes con los músculos de la cara, porque
necesitaba oírlo convalidar sus suposiciones. Toda la situación le
humedeció el calzón como pocas veces le había pasado antes. Un abanico de
posibilidades se habría entre ambos para hacer efectivo un encuentro y dejar en
el pasado el deseo truncado, las caricias a solas, el miedo por transgredir los códigos, morales
éticos y académicos.
-Sabe qué Osorio – dijo
abriendo las piernas a pesar de que vestía de la cintura para abajo un jeans
grueso y ajustado.
-¿Qué profesora?
-Usted tendrá que ser sancionado, severamente
castigado.
-En serio profesora? ¡OK!
Entiendo si decide expulsarme de su clase, pero por favor no le cuente al
regente lo que hice. No me aceptarían en ninguna otra universidad con este
antecedente. ¡Se lo ruego!
-No me está entendiendo
Osorio. ¿Sabe cuál será su castigo?
-¿Cuál
profesora?
-Su castigo
tendrá varias etapas que no le serán nada fáciles de superar. Pero vamos con
calma. Como primera medida, ahora mismo deberá arrodillarse y meterse debajo de
mi mesa. Oculto, ahí abajo, va a lamer sin parar lo que le dé de lamer
hasta que yo esté conforme y diga basta. Y usted va a obedecer ¿Entendió
Osorio? Usted es un pésimo alumno, veamos entonces si es bueno en algo. Veamos
qué tiene para mí.
Imanol sorprendido y con los ojos muy abiertos de
escuchar el castigo que debía cumplir, que se parecía más a un premio que a un
castigo, porque supuso tal vez que le haría un acta o un sumario que le
imposibilitaría el ingreso futuro a otra universidad, obedeció
sumiso dejando la mochila todavía mojada de leche en el piso y se escurrió por
debajo del escritorio hasta llegar con la cara a la entrepierna de su profesora
y ver de cerca como ella se desabrochaba el cinturón, se quitaba una sola
pierna del pantalón, lo acurrucaba en la otra y con el culo empujaba la silla
de rueditas hasta ocultar el cuerpo, de la cintura hasta los pies, debajo de la
mesa.
Judit, desde su perspectiva, veía la cara de
Osorio asomada bajo el escritorio y como éste lamia despacio los pelitos y lo
labios sin enterrar la lengua de lleno en la ranura que ocultaba su
clítoris pequeño. Imanol perverso lo hacía lento mirándola a los ojos,
exagerando su obediencia mientras intercalaba los lengüetazos con frases como:
-¿Así está bien
profe? ¿Me apuro un poquito más?
-Si Osorio,
acelere. Acelere Osorio. Es una orden.
-Pero a mí me
gusta despacio profe.
-Pero a mí me
está volviendo loca y esa cara de cerdo que pone…
-No quiero
apurarme profe. Quiero lamerla así de lento sin abrirle los labios ¿Qué me hará
si no me apuro? ¿Me va a castigar más? ¿Eh?
-¡Ay, Osorio!
¡Ay!
-Dígame Ima
profe por favor…
-Bueno “Ima” si
usted no me obedece le voy a tirar del pelo para sostenerle la cabeza y
fregarle la concha en la cara sin que pueda escaparse, hasta que la coma de una
vez por todas como yo quiero que lo haga.
Continuará…
Muy buen relato, lo ameeee, es uno de los mejores relatos, ya estoy ansioso por más😍
ResponderBorrar💋💋💋
Borrares navegar por tu blog y tocarme sin parar hermosa - en buena hora haberte encontrado
ResponderBorrarMe gusta te guste lindo 💋
Borrarmmmm que excitante el nerviosismo y la osadía en cuestión. que mente la tuya..
ResponderBorrarJijiji 💋👅👅
Borrar