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LADY DICK - Capítulo II - HELADO A DÚO (🌈 y BDSM)




(Capítulo pedido por un lector con sus fantasías como ingredientes)

LADY DICK

Capítulo II

Helado a dúo

No era de pintarse ni de arreglarse demasiado para ir a la universidad,  pero tenía la necesidad de llamar la atención de su alumno una vez más sin levantar sospechas en el resto de la clase. Se puso una blusa blanca de gasa fina, engañosamente transparente, porque no dejaba ver a través de la trama,  pero sí el relieve del encaje  ya que el espesor de la tela era ligero y se adhería a la piel con el calor del  cuerpo. Los labios rojos, el pelo sujetado con una raya al medio, una trenza larga que iniciaba en la nuca, recorría el centro de la espalda y apoyaba la punta entre los cachetes de la cola.

Los alumnos fueron ingresando y le llamó poderosamente la atención lo bella que se encontraba Emily ese día, su única alumna trans. Sabía que lo era, porque ella misma se lo había aclarado en una de las primeras clases cuando Judit le halagó las botas que llevaba puestas y ésta le contestó:

-          Gracias profe, no sabe lo que me costó conseguirlas.  Las tuve que encargar por internet.

-          ¿Por qué te costó tanto?

-          Pon mi talla…

-          ¿Qué pasa con tu talla?- Repreguntó la profesora sin entender

-          Es que profe, calzo cuarenta y cinco

-          ¡No! ¿En serio Emily? Si no me lo decías no me hubiese dado cuenta. Siempre tan hermosa vos.

-           Y si tuviese algún resabios que evidencie mi masculinidad imagino que seguiría siendo hermosa ¿no?

-          Por supuesto Emily. Sos una persona encantadora.

Sin duda, Emily era una de las personas más esbeltas y con mejor estilo para la ropa que había conocido jamás.

Cuando todos se terminaron de acomodar en sus bancos Judit notó que Apolinar Osorio no había ingresado y su silla seguía vacía. Como ya eran las 8:15 no pudo esperar más y arrancó con la clase preguntándose qué había sido de él siendo que desde principio de año nunca había faltado.

Mientras sus alumnos se concentraban en copiar un simple mapa conceptual sobre el tema que  había explicado y copiado en la pizarra blanca, caminó tranquila hasta el fondo del salón, acomodó una silla apoyando el respaldo contra la pared, se sentó y  trató de inspeccionar cuál era la perspectiva que tenían sus estudiantes. A la izquierda y a unos metros  Emily mamarracheaba su cuaderno; a la misma distancia, pero a la derecha , la silla de Apolinar Osorio vacía. Sin darse cuenta se quedó mirando la butaca desocupada pensando en las posibles causas del faltazo de su alumno preferido y cuando enderezó la mirada hacia el frente, Emily la observaba con mucha curiosidad y sin disimulo. Judit esquivó la comunicación astigmática entre ambas y trató de hacerse la distraída, pero ésta, en voz baja para que el resto de la clase no escuchara, le dijo:

-          ¡Qué raro haya faltado! ¿No profe?

-          ¿Quién? – Respondió Judit, fingiendo muy mal no estar preocupada de que Emily le hubiese leído el pensamiento.

-          Osorio profe. Que es extraño no haya venido.

-          ¡Ah sí! ¿El de rulitos decís?

-          Sí, sí ese.

-          Sí, es raro, pero a veces pasa – y se paró rápido para dirigirse a su escritorio. 

       A la semana siguiente, Judit sin levantar la vista de sus papeles, veía de refilón pasar las zapatillas de sus estudiantes que ingresaban con desgano. además no quería hacerlo con ímpetu, porque intuía que Emily estaba atenta a lo que ella observaba. De pronto las Converse azules caminaron  junto a la mochila que el rector había levantado un tiempo atrás y que pendía de una mano que recorría el pasillo entre los bancos hasta acoquinarse al costado y al en el fondo del aula. Ocupaban siempre los mismos lugares. Cuando el salón estuvo completo, Judit comenzó a explicar lo que seguía del programa de estudios,  tratando de disimular la revolución interna que le causaba la presencia de Apolinar Osorio.

Transcurridos los minutos y luego de varias aclaraciones, una vez más se hizo el típico silencio sepulcral  de esperar a que sus alumnos terminaran de copiar lo plasmado en la pizarra, entonces levantó la vista desde el frente y notó que Emily y Apolinar se miraban fijamente mientras cada uno sacudía un brazo escondido entre  sus piernas. Rabiosa de celos se paró impulsiva y arrastró su silla con rueditas hasta golpearla con la pared del final del aula con la intención de cortar la conexión entre ambos. Era común que se trasladara hasta allí, lo había hecho en muchas ocasiones, pero su propósito, esta vez, no era el de tener una perspectiva de lo que había escrito en la pizarra,  sino el de  interrumpir cualquier sujeción que hubiera entre ellos. Estaba furiosa.



Cuando Apolinar Osorio y Emily la vieron acercarse cada uno sacó su mano escondida  y continuó escribiendo como si nada inusual pasara, pero Judit vio que por debajo de la media de nylon negra de su alumna se asomaba una enorme verga dormida que rebasaba  casi por quince centímetros  el ruedo  de la falda. Un pene venoso y grueso imposible de rodear con una sola mano de tan gordo. Tenía las venas saltonas que lo recorrían y que concluían justo antes del glande, una cabeza apetitosa similar  a  una fruta tersa que se deshace en el paladar y que  más que una ciruela tirante tenía la coloración y el aspecto de un durazno maduro y delicioso.    <<¿Cómo es que esconde terrible tronco bajo una falda tan cortita>>  Sin darse cuenta el pene la cautivó y para sus adentros entendió un poco por qué Apolinar Osorio  se había hechizado con su magnificencia.  A pesar de reconocer los atributos y la belleza de Emily, un río de tristeza y decepción le inundaron el pecho, porque hasta ese momento había estado convencida de que Ima se tocaba por ella y no por su alumna.

Ninguno miró la cara de ninguno durante los minutos en que Judit se impuso en el fondo para interrumpirlos. Con el aire tenso Apolinar Osorio  no sacaba la vista de su cuaderno y Emily, todavía con la verga descansando sobre el muslo hacía lo mismo que él; entonces, la profesora con resignación volvió a llevar su silla al frente y siguió seria y desganada hasta finalizar la clase.

Esta vez Judit no pensaba pedirle a Apolinar Osorio que se quedara después de clase para hablar como había hecho antes, con el propósito de castigarlo obligándolo a fregarle la entrepierna con alguna extremidad del  cuerpo que le sirviera para causarle  placer. Había perdido las ganas de tenerlo cerca, lo había soltado y, aunque le dolía profundamente renunciaba a sus caricias de lengua, porque prefería que si no era con ella con quien se calentaba, mejor ni olerlo y establecer distancia.

 Todos salieron con cortos saludos de <<Hasta la semana que viene profe>> y ella les respondía seca sin mirarlos mientras juntaba sus cosas del escritorio. Cuando creyó que el aula ya estaba vacía y atinó a arrimarse a la puerta para salir, vio que Apolinar Osorio seguía sentado y levantaba la mano para saludarla desde su silla:

-          Ya terminó la clase Osorio, puede retirarse.

-          No lo voy a hacer hasta hablar con vos.

-          Bueno se quedará solo porque yo me retiro.

-          Sé que no tengo excusas para justificar lo que nos viste hacer con Emily cuando  viniste al fondo...

¿Sabe una cosa Osorio? Ya no me interesa hablar más con usted, no me interesa lo que haga con su compañera y por favor trate de no hacerlo más en mi clase ¿Estamos?

Cuando ella se colgó el bolso al  hombro y tomó el picaporte, él se apresuró para sujetarla de un brazo, darla vuelta contra la pared y arrimarle la cara para besarla con saña. Ambos dejaron caer sus pertenencias al suelo. Judit trató de apartarlo sosteniéndolo del cuello

-          ¿Qué mierda te pensás Ima?

-          Dejaste de tratarme de “Usted” – dijo él y volvió a besarla

Judit resistiéndose muy poco y  sin éxito le metió la mano dentro del pantalón y sacó los dedos llenos de leche producto de la eyaculación que había escondido minutos antes por haber estado jugando a la pajita clandestina con Emily. Cuando la profesora sintió la humedad y vio los hilos de semen colgando de sus uñas, lo miró una vez más a los ojos y le dio un fuerte cachetazo dejándole la mejilla empapada de guasca fría.  Apolinar Osorio lejos de devolverle el golpe  volvió a arremeter con mas besos y mordidas hasta dejarle el cuello marcado. Como pulpo no paraba de sacarle la ropa, porque decididamente iba a cogerla como un animal alzado, aunque ella se resistiera. Cuando le sostuvo las tetas con ambas manos y empezó a pellizcar los pezones, ella  lo apartó de un empujón fuerte:

-          Acá no pendejo pelotudo. Nos van a echar a ambos.

-          OK. Seguime – dijo él seguro y salió del aula.

Caminaron rápido hacia sus respectivos autos y Judit lo siguió hasta que él estacionó frente a una casa. Apolinar salió apurado del coche, abrió la puerta y la vio descender sin el pantalón puesto, amén de que los vecinos pudieran verla transitar en culo y con  la vulva al aire el sendero de entrada que daba desde el cordón de la vereda hasta el palier.   Ima no pudo evitar sonreír con picardía.

-          ¿Se exhibe con mis vecinos profesora? Eso para mí es guerra declarada. Descuide que ya va a tener su merecido por atrevida – le dijo mientras la dejaba pasar.

Una vez adentro, luego de que él azotara la puerta con violencia haciendo que la placa rebotara y quedara levemente entornada,  corrió hacia Judit  para sujetarla de los pelos, aplastarle la cara contra la pared y fregarle el culo con su delantera abultada. Judit se dejó someter sin peros, pero al rato se zafó de sus manos agachándose hábilmente e imitó su gesto sujetándolo de los rulos negros; entonces  le fregó las tetas por la espalda y jugó  a pasarle  la vulva sobre el culo. Mientras hacia eso, Judit sintió celos de Emily, porque deseaba tener su enorme pene para fregarlo como era debido.  Osorio sin sentir nada se dejó sujetar  y friccionar tanto cuanto ella quiso. Judit volvió a meter los dedos adentro de su calzón para ensuciarlos y obligarlo luego a que se los acicalara.  

-          Tome la leche que le sacó su amiguita  Apolinar, chúpela.

Imanol, una vez más se encontraba sojuzgado desde la espalda, de la misma manera que lo había hecho Lady Dick semanas antes,  sólo que en esta ocasión  su profesora no procuraba provocarle una autopenetración, sino que aprovechaba la leche embadurnada en la pija para resbalar la mano y masturbarlo con comodidad.  



-          ¿No le da vergüenza estar siempre lechoso Osorio? – le decía mientras le sacudía rápido la verga y él gemía entregado  con la cabeza hacia atrás de tanto que le tiraba del pelo - ¿No le da vergüenza estar siempre al palo como un cerdo alzado? Mire lo que tengo que hacer Osorio, sienta – y le  empujaba con violencia el cuero hacia abajo haciéndole rebotar el glande tanto que parecía que se le iba a desprender – Cerdo, pajero, asqueroso, pijicorto, con esta verga chiquita quiere complacerme ¿Eh? ¿Qué se piensa que es usted? ¿Quién carajo se cree que es para calentarme tanto? Sucio repugnante.

Después lo soltó con desprecio  con la misma expresión que se echa una zorra a la calle; luego decidida, y aunque no conocía la casa, se adentró por un pasillo tratando de encontrar el cuarto de su alumno. Subió a la cama y  se sentó en la cabecera  apoyando el culo denudo sobre la almohada con las piernas bien abiertas. El se arrimó y reptó por las sábanas dirigiendo la cara a la entrepierna para chuparla, pero ella le pateó el hombro para apartarlo. En un arrebato de ira por el dolor del golpe, él la sujetó de un tobillo y aplicó toda su fuerza para girarla y dejarla boca abajo.

Cuando Apolinar Osorio tuvo el control otra vez,  la sostuvo con las manos y apoyó sus rodillas huesudas sobre el anverso de las rodillas de ella, porque su profesora no dejaba de luchar y contonearse para zafarse, entonces le colocó el glande goteando en la puerta del ano y la penetró vigoroso sintiendo como las paredes se desgarraban y lo apretaban con fuerza, mucho más de lo que una mano, una boca o una vagina pudieran hacerlo. Disfrutó sentir el calor inigualable del recto.  Mientras entraba y salía del trasero de su profesora, y porque lo sentía muy estrecho,  se pregunto  por un segundo si era la primera vez que se lo habían abierto y si los gritos que ésta daba eran o no parte del juego  <<El culo no por favor. No. El culo no. Así no pendejo… ¡AY!>> repetía ella Cuando Imanol vio un manchón de sangre en los cachetes de su profesora, comprobó  que sí era el primero en penetrarla por detrás, así que se divirtió sacando y metiendo el pene completo una, otra, y otra vez al compás de los  alaridos que ella daba cuando se lo volvía a romper con cada embestida. Haberla desvirgado del culo le hizo sacar el sátiro que tenía escondido y siguió hasta dejarle el ojete escaldado,  como si la hubiese penetrado el mismísimo Príapo o alguna verga escamosa similar a la de ciertos seres demoníacos de la mitología.    

En una de las veces que Apolinar sacó la pija y se le resbalaba en medio con la intención de penetrarla otra vez,  ella logro salirse de abajo suyo y  rodó por la cama hasta caer al suelo; él tranquilo y sin perseguirla, se acostó boca arriba, puso sus brazos detrás de la nuca y, con una media sonrisa victoriosa, la  observó  caminar impaciente por la habitación, como en esas caminatas que se hacen para bajar las pulsaciones luego de correr una maratón. Judit estaba recuperando el aire, tal vez procesando la rotura de su culo. Respiraba furiosa, enojada, excitada. La caminata era como el intervalo que hay en las peleas de box entre un asalto y otro y acomodaba las ideas en el ir y venir.

 Él, sobrado, no dejaba de mirarla desde la cama mientras sacudía la verga bañada en sangre. Cuando pareció que Judit había recuperado el aire, volvió a mirarlo, pegó un salto sobre la cama hasta  quedar parada a los costados de su cintura pero sin pisarlo.  Descubrió así que del techo de su alumno pendía un arnés de cuero que él seguramente usaba para otros menesteres,  pero en ese caso le sirvió para sostenerse con ambas manos y poder hacer equilibro sobre el colchón que la hundía y le quitaba estabilidad. Cuando estuvo segura y firme, cubrió la verga de Osorio con el pie y se paró sobre éste esperando que se quejara del dolor;  sin embargo él  comenzó a gemir con gritos cascados. Como esto no había resultado para retribuirle una tortura similar al dolor de culo que le había hecho sentir, se bajó de su verga y le pateó los huevos con todas sus fuerzas, aunque no comprendió cómo era que él lo disfrutaba, cualquier otro hombre con menos que eso estaría en el suelo retorciéndose de dolor o quedaría estéril, pero no, Ima no. Él sentía placer con la humillación y el maltrato de sus genitales.

A Judit, el calor de la verga de su alumno  debajo de la planta del pie  le  ascendió por la pierna y se le estacionó sobre el clítoris como una cosquilla leve y sabrosa que le hacía latir la vagina por dentro. Desistió de castigarlo causándole dolor y se colocó un poco de costado para amasarle la pija con el pie como si hiciese rodar un palo de escoba de los dedos hasta el talón.  Cuanta más presión aplicaba, él más se extasiaba.  Luego volvió a pisarlo de frente y desde la base, hasta que los huevos se separaron.  Si bien él parecía disfrutar de todo esto, y se dejaba pisar, amasar y aplastar los genitales sin reparo, tardaba en acabar y a Judit ya se le estaban entumeciendo las pantorrillas.

Ninguno de los dos hizo caso al azote de la puerta de entrada, porque sabían que no había quedado bien cerrada, sin embargo, a los pocos segundos, mientra Ima seguía acostado  con su profesora parada sobre la mitad de su cuerpo,  vieron  ingresar a Emily, o mejor dicho a Lady Dick,  vestida de cuero, con la verga colgando y dormida, que le asomaba por debajo de la falda tableada y  como ésta se recostaba sobre el marco para apreciar la escena mientras revoleaba una fusta de cuero con flecos negros.

 

Lady, analizó por unos instantes el panorama, luego se arrimó con parsimonia rodeando la cama y  apoyó con delicadeza la lengua en el tobillo de su profesora para chuparle hasta el muslo el hilo de sangre que le caía desde el culo. Sin Mirar a Ima y mientras sorbía el líquido rojo que largaba Judit todavía parada sobre él, Lady  dio un latigazo  sobre los huevos de su compañero  y le ordenó  a ella que no dejara de aplastarlo.

-          Saltá Judit y reventale los huevos.

Ambas lo sometieron a pisadas y fustazos. Cuanto más aceleraban la tortura la verga de Lady Dick más se elevaba levantándole la falda y dejando a la vista dos enormes huevos rubios y pelados bien cargados de leche que provocaron el deseo irrefrenable de Osorio por volver a babearlos.  Lady Dick ignoró sus ruegos, en cambio aceleró los golpes y por cada azote que ella le daba, él largaba de la punta una gota suculenta  de preseminal  dulce.   

 Cuando los huevos y los aductores de Apolinar quedaron al rojo vivo, Judit dejó de aplastarlo, se bajó, porque estaba agotada y se recostó junto a él, entonces Lady Dick se subió al pecho de Imma, le apoyó las rodillas sobre los bíceps para que no se escapara y empezó a pegarle vergazos en la cara mientras él estiraba la lengua y movía la boca para atrapárselo.




Mientras Lady Dick le hacía desear la pija a su compañero, miraba de reojo a la profesora que abría los ojos sorprendida con el espectáculo.

-          Arrímese profe, chupe un poquito que tengo mucho para los dos.

Cuando Judit empezó a succionar  un costado del tronco, Emily metió la verga en la boca de Ima hasta tocarle la garganta. Dejó que ambos se deleitaran saboreando desesperados la inmensa chota, como si comieran a dúo el helado más grande y sabroso sobre la faz de la tierra.  La chupada colectiva excitó tanto a Lady Dick que a los pocos minutos el maravilloso mástil de carne escupió sobre sus caras ocho suculentos chorros de leche condensada. Judit e Ima recibieron felices el brebaje como si se tratase de chocolate blanco, limpiándose mutuamente  las frentes, los párpados, las puntas de las narices y saboreando golosos el jugo sagrado de sus pasiones.


By Judit Páprika


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