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DIÁLOGOS EXPLÍCITOS V: LECHE X LECHE ©

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  Vení, recostate en el sofá conmigo. Yo me quedo sentada y vos apoyá tu cabeza en mis piernas. Sí, como cuando me pedís que te acaricies el pelo y después te dormís la siesta mientras yo miro la tele ; solo que esta vez no quiero que duermas, simplemente, necesito tu boca cerca de mis tetas. Descalzate y subí las piernas. No, no te saques nada, vestido es mejor. Tal vez… sí, pero solo desabrochate el cinturón. ¡Calma amor! No voy a necesitar despojarte de mucha la ropa. ¿Estás bien? ¿Estás cómodo? Me alegro. ¡Tranquilo! Dejá de mordeme, no seas ansioso.  Si el video se traba, salir del relato y volver a entrar. Me estás babeando toda la blusa y la tela es muy finita. Con la saliva se me transparentan   los pezones, mirá. Está bien. Entonces chupá la teta a través de la tela, si es lo que te gusta, pero ¡Por favor!, no te toques el pito mientras lo hacés. Eso, dejámelo a mí. Quiero que dejes las manos relajadas sobre tu barriga. ¡Qué dulce es tu lengua! Calentita, inquiet...

CONFESIÓN I: ASMA ©

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  Si el audio se traba, salir del relato y volver a entrar Me pidió que no me desvistiera del todo, que solo me bajara un poco el pantalón para que le dejara a su disposición mi culo y la delantera. Ambos recostados, yo mirando el techo y   él junto a mí lado izquierdo tomó mi calzón y empezó a tironearlo para que se me   encajara entre los labios. Rascó mi vulva partida y le dio palmaditas. Cuando se aburrió de jugar con la bombacha la hizo a un costado, me apoyó la yema del meñique sobre el clítoris, el índice y el mayor los metió lo mejor que pudo en la vagina y medio anular en el culo.  Carlos e ra paciente y se notaba que esto ya se lo había hecho antes a otras mujeres. Fregó con mesura cada una de las partes enardecidas de mi entrepierna. Me tenía agarrada como si sostuviera con determinación a una pelota de bowling y cuando le daba ansiedad tenerme tan a su merced, apretaba los dedos para sacudirme la pelvis completa; si el subía la mano, yo obediente subí...

GLORY HOLE I ©

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            Emilia se había casado con Dios, pero en el devenir de los días no sucedía nada de lo que supuso que sucedería en las nupcias pupilas, como sí ocurría entre los esposos luego del matrimonio para sosegar las necesidades de la carne. Tampoco sabía a ciencia cierta qué era eso que se hacía en esa circunstancia, sin embargo tenía una pálida idea por lo que le habían contado unas primas confusas ya casadas con meros mortales, y sobre qué órganos se usaban para perpetrar el tiempo en la intimidad. La poca información que tenía, era gracias a las clases de anatomía, que había recibido en su instrucción para llegar a ser una mujer santa. En ese entonces, usaban un manual con las partes pudendas censuradas por hojitas de postic amarillo; tarea titánica que emprendía el padre Ignacio cada vez que llegaban las cajas de libros del ministerio, para que sus pupilas no flaquearan ante las tentaciones del pecado capital contra el sexto mandamiento, que atentaba...