Entradas

VISTAS

SEGUIDORES

DIÁLOGOS EXPLÍCITOS IV: CERA CALIENTE ©

Imagen
  Si el video se traba, salir del relato y volver a entrar ¿Más abierto?, pero más no puedo separar los labios, me duele. ¡Ah! Ok, no entendía por qué me lo pedías, claro. Si, comprendo, para pelar bien la parte interna de los labios que junta muchos pelitos y crecen rápido. Despacio por favor. ¡Quema! ¡PTM! Me dolió más el tirón que la cera caliente ¡Ayyy...! ¿Otra vez? No, por favor, es que… Bueno, está bien. ¿Por qué das palmaditas apenas me arrancas la cera de la piel? Si, es cierto, me calma el dolor más rápido. Es como una caricia. Entiendo. Sí. Sé que las caricias son otra cosa, lo entiendo. Y… ¿Hace mucho trabajás de depiladora? ¡Ah! No hace tanto. Lo hace bien. No se nota que sos nueva.   De nada. Gracias a vos por calmarme el dolor con tus palmaditas sobre los labios, se siente bien, me consuela, además tus manos son suaves. Claro, si entiendo, tanta crema luego de depilar a la gente te las deja así. Y ¿hace cuanto depilas estas partes…? ¿Cómo que la primera vez? ¿Nu...

AGUA I ©

Imagen
  -           Trataba de hacer pie porque con el movimiento del mar sentía que la arena se me escurría entre los dedos   y me quitaba estabilidad. En esa vorágine del movimiento y de divisar cómo las olas se levantaban para luego golpearme la cara,   Emma no paraba de reirse a carcajadas de verme con los ojos chiquititos, los pelos pegados en la frente y escupiendo agua salada. Entonces ella aprovechaba para pegarme la espalda al pecho usando mi cuerpo de barricada,   tal vez, para no caerse de culo contra el fondo y que las olas la arrastraran hacia la orilla hasta dejarla con la bikini desencajada y los pelos revueltos.   Tolerando la impresión que me daba sentir la arena moverse debajo de mis plantas, que me causaba el mismo terror que tener dos pulpos prendidos de los tobillos, enterraba los pies con valor para no caerme y para que ella siguiera con la misma confianza de recostarse sobre mi pecho, porque al hacerl...

TANGUITA (Precuela de "Paja Laikin Landn") ©

Imagen
ATENCIÓN: querido lector, antes de empezar este relato te recomiendo leer "PAJA LAIKIN LANDN" porque "TANGUITA" es su precuela. Cada vez que cruzaba la puerta, Lucho tenía por costumbre  pedirle permiso a la mamá de Franco  pasar al baño esperando que alguna vez le indicara que fuera al del primer piso, porque el de abajo estaba ocupado, con la intención de poder revisar el canasto blanco de plástico acanalado donde la familia tiraba la ropa para lavar. La primera vez que se sintió atraído por el contenido de dicho canasto fue en una tarde de pileta durante el cumpleaños número catorce de su amigo. La madre había avisado a los invitados que  por favor no anduvieran por toda la casa con los pies y el cuerpo mojado porque iban a enchastrar el piso y si alguno quería hacer sus necesidades, que pasara por el  pipi room de la planta bajo que estaba cerca de la puerta que daba al  patio. -Está ocupado Lucho – le avisó la dueña de casa desde la cocina cuando lo oyó s...

EL VIEJO MARIO ©

Imagen
Al iniciar la adolescencia Judit había descubierto que el viejo  de enfrente de su casa, el que estaba loco de remate afectado por la Segunda Guerra Mundial y que había emigrado a la Argentina en busca de una vida más tranquila de la que le había deparado su pasado en Italia, cada inicio de la tarde salía a la vereda, se paraba junto al arbolito de la  entrada, bajaba la vista hacia su entrepierna, sacaba por la bragueta la verga flácida  y la estrangulaba de una forma extraña y poco cariñosa, seguro de que los habitantes de la cuadra no lo verían porque  pernoctaban la siesta de un espeso verano que no les dejaba hacer mucho, sino hasta después de que el sol bajase un poco.       Cuando Mario sentía que la tenía bien parada al punto tal que la cabeza le asomaba por completo dejando atrás el cuero que revestía el tronco, empezaba a sacudirse cortito y frenético mientras levantaba la vista al cielo balbuceando palabras inteligibles, tal vez hablando con...

SACAPELUSAS ©

Imagen
  Luego de que pulsara el botón de on azul claro y de que él escuchara a lo lejos el chirrido mecánico del sacapelusas que  sonaba muy parecido al vibrador que alguna vez habíamos compartido en la intimidad, como buen chusma, caminó ligero hasta la pieza para averiguar qué era lo que yo estaba haciendo. Más que por el deseo, su curiosidad era alimentada por una necesidad voraz de control y de saberlo todo, porque en su cabeza hosca y primitiva,  no concebía que yo pudiera darme placer sin su presencia.  El sexo para él era con pene sí o sí o no era sexo   <<No entiendo cómo las minas pueden quedar satisfechas sin una pija ¿No les falta un buen “zodape”?>>  o <<Porque no probaron “ésta”, sabés cómo se les quita lo de tortitas a esas>>   Eran algunas de las frases que me había dicho en la última salida a la birrería que tuvimos, mientras yo lo miraba horrorizada de descubrir ese otro costado nuevo y  desagradable de su pe...

NARANJA ©

Imagen
  Subía su puntita húmeda por el lado izquierdo y luego por el derecho intercalando las caricias a un ritmo mesurado, aprovechando, en cada cambio de lateral, a pasar la nariz bien cerca de mis pliegues; tan cerca la pasaba que hasta podía sentir cómo la rosaba sin querer, pero tal vez queriendo, por mi  centro apartándome los labios internos hacia los costados. Entendí que en ese trayecto, también aprovechaba para expectorarse aspirando fuerte todo el vapor que yo largaba   La puntita seguía por un lado y por el otro con paciencia y dedicación haciendo, con esa parsimonia, que el interruptor de mis gemidos se pusiera particularmente alerta, mucho más que al principio de las lamidas. El centro de mi parte baja deseaba,    como el resto de mis otras partes del cuerpo, recibir las mismas caricias que la lengua le propinaba a los labios.  <<Un beso lleno, bien abierto ¡Por favor!>>  pero nada. Todo lo hacía por la tangente y cuanto más me enfo...

TARRITO DE MIEL I ©

Imagen
      Cuando sus ganas aumentaban lo expresaba con la velocidad de su cadera empujándose frenético contra Mabel, la mujer inerte y muda, que se le resbalaba de las manos, porque ella no contaba con la capacidad de frenarlo o pegarse a él, como si podía hacerlo Lucio contra su espalda. Para que no se alejara tanto, la sostuvo de los codos con los dedos pegajosos por la miel, haciendo que  el plástico de los brazos se hundiera y trasladara el aire atrapado en esa zona hacia otra parte del interior de su amada.  El mismo chirrido que hacen los inflables calientes en verano, cuando se los olvida adentro de la piscina y se los sostiene con los dedos en garra para sacarlos del agua.  El  crujido sintético que emitía el cuello de ella cuando él la sostenía de la nuca con los dientes  apretados, pero con la astucia suficiente de no perforarla con los colmillos para que no se le desinflara y terminara tirada con las facciones deformes, y la fisonomía ach...