LA FILOMENA ©
Si el video se traba, salir del relato y volver a entrar Ella les había enseñado a dar placer con la boca. En una oportunidad le pidió a uno, mientras el otro observaba atento, que le juntara los labios con los dedos para cerrarle con fuerza y con ambas manos toda posibilidad de acceso al espacio cóncavo que se insinuaba jugoso en su entrepierna, y que este, al tener entre los dedos las dos tiras carnosas, peludas y adheridas, intentara por todos los medios introducir su lengua en la grieta estrecha que se extendía y cubría el clítoris. Giovanni lamió, lamió, lamió, empujó, escupió creyendo que al salivar la zona la lengua se abriría paso entre los panes mullidos de vulva, pero no era así y parecía una contradicción deliciosa verlo intentar penetrar con la lengua lo que con los dedos apretaba para que eso no ocurriera. Genésico juego de tire y afloje. Es que Filomena tenía los labios cosquilludos y esa partida de lengua inquieta qu...