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¡SHHH...!

 




-¡Shhh… shhh… cortito y despacito Tebi, cortito y despacito. ¡Shhh… Shhh… ¡ – repetía ella como un mantra porque sabía que la repetición de las palabras en diminutivo a él le inflaba, le hervía  ambas cabezas y le hacía saltar la leche demasiado rápido – ¡Shhh… Shhh… no gimas tan caliente amor, así tampoco  gimo yo, porque me contagias y no quiero que tu mujer nos escuche. ¡Shhh… shhh… cortito y despacito ¡Shhh… shhh…! - Siguió ella hasta que él le tapó la boca con la mano, porque cualquier cosa que dijera Mecha siempre le gustaba mucho y no deseaba descargarse tan rápido dentro de la mucama.

-¡Shhh… shhh… – repetía ella

-¡Shhh… shhh! – respondía él

En el pasillo donde daban las puertas de los cuartos y los baños, y a escasos veinte centímetros de la entrada de la habitación matrimonial donde dormía plácidamente la esposa de Tebi, quien ignoraba por completo los encuentros nocturnos entre su esposo y la mucama recomendada por su suegra, fornicaban en la oscuridad como animales en celo Mercedes y Esteban, agachados en cuatro patas tratando de evitar el chicote de las nalgas con las caderas. <<Es de mi absoluta confianza querida Cecilia. Mecha trabaja para nosotros desde que Esteban tenía trece años y ella apenas dieciocho. Ya verás que los va a tratar de maravillas>> le había dicho la madre a la nueva esposa de su hijo. Y ciertamente, era sumamente eficiente, sobre todo con su patrón.

-¡Shhh… shhh…!- seguía ella

-¡Shhh…! – repetía él bajito y junto a su mucama.

Mecha era gritona. Esteban sabía que de un momento a otro largaría uno de sus sabrosos alaridos y aunque amaba oírla gritar llorona, porque gemía parecido a un lamento, como si se quejara del dolor que le causaba sentir a Esteban entrar profundo, adentro, bien adentro,  decidió taparle la boca para que su esposa no la oyera y porque no quería que terminaran los encuentros clandestinos que tenían por las noches en los  espacios oscuros de la casa cuando todos dormían.  Sin embargo, el riesgo de controlar los sonidos era el mismo que les alimentaba el morbo de fornicar a lo bestia y en silencio a metros de la esposa de Esteban.

Ya en otras oportunidades se habían encontraron en la habitación de la mucama, pero el sazón no era el mismo, tanto que muchas veces solo durmieron en cucharita hasta el amanecer como si fuesen un matrimonio de años. Así que una noche que Esteban la escuchó desde su cama subir chancleteando por las escaleras, saltó del lecho matrimonial y la interceptó en el pasillo para masturbarla un rato aminorando sus gemidos con besos y cuchicheos, mientras Mercedes procuraba no volcar el agua del vaso que tenía en la mano y que había bajado a buscar a la cocina. Después de esa noche no pararon de hacerlo en el pasillo estuviese quien estuviese en las habitaciones, aún cuando los suegros de él venían de visita y se quedaban a dormir.

Como Tebi no le destapaba la boca, Mecha estiró la lengua y con la punta empezó a lamerle la mano, entonces él, con la palma húmeda de saliva,  se sintió invitado de trasladarla a una de las tetas que pendía y se sacudía con el movimiento para sostenerla con firmeza y meter la otra entre los labios para masajear sin cuidado la zona G, posición que lo obligaba a encorvar la espalda como un viejo torcido y vicioso.

-¡Tebi. Te dije antes! No me tapes la boca que me cortás la respiración ¡Pelotudo! – le reclamó ella

-Entonces  no gimas tanto, porque vamos a despertar a Cecilia. Controlate Mechi ¡Por favor! Y tampoco hables que me vas a hacer acabar muy rápido. No sé qué me pasa que cogiendo no puedo oírte. Tu voz me afloja toda la lech…-

Luego él apoyó su mano en el suelo junto a la de ella y volvió a arrimarse desde arriba al costado de su cara porque lo gracioso, lo más divertido de montarla no era solamente penetrarla sino cuchichear las asquerosidades más espontáneas y animales que ella le incitaba a largar con preguntas absurdas y libidinosas, haciéndose la tonta como si  no supiera que a él le gustaba lo que ella le hacía, como si ella lo sintiera por primera vez empujándole el cérvix,  como si no tuviera el control absoluto sobre él, sobre su Tebi, su Esteban, su patrón.

 Cuando Mechi impaciente empezó a sacudirle el culo con desesperación,  porque deseaba sentirlo entrar y salir con más ímpetu que con movimientos contenidos, cortitos y pegados, se lo sacó de la vagina apartándose un poco y volvió a metérselo haciendo aplaudir sus nalgas contra el frente de las caderas; aplauso de carne que retumbó en todo el pasillo y que despertó a Cecilia.

-¿Esteban? ¿Sos vos? – dijo la esposa desde la cama



El no pudo contestar porque justo en ese momento la garganta se le había acalambrado con el gemido que tragó al acabar, mientras miraba como su simiente impactaba furiosa contra los muslos y labios de su mucama y las gotas blanca y espesas que pendían de la entrepierna caían al suelo entre las rodillas de Mechi; así que  compuso la voz como pudo y respondió:

-Si corazón. Bajé a buscar agua, en un segundo estoy con vos.

-¡Okey! – respondió ella restándole importancia y volviendo a retozar media cara contra la almohada.

Sin mover las articulaciones, que podían denotar que se levantaban de estar agachados, se quedaron quietos y mudos a esperar que la calma de la noche se restableciera y cuando él le dio una palmada en la cola para que siguieran, ella, todavía en cuatro patas, giró lento hasta quedar con el glande cerca de la boca, que limpió luego con los labios y la lengua hasta asegurarse de que ninguna gota de semen lo delatara cuando estuviera otra vez en la cama con su mujer. Mientras él se iba parando despacio, Mecha todavía en el piso, sacó del bolsillo de su déshavillé unos pañuelos de papel y se encargó también de las gotas blancas del suelo, porque era su deber que todo quedara reluciente en la casa de Esteban. En orden y reluciente.


By Judit Paprika    

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Comentarios

  1. Wow que rico delicioso hermosa linda bella preciosa Judit Papikra delicioso relato me encanta saludos preciosa linda bella excelente día saludos cordiales

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  2. Dios.. tus palabras exprimen demasiado. Me encanta como relatas todo a detalle, y ambientas muy bien el suspenso del silencio durante el acto. Solo queda decir magnífico como siempre

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  3. reinita a que hora el proximo relato que estoy que no puedo mas necesito leerlo urgentemente

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  4. ufff no había visto este, maddre del amor hermoso como me pones con tus historias Judit

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