VISTAS

SEGUIDORES

LIMPIEZA GENERAL II ©





Esa mañana, a diferencia de otras mañanas, en el momento que Esteban y su mucama compartían solos algunas horas en la casa, en el que  él acostumbraba a cambiar su rol de patrón a  sirviente de su empleada, compadeciendo ambos en que él haría el trabajo de ella a cambio de atenciones íntimas, Mercedes no lo esperó en la cama de los padres como de costumbre, desnuda con el pelo suelto y los brazos extendidos sobre los cojines, sino que muda, le dejó la taza de café negro sobre la mesa y volvió a la mesada para servirse uno ella también y luego sentarse a su lado, con la particularidad de que,  para revolver el azúcar, tomó una cuchara sopera que apenas cabía en la boca del posillo y que tenía un mango enorme de plástico blanco y redondeado, casi más ancho que el dedo pulgar de Esteban.

Cuando ella sacó la cuchara del café chupó la parte metálica para que las gotas sobrantes no mancharan el mantel blanco  y mientras sorbía su desayuno, no soltaba el mango, sino que lo rascaba lento y con dedicación de punta a punta. No hacía falta que Mecha hiciera o dijera demasiado para que el cuerpo y la lívido de Esteban reaccionaran de inmediato con una rígida erección, así que él, ya excitado de verla hacer ese simple movimiento de dedos y expectante por saber qué se traía entre manos su “patrona interina” fijó la vista y las ideas en todo y cuanto ella estaba haciendo. 

Porque lo que más adoraba de su sirvienta no era la calidez de su carne, sino sus ocurrencias, ya que siempre lograba excitarlo  con algo impensado y  distinto. Mecha por su parte, miraba por la ventana, sentada junto a él, tomando el café sin alejar mucho la taza de la cara y sin detener las caricias sobre el mango blanco.

Cuando terminaron de desayunar y cruzaron unas pocas palabras,  luego de que él levantaba la mesa y ella revisara su celular,  Esteban volvió a sentarse, giró el culo sobre su silla para acercársele más y  le apoyó una mano sobre la  rodilla para abrirle las piernas y ponerla de frente; maniobra que Mercedes acató sin resistencia. Cuando ambos quedaron enfrentados él pudo divisar la entrepierna de su sirvienta con la calza gris claro encajada entre los labios, entonces tomó la cuchara de la mesa sosteniéndola de la parte metálica, la aproximó a la canaleta de carne y empezó a acariciarle el centro con el mango por sobre la tela, adivinando dónde se ubicaba el clítoris.

Con parsimonia le fregó los genitales con la punta del cubierto y en pocos minutos de la entrepierna de Mecha un lamparón de humedad y aroma irresistible atravesó la tela, entonces Esteban, subió la cuchara y chupó el mango sucio aspirando todo y cuanto en él había quedado pegado; luego volvió a metérselo. Ambos se excitaron  con la lentitud,  la despersonalización y la tensión del rose en el que no intervenía el tacto directo de las manos o la lengua,  sino el plástico duro  y la licra mojada.

Cuando mecha estaba por acabar él sacó la cuchara una vez más, la dejó sobre la mesa y se apartó para ponerse el delantal y empezar a limpiar la casa para pagar su momento con la criada, ya que ésta le había dicho en otros encuentros, que si quería sexo con ella, él tendría que hacer su  trabajo mientras que los otros patrones, o sea,  los padres de Esteban, se ausentaban en la casa. Y así hizo, de la misma manera que venía haciendo cada mañana, de lunes a viernes durante todo el último año. Esteban se puso a limpiar.

Mercedes  fastidiada porque le había interrumpido la paja, en vez de ir a la cama a esperarlo como hacía siempre, fue hasta la heladera y sacó del cajón más bajo una bolsa de vegetales que empezó a picar furiosa. Esteban se hacía el distraído y sabía el enojo que le causaba a su sirvienta el interruptus, en este caso, interruptus de cuchara. Como resultado la escuchaba desde el segundo piso golpear la cuchilla sobre la tabla de madera cortando  rodajas groseras de zanahoria que luego tiraba con desprecio dentro de la cacerola. Cuando él terminó de pasar la aspiradora por todas las habitaciones, repasar los muebles, lavar los baños y poner ropa en el lavarropas, se acercó por detrás de Mecha  para besarle el cuello, pero ella apartó la cabeza con fastidio sin dejar de hacer cortes violentos sobre la verdura, preparando lo que sería una desprolija sopa para el mediodía. Entonces Esteban estiró la mano, abrió el cajón de los cubiertos y agarró otra cuchara del mismo juego de cucharas, como  la que Mercedes había elegido para revolver el café,  le bajó lento la calza, lo necesario para descubrirle la vulva, le apartó el calzón de la parte de adelante y metió el mango para humedecerlo con el jugo que se le había acumulado en la puerta de la vagina como resultado de las caricias en el desayuno.  Luego lo subió para fregar  el clítoris con el plástico duro, que no tenía nada que envidiarle a un dildo sin pilas. La masturbaba cortito y de forma intermitente y sin hacer mucha presión hasta que ella alcanzó el orgasmo mucha más rápido de lo que ambos esperaban.

Él al  verla retorcerse parada frente a la mesada con el culo al aire, se apartó para apreciar como seguía   moviendo la pelvis con la cuchara encajada entre los labios. Lo que Mercedes buscaba era un segundo orgasmo ya que el hormigueo del primero perduraba recorriéndole los genitales y las piernas. El mango empapado con su flujo  resbalaba, iba y venía entre los labios y le proporcionaba las cosquillas justas para alcanzar el éxtasis una vez más.

 Esteban conforme de verla ensimismada  se retiró a vestirse con apuro porque no llegaba a tiempo para tomar su clase. Pensó en faltar y quedarse a penetrarla, pero contuvo la erección y supuso que al otro día podría saldar sus necesidades.

A la mañana siguiente cuando los padres de Esteban salieron a trabajar convencidos de que su hijo se preparaba para emprender su mañana yendo a la facultad,  Mecha y él volvieron a desayunar juntos  con la diferencia de que esta vez, fue él el que tomó la cuchara grande para revolver el azúcar del café y también fue él el que, luego de limpiar la mesa, tomó las verduras de la heladera, la cuchilla y se puso el delantal de cocina con las piernas peludas y el culo al aire. Entonces, fue  Mecha la que se acercó por detrás, le besó la espalda,  tomó otra cuchara de mango grueso e hizo lo suyo sobre y dentro del orificio de su “sirviente”.  


Judit Paprika


Todos los derechos reservados ©






 

Comentarios

  1. Yes. el capitulo uno se me ha hecho irresistible. bienvenido el dos para deleitarme. como es que puedes generarme cosas tan deliciosas en el cuerpo tan solo leerte y escuchar tu preciosura de voz

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

¿POR QUÉ LOS RELATOS? ©

EL MEJOR ALUMNO ©

LIMPIEZA GENERAL I ©

DIÁLOGOS EXPLÍCITOS V: LECHE X LECHE ©

DIÁLOGOS EXPLÍCITOS III: CALIENTES ©

AQUELARRE © 🌈

CONFESIÓN II: ¿LO VAS A COMER? ©

DE PERRITO ©