LADY DICK - "GARROTE" CAPÍTULO III y final (🌈 y BDSM)
Capítulo III (Y final)
GARROTE
Era
la última clase del semestre. Aponte
ingresó al aula y para su sorpresa, junto al escritorio, su profesora y
Emily hablaban entre risas que hicieron silencio apartando las miradas cuando
lo vieron pasar. Ambas se
comportaron extraño durante toda la jornada,
porque Emily no se sentó en el fondo como de costumbre y Judit explicó con
desgano cómo sería el examen final y se despidió de sus alumnos sin prestarle
atención a su estudiante predilecto. Cuando la clase concluyó ambas salieron rápido
sin saludarlo. Para él era peor la indiferencia que alguna palabra de de rechazo,
así que a la tarde tomó el teléfono y le mandó un mensaje a cada una, pero
Emily le clavó el visto y Judit ni eso. Se preguntó si las cosas entre los tres
habían concluido con el final de ciclo lectivo.
Tenía la noche libre y ningún plan por
delante, así que luego de navegar sin rumbo por internet y sin encontrar un estímulo
que lo ayudara a borrarlas de su cabeza, se durmió con el celular en el pecho y
el pene afuera del bóxer de intentar
eyacular sin éxito. <<Es peor no saber nada. Si tan solo una de las dos me hubiese hecho
algún planteo de enojo, desprecio…bueno…, igual
que Lady Dick se sentara lejos de mí,
fue un poco una señal de desprecio, creo. Y Judit…nunca se va de la
clase sin dejar salir primero a sus
alumnos. Tomó su bolso y salió apurada minutos antes que se cumpliera la hora ¡Todo
esto es demasiado extraño! ¿Se habrán enamorado entre ella y me dejaron afuera?
En fin… que les aproveche, pero es muy raro…muy, muy raro” pensó al
despertar mirando el techo.
Algo
había quedado inconcluso, por eso no las eliminó de sus contactos, sin embargo
dejó de esperarlas y desistió de revisar la pantalla día y noche cerciorándose de
que alguna estuviese en línea o le mandara algún mensaje. Después
de dos semana rutinarias en el trabajo y
ya sin tener que ir a la universidad hasta abril del otro año, decidió aceptar
la propuesta de su jefe de extender su jornada laboral para hacer algo más de
dinero, pero fundamentalmente para distraerse y dejar de pensar tanto en sus
chicas.
En uno de esos turnos su jefe le dijo que
tenía que pedirle un favor enorme y era que llevara un pedido especial; a Ima
esto le pareció raro ya que su trabajo era estar en la cocina y no haciendo
repartos, pero éste le aclaró que era para unos clientes exclusivo y que no
confiaba más en el repartidos que estaban teniendo porque pelotudeaba mucho en
el camino haciendo que la cadena de frío se cortara, según le habían
manifestado algunos clientes.
-Pero
no es mi función – le explicó Imanol
- Lo
sé y te lo pido como favor. Estas personas son orientales con un paladar
exquisito y muero si le pasa algo malo con la comida. Todo tiene que ser
perfecto. Llévate mi camioneta así no demoras tanto – y le arrojó las llaves
para que las atrapara en el aire.
Imanol
Apolinar Osorio, todavía más extrañado con su jefe que luego de haber sido
rechazados por Emily y Judit, salió con el pedido y el papel en la mano donde
decía “Condado Vanderbilt habitación 402”
<< ¿Por qué me manda a mi si en ese
hotel tan lujoso si debe haber un cheff que prepare sushi? No creo que me dejen
pasar con comida>> pensó mientras conducía. La entrada fue simple, sin peros y lo dejaron subir
con las bolsas hasta la habitación.
Golpeó la puerta y esperó, pero nadie salió a atender. Mientras esperaba las
palabras de su jefe lo asaltaron y comenzaron a ponerlo inquieto <<La cadena de frío…los
orientales…>> Volvió a golpear apenas más fuerte y tampoco atendieron
así que apoyó la oreja en la madera para
comprobar si había alguien adentro. Silencio. Cuando levantó la mano para llamar por tercera
vez dos hombres, a los que no pudo verles la cara, lo empujaron con furia contra la puerta, le
agarraron las manos y se las juntaron en la espalda con un precinto incómodo y
rígido que le cortaba las muñecas y le pusieron una bolsa de tela gruesa y
oscura en la cabeza. El pedido fue a
parar al suelo.
-Se
equivocan de persona. En serio, no sé a quién buscan pero no soy yo – alcanzó a
decir antes de recibir y correctivo en la nuca y el “Shhh” junto al oído de uno de sus secuestradores.
No lo
sacaron del hotel, sino que uno de estos hombres pasó la tarjeta por el lector
y entraron los tres a la habitación 402. Los atracadores caminaban
voluntariamente mientras que Imanol era empujado y lo hacía con torpeza
chocándose todo a su paso.
El que le sostenía las manos lo fue dirigiendo apurado hasta algún lugar
del cuarto, luego de que Imanol diera contra lo que parecía ser una mesa ratona y rebotara contra el costado de lo que supuso era el respaldo de un
sofá. Después de avanzar otros quince pasos le ordenaron que se quedara quieto,
que nada malo le iba a pasar si obedecía y mientras Imanol los escuchaba
intentó superponerse a sus voces tratando de explicarles que se estaban
equivocando de persona, pero la represalia fue peor, no solo le dieron sopapos
al costado de la cabeza sino que lo obligaron a arrodillarse sin apoyar la cola
sobre los talones. El que lo empujó de los hombros hacia abajo le cortó la
remera, el short y el bóxer y lo dejó denudo arrancándole los harapos con
violencia. Al minuto, uno tomó un cockring metálico y se lo puso sujetándole
con fuerza el pene y los huevos, con la particularidad que de uno de los anillos
pendía una cadenita de acero brillante que le pasaron entre sus piernas y se la
encajaron por la raya del culo hasta engancharla
con el precinto que sujetaba sus muñecas; o sea que toda presión o tirón de sus
genitales dependían de cuánto él moviera sus manos. A pesar de todo este sometimiento uno de los
hombres tuvo un gesto curioso, porque le pidió que se levantara un poco para
ponerle bajo las rodillas un mullido almohadón. <<¿Qué clase de cínico chupapija me sujeta las bolas y verga, me
pega, me pone una bolsa en la cabeza y luego se preocupa por mis
rodilla?>> Después se oyó la puerta abrir y cerrarse, luego silencio.
Imanol
sin saber qué hacer y con miedo a hablar, empezó a preguntar si había alguien
con él, pero nadie contestó. El silencio de la habitación era absoluto, pero no
un silencio apócrifo de esos que se suponen totales y que no lo son, porque se ignora el sonido lejano de la calle
que tenemos naturalizado como no propio y por eso no lo tomamos en cuento
dentro de un silencio particular o íntimo, sino que era genuinamente absoluto,
como si se respirara en una habitación cargada de muebles revestidos en tela y
acolchonados que absorben todo ruido posible. Lo que podríamos llamar, un
sonido amueblado, pero verdadero y sumado a esto, la bolsa que lo obligaba a oír
y oler su propia respiración.
Caviló
en soltarse y recordó que el metal era implacable <<Si fuese cuero o soga, tal vez…>> Se paró lento y algo
torcido por estar con los genitales apretados y trató a tientas dirigirse a la
puerta desandando los pasos que había dado al entrar. No le importó creer que
haría el ridículo al aparecer desnudo y amarrado en el hall del hotel si
lograba salir de la habitación, pero cuando hizo unos pocos pasos hacia su
izquierda sintió que desde atrás le lanzaron dos fuertes latigazos contra la
parte trasera de los muslos que lo
hicieron caer nuevamente a centímetros del almohadón que le amortiguaba el peso
del cuerpo sobre sus rodilla. No estaba solo. Sin que su lacerador se lo dijera volvió y se
acomodó sobre el almohadón mullido, porque comprendió también que la jornada
sería larga y que no lo dejarían escapar fácilmente.
-
¿Quién sos? – preguntó desde adentro de la
tela
-
¡Shhh! – le dijeron unos labios perfumados
cerca de la cara
-
Necesito saber ¿Quién sos? ¿Qué querés? Las
llaves que se llevaron son de la camioneta de mi jefe. No es mía…, no podría reponerla…,
por favor…
Y
recibió otro latigazo en la espalda que lo reclinó del dolor haciéndole apoyar la
frente contra el piso para sobrellevar el dolor. Cuando volvió al subir el
torso oyó que los tacos que lo habían castigado se alejaban, ponían una música
suave y volvían para colocarle un cinturón de castidad metálico sujetándole el pene contra el cuerpo y haciendo que sus
manos tuvieran menos soltura que antes.
Solapado
por el sonido del piano y el saxofón pudo escuchar el chasquido de dos bocas
besándose e intercambiando saliva. Chasquidos parecidos a los de mascar chicle,
pero acompañados con respiraciones agitadas. Ahora eran cuatro tacos que se
movían cerca de él. Los gemidos aumentaron conforme pasaban los minutos y pudo
comprobar que se trataba de dos mujeres.
-
¡Ay! El culo no ¡Por favor! – dijo una
Reconoció
la vos de Judit que luego de lanzar su ruego la oyó jadear de forma extrañan cerca
de su cara, era como si sufriera y disfrutara a la vez. Después más gritos:
-
El culo no Emily, el culo no ¡AYYY! ¡AYYY! –
repetía – Duele, que rico, duele.
Las
conjeturas lo hiperoxigenaron. El miedo reciente de ser una víctima de
secuestro mutó en adrenalina helada que se escurría por sus dedos y la espalda
baja y de a poco, la felicidad tomó paso entendiendo que todo el misterio de
todo lo que le fue pasando en las últimas semanas se debía a que sus chicas no
lo habían olvidado.
Como
la sentía gemir delante de su nariz, aunque no pudiera verla por seguir con la
cabeza tapada, el deseo le afloró rabioso y su erección fue instantánea; también el dolor, porque gracias al cinturón de castidad su pene
no podía desplegarse con soltura. A
medida que Judit aumentaba los ruegos y gemidos se fue excitando con sudor, tal
vez por la adrenalina de todo lo último que le había pasado, y su pene restringido escupió, a través del agujerito
metálico, brutas gotas espesas de preseminal, luego leche, luego pis.
El pecho le latía fuerte por la emoción de saber que todo ese tiempo de
indiferencia se debía a que ambas habían estado planeando algo especial para él, así que
desde su fuero íntimo sintió al encuentro como el inicio de una noche de bodas
ideal.
Judit
golpeaba la cara contra la suya gracias al empuje que Emily le daba entrando en
su culo. Cuando Lady Dick largó un grito desgarrado por estar llenándole el
recto de leche densa a su profesora, ésta estiró las manos para descubrir la
cabeza de Imanol y permitirle ver la disposición de la escena: Judit
arrodillada en el sofá reclinada con la
barriga sobre el respaldo y pegando la cara junto a la de él, que observaba atónito,
obediente, arrodillado detrás del sillón. Atrás de ella, Lady Dick parada sujetándola de las caderas mientras terminaba
de romperle el culo con su enorme y rosada verga. Apolinar Osorio, inexplicablemente,
volvió a erectarse con la pija aprisionada y mojada de todas las secreciones
posibles que pueden salir de una uretra caliente. La escena lo desbordó de
gozo. Sus dos mujeres retribuyéndose placer mutuamente en su honor. Un
espectáculo que habían montado para deleitarlo a él, solo a él y comprendió entonces, que la indiferencia
previa, la espera y la incertidumbre le daban
un plus al encuentro, porque él también
las había extrañado demencialmente y las necesitaba tanto como ellas a él. Se hubiese quedado amarrado por horas si una
se lo pedía, feliz de saber que todo este
plan era para complacerlo.
Cuando
Lady Dick salió lento con su pene interminable de adentro del culo de Judit, goteando leche de la misma manera que un
padrillo sale luego de llenar a una yegua. La profesora se acercó más la cara a
Imanol y lo besó diciendo:
-
¿Pensaste que te habíamos abandonado amor?
Lady retrocedió hasta otro sillón y se arrojó agotada tratando de recuperar el aire. Su verga muerta apoyada sobre el cuero de la sentadera era tres veces más grande que el pene de Apolinar erecto.
Todo era excesivo con Emily no solo el
tamaño de su miembro sino que también padecía espermatorrea, una afección que
poco la trastornaba ya que la consideraba un don que le hacía largar litros de
semen al eyacular. De mas chica, durante la adolescencia llegaba a desmayarse
porque el desgaste era intenso y se perdía gran parte de sus orgasmos gracias
al estado de semiinconsciencia que le producía largar tanta leche, pero con el
tiempo lo fue dominando comiendo mucho dulces
antes de hacerse una paja o fornicar y ahora de adulta sólo sufría leves
mareos que disipaba en segundo con un vaso de whisky.
-
Me recupero y te lo rompo el culito a vos “verguita” – dijo dirigiéndose a Ima.
Cuando
Judit se paró para ir al baño del culo no le paraba de brotar la leche que Emily
le había dejado y se encerró para ducharse. Lady Dick por su parte se dirigió a
la cocina para servirse un vaso JB bien cargado con una medida de agua helada. Ambas volvieron a ignorarlo, aunque Apolinar complacido,
desde su lugar no las dejaba de verlas
moverse desnudas por el cuarto.
Él
creyó que luego de haber eyaculado sin pajearse no tendría más leche para
darles y que en comparación con lo que largaba Lady Dick lo suyo daba
vergüenza, pero se equivocó. Emily con el vaso en la mano se arrodilló frente suyo,
le sacó el cinturón metálico y sujetó ambos penes cruzados haciendo más evidente la diferencia de tamaño.
Ella tenía la verga más gruesa y larga que Imanol había visto en su vida.
-
Sos chiquitín bebé – dijo dulce y lo besó.
Cuando
Judit salió del toilette estuvieron listas para un segundo round. Su compañera
de clase dejó de apretar ambos penes y se paró tomándolo de un brazo para
llevarlo y reclinarlo de la misma manera que lo había hecho semanas atrás en su
cocina, con la diferencia que esta vez le pidió que recostara el torso completo
sobre la mesa y separara las piernas
para verle el culo bien abierto y atravesado por la cadenita de acero. Las manos de Imanol en la espalda, los huevos
inflados de tan apretados y su pene
pendiendo libre de castidades. Emily
miraba y le pasaba la fusta provocándole cosquillas, pero luego de un rato de
caricias de cuero comenzó a azotarle las nalgas sin piedad y cuanto él más
gemía de recibir el hermoso castigo, ella con más fuerza lo flagelaba.
Judit
excitada de ver tal escena se metió por debajo de la mesa hasta capturar la
verga de su alumno con la boca y chupó golosa haciendo arcadas por empujar la
cabeza con demasiada fuerza. Lady Dick otra vez erecta por los azotes tomó su
garrote con una mano y apoyó la enorme cabeza en el ano de Apolinar, pero antes
de penetrarlo, contando solo con la lubricación que le quedaba por dejarse la
verga sucia luego de cogerse a su profesora, él le dijo:
-
Espera, preparame por favor, es que nunca me
penetraron y vos sos enorme
- ¡¡¡NO!!! – respondió ella terminante.
Cuando
terminaron, ellas le sacaron juntas los anillos, cortaron el precinto y lo tomaron de las manos para llevarlo al tocador
donde Judit había dejado listo el jacuzzi,
y así bañarse en simultáneo. Imanol Apolinar Osorio abombado por el placer
y el dolor de culo se dejó llevar. Recibió embelesado las enjabonadas y masajes
que estas le propinaron con caricias y besos.
-
Te amamos – dijo Emily antes de besarlo
-
No nos dejes – agregó Judit con más besos
- Nunca, nunca ¡Jamás! – concluyó él lamiendo la espuma de sus narices.
FIN
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